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Opinión

Dios se equivoca



 

Porque en la amistad,
todos los pensamientos,
todos los deseos,
todas las expectativas,
nacen sin palabras,
y son compartidas con callado gozo.

Pablo Neruda

¿Cómo conciliar el sueño cuando los amigos lloran a uno de sus hijos? ¿Por qué no dudar de la existencia de Dios, ante la muerte de un joven que solo bienes hacía a sus semejantes? ¡Yo no me resigno! ¡Protesto! ¡No puedo aceptar la desaparición de un amigo en el esplendor de su vida! Jamás me acostumbraré a recibir el golpe artero y a poner la otra mejilla. Sería falso si dijera que todo debe aceptarse con resignación cristiana. De vez en cuando hay que hacerle llegar a Dios nuestro disentimiento.

Rechazo toda forma de complacencia solo para no mal disponerse con Dios. Todo lo contrario, quiero que se dé cuenta que no todo lo que hace es bienvenido en mi vida. ¡No! Sería una cobardía decir que me resigno. Si callo pensará que me avengo a sus designios. ¿Cómo no contradecirlo? Solo los insulsos son capaces de bajar la cabeza para no enfrentar su cólera. Oscar Alberto murió la noche de ayer, 13 de septiembre, porque ¿Dios así lo quiso? Dios también se equivoca. Su muerte, es una prueba de ello.

¿Acaso no midió el alcance de su decisión? Mascullo mi rabia. Veo a Oscar Alberto frente a mí, erguido. Sonriente. Dueño de su futuro. Mientras oraba en el templo, un rayo le partió el corazón y acabó con su vida. Entonces, ¿para qué servirle a un Dios inmisericordioso? Un Dios caprichoso que no repara en el dolor que causó a su mujer, hijas, hermanos y padres. ¡Que Oscar y Nubia me perdonen por mi desacuerdo, ante la decisión precipitada tomada por Dios! ¡No tuvo reparos en arrebatarle a su primogénito!

Oscar Alberto creció en un hogar donde se le rinde un grandísimo culto. Lo educaron bajo el signo de la tolerancia. Los afectos de sus padres están divididos. Oscar, su padre, practicante evangélico y Nubia, su madre, practicante católica. Esta disparidad le enseñó que los seres humanos pueden rendir tributo a Dios, sin que esto jamás sea objeto de discordia. ¿Para qué lo enaltecen? ¡A mí no me vengan con el cuento que Dios sabe lo que hace! ¡Si fuese cierto, Oscar Alberto estaría todavía entre nosotros!

Oscar y Nubia han mostrado a sus tres hijos —Oscar Alberto, Carlos Alberto y William Alberto— el camino de la bondad y el amor al prójimo. Predican como debe serlo. Su ejemplo ha servido para alejarlos de los vicios. Se lo arrebatan cuando su familia más lo necesitaba. Sus hijas no gozarán del amor y el cariño que a diario les profesaba. Sus amigos ya no recibiremos su aliento. Algunos me llamarán blasfemo. El dolor que parte mis entrañas, no admite la liberalidad con que Dios actúa.

Oscar y la Nubia han ratificado, en la práctica, el verdadero compromiso que uno debe guardar por sus amigos. Se prodigan y son un darse a mares. La entrega a sus hijos, es similar al cariño que dispensan a cada una de sus amistades. Amigable y querendón, Oscar está atento al discurrir de la vida de cada uno de sus amigos. El llanto y el dolor que embargan a su familia, ha sido un golpe inmerecido. Si ellos aceptan resignados la decisión tomada por Dios, ¡yo no! Dejo sentada mi protesta.