Política

Economía, el talón de Aquiles de Ortega

Miembros de la Unidad Nacional y la Alianza Cívica proponen salida a la crisis nicaragüense, en encuentro en el Wilson Center

Cuando la dictadura de Daniel Ortega comenzó a asesinar estudiantes en abril de 2018, los empresarios nicaragüenses sostuvieron “acaloradas” discusiones debatiendo de qué lado iban a estar, y predominó la posición de quienes dijeron “que íbamos a estar al lado del pueblo”, dijo el presidente de AmCham, Mario Arana, durante un foro en Washington organizado por el Wilson Center para analizar la crisis que vive Nicaragua.

“Predominó la noción de que íbamos a estar al lado del pueblo y así ha sido y, por supuesto, (al sector privado) le achacan muchos pecados, algunos justificados, otros exagerados a lo mejor, pero la verdad es que sí hubo un modelo, digamos de convivencia si se quiere (con el Gobierno), y a veces ese es el tipo de modelo que involucra corrupción, porque cuando se trata con poderes de facto eso es lo que termina sucediendo, difícil que pueda ser de otra forma”, reconoció Arana en el foro denominado “La lucha por la paz, en medio de la represión”.

En el foro participaron, como ponentes las líderes de la Unidad Nacional Azul y Blanco, Haydée Castillo y Violeta Granera, y los miembros de la Alianza Cívica, Juan Sebastián Chamorro y Mario Arana. Todos miembros de la delegación azul y blanco que esta semana participó en una gira por Washington, cabildeando con la comunidad internacional, entre otros temas, para demandar sanciones específicas para presionar a la dictadura a que deje de reprimir y regrese al diálogo para consensuar las reformas electorales y adelantar las elecciones.

El peso de los primeros muertos

Arana dijo que, a partir de abril de 2018, “cuando comenzaron a verse los primeros muertos, Nicaragua fue otra, y la población se levantó, se unió (a las protestas) y se produjo una explosión social”.

El presidente de AmCham expresó que, cuando “el Gobierno sandinista ganó las elecciones (en 2006), el sector privado no se sintió feliz ni confortable. Se desataron dos narrativas: primero se culpó a los políticos por haberse dividido y otra (narrativa, dijo) ‘bueno, hay que sobrevivir’. Otro grupo fue más incisivo que eso y comenzó a preocuparse, por lo que significaba este régimen que tenía un modelo que ya conocemos: utilizar la institucionalidad para destruir la democracia y perpetrarse en el poder indefinidamente”.

Arana, expresidente del Banco Central, aseveró que Ortega obtuvo estabilidad de la bonanza económica y los petrodólares venezolanos, pero cuando le tocó tomar decisiones en la escasez “probaron ser los más ineptos del mundo y embebidos en su arrogancia pensaron que podían pasar encima de los nicaragüenses (con las reformas al INSS que desataron las primeras protestas)”.

La ganancia de los dos diálogos

Chamorro destacó que, en el primer diálogo de 2018, uno de los grandes logros de la Alianza Cívica fue impulsar la creación del Mecanismo Especial de Seguimiento para Nicaragua (Meseni), el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), adscritos a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y el ingreso al país de la Oficina del Alto Comisionado de la Organización de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

El ingreso de las tres organizaciones fue vital, según Chamorro, para que se pudiera demostrar ante el mundo, todas las violaciones a los derechos humanos que perpetuó la dictadura en 2018 y sigue infringiendo en 2019.

En el segundo diálogo logramos la “liberación de los presos políticos, aunque sea parcialmente”, dijo Chamorro, que también resaltó el acuerdo firmado con el Gobierno el 29 de marzo de 2019 para que la dictadura restituyera las libertades públicas, que finalmente se ha negado a cumplir.

Los puntos más débiles de la dictadura

La moderadora del foro, Cynthia J. Arnson, directora del Programa para América Latina del Wilson Center, preguntó a los panelistas nicaragüenses, cuáles eran las debilidades del régimen de Ortega que lo llevarían a negociar un proceso electoral. Arana respondió que el económico.

Según Arana, la oposición se ha planteado una estrategia a tres niveles para presionar a la dictadura: La lucha cívica, que los lleve a un desgaste, la presión internacional y el factor económico, que tiene un peso enorme.

“El Gobierno tiene un problema fiscal que es insostenible, que no puede financiar, que no está teniendo la capacidad de conseguir recursos externos e internos para seguir financiado el gasto. Creemos que eso es uno de los elementos para meter presión”, precisó Arana.

Castillo opinó una debilidad del Gobierno es sobre qué se ha sostenido. “Se han sostenido a través del mal uso de la política social. Ha sido más bien una política social que ha multiplicado a los pobres”, dijo.

“Nunca es sustentable un poder cuando se basa en la humillación y la compra de conciencia, esto es un asunto de tiempo (para que la dictadura caiga) solo que no sabemos cuáles son los costos que vamos a pagar por ese tiempo que falta”, expresó Castillo.

Granera agregó que tantos policías en las calles es un síntoma de debilidad de Ortega. Él “camina sobre arenas movedizas, y esos pasos que da nos duelen, pero en cada paso que da, se hunde más”, expuso.

Chamorro también es de la opinión que el tema económico es una de las grandes debilidades de la dictadura. Precisó que la dictadura tiene un déficit de 300 millones de dólares y que seguirá despidiendo a los trabajadores del Estado.

El exdirector del Funides expresó que, otra de las debilidades de la dictadura, es que el pueblo sabe quién fue el que disparó y mató, además de estar solo a nivel internacional.

Hay que aplicar sanciones

Arnson también preguntó qué se puede hacer desde la comunidad internacional, Chamorro, categórico, afirmó que había que aplicar sanciones.

“Hay violación de derechos humanos todos los días, asesinatos, ejecuciones extrajudiciales, vivimos en un estado de terror… ante esta situación gravísima la comunidad internacional tiene que hacer algo, los comunicados ayudan… pero hay que aplicar sanciones”, sugirió Chamorro.

Chamorro recordó que, durante el segundo diálogo, uno de los temas que más preocupaba a los negociadores de la dictadura era el de las sanciones. “Pasaron tres semanas pidiendo que hiciéramos un llamado a la comunidad internacional a que no se aplicaran sanciones”, recordó.

Hay que cambiar todo de raíz

Castillo, líder de Las Segovias en el exilio, hilvanó la tesis de que la rebelión de abril es una oportunidad para hacer cambios profundos en la política nicaragüense.

“No se vale que la economía, el reparto de la riqueza, la seguridad, esté en manos de las cúpulas y a nosotros solo nos quede el tener que pegar los gritos de auxilio ante tanto desamparo… Si no cambiamos esta situación vamos a tener miles de abriles como los que pasó en Nicaragua”, dijo Castillo.

“En Nicaragua hubo una rebelión que comenzó en abril, haciendo honor al preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas que dice que cuando no se defienden los derechos, cuando no hay un marco jurídico protector (en el Estado), los pueblos tenemos derecho a la rebelión”, destacó.

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