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¿Dónde está el Ejército de Nicaragua?

El general de Ejército Julio César Avilés, junto al comandante en jefe y presidente Daniel Ortega, en una foto de archivo. Confidencial | EFE

Nicaragua sigue contando muertos que ya superan más de 220 víctimas, miles de heridos, cientos de detenidos ilegales, ciudadanos torturados, desaparecidos, incendios, caos, en síntesis: terrorismo de estado. El presidente Ortega y su esposa, Rosario Murillo son quienes lideran estos actos terroristas que han violentado de forma sistemática los derechos humanos.

La delegación del gobierno en la mesa del Diálogo Nacional se ha llenado en sus intervenciones de respetar el orden constitucional, exigencia que no le cabe al gobierno por ser los principales violadores de la Constitución. A esta idea quiero asociar al Ejército de Nicaragua quien ha mostrado una falsa distancia frente a la situación que estamos viviendo desde el 18 de abril.

Recurriendo a la Constitución en su artículo 92 que literalmente cito: El Ejército de Nicaragua es la institución armada para la defensa de la soberanía, de la independencia y la integridad territorial. Pero el Ejército ha obviado que la soberanía reside en el pueblo (Arto. 2 Cn), por lo tanto, el pueblo es el soberano y no hay nada ni nadie que pueda arrebatarle el derecho de defender con morteros, barricadas y piedras a Nicaragua que es la presidiaria de la familia de El Carmen, los Ortega-Murillo.

Esta falsa distancia y aseguran que no saldrán a reprimir al pueblo que está en las calles, nadie se las cree. El Ejército es aliado del régimen de la dictadura Ortega-Murillo, principalmente el General Avilés con quien compareció uno de los pocos días que el presidente ha dado la cara al pueblo. Aquí es claro que el Ejército no está con el pueblo.

Nosotros hemos visto cómo los paramilitares se pasean por las ciudades del país con armas en sus manos, con banderas del partido de gobierno, organizados por alcaldes o secretarios políticos del FSLN. ¿En qué país vive el Ejército que no ve estos grupos armados? El Ejército de Ortega-Murillo no está en sus cuarteles, hay fotografías y videos en donde la población ha identificado a miembros del Ejército reprimiendo en las calles a la ciudadanía auto convocada. Sería demasiado cinismo que dejen sus cuarteles y en las calles estén con uniforme tirando a matar.

La población de Nicaragua exige un mayor profesionalismo de esta institución que ha demostrado en estos días la violación al artículo 93 de la Constitución que manda al Ejército a ser apartidista, apolítico, obediente y no deliberante. El General Avilés únicamente obedece la orden de El Carmen, no la exigencia de un pueblo que está en las calles pidiendo la salida del dictador. No se le olvide, General, que quien decide que si Daniel Ortega se queda en el poder, es el pueblo, no él mismo.

Por eso nos preocupa su falsa distancia y su silente complicidad al genocidio que lidera su comandante Ortega, porque de ser “profesionales” ya hubieran desarmado a esos grupos paramilitares como manda el artículo 95 de la Constitución. Al dejar a esos grupos en las calles, con posible tendencia a la delincuencia organizada a corto tiempo, ustedes no pueden llamarse Ejército de Nicaragua porque deliberaron quedar a favor del dictador y no del pueblo que les paga sus salarios y financia sus millonarios negocios.

General Julio César Avilés, me dirijo directamente a usted, escuche al verdadero soberano, que resuene hasta su oficina el anhelo de este pueblo de que ustedes cumplan con su deber y el mandato constitucional. Si ustedes se rigen en estricto apego de la Constitución Política, a la que guardará respeto y obediencia (Arto. 95 Cn), desarme los grupos paramilitares que lidera Daniel Ortega. Reencause a su Ejército con la historia, no permita que sea tragado en la garganta nicaragüense que exige justicia.

Cada día que pasa Daniel Ortega y Rosario Murillo en el poder, es un día menos de vida. Que haga eco en sus cuarteles la voz de los niños asesinados por este régimen, el llanto de las madres por sus hijos muertos y detenidos con señales de tortura. Ojalá, General Avilés que lea estos grafemas de “amargor impregnados”.ç

*El autor es estudiante de Derecho de la UPOLI.