Nación

Ejecuciones selectivas en el norte: “Persecución a muerte”

“No nos persiguen para meternos presos sino para matarnos”, denuncia José Enoc Montenegro Centeno, clandestino por la persecución que sufre

Tres integrantes de la familia Montenegro Centeno, del norte de Nicaragua, han sido ejecutados de forma violenta en menos de ocho meses. Primero fue Oliver, un caficultor asesinado el 23 de enero de 2019 por un nutrido “grupo de paramilitares y policías” en su finca ubicada en El Cuá, Jinotega. El cadáver del campesino expresó la atrocidad del crimen: su rostro desfigurado a plomo, uno de sus brazos fracturados por una bala de AK-47, un corte limpio en la línea media del abdomen, y los sesos esparcidos sobre el pasto.

Hay un testigo del crimen de Oliver, un primo y trabajador de la hacienda cafetalera. La familia Montenegro Centeno resguarda la identidad de ese joven por seguridad. La denuncia indica que esa tarde del 23 de enero, Oliver montó su mula y se dirigió a recoger los granos de café recolectados durante la faena del día. Pero pocos metros de empezar la cabalgata, fue emboscado por el grupo conjunto de policías y paramilitares. El primo y testigo había salido minutos antes que Oliver y presenció la ejecución entre un matorral a unos 50 metros de distancia.

Todavía angustiada por la ejecución de Oliver, la familia Montenegro Centeno volvió a recibir otra noticia fatal: Edgar y su hijo adoptivo Jalmar Zeledón fueron emboscados y ejecutados en el municipio hondureño de Trojes, fronterizo con Nicaragua este 27 de junio.

Señalado por la Policía

Edgar Montenegro Centeno es conocido bajo el seudónimo “Cabezón”. Fue comandante de la guerrilla de la Contra, y durante la crisis sociopolítica se convirtió en uno de los líderes del tranque montado en el empalme de ‘La Marañosa’. La policía del régimen acusó en septiembre de 2018 a Edgar como “terrorista” y “golpista”, pero además lo responsabilizó de un asesinato.

El comunicado policial número 111-2018 afirma que: “Un grupo de terroristas golpistas que se dedicaban a cometer crímenes en el tranque de Wiwilí, encabezado por el terrorista Edgar Montenegro Centeno, alias El Cabezón, asesinó con armas de fuego y armas blancas al trabajador y policía voluntario Héctor Moreno Centeno, de 30 años de edad”.

La persecución contra Edgar Montenegro Centeno se intensificó desde ese comunicado policial, y por esa razón tuvo que exiliarse en Honduras. Edgar le recomendó a su hermano huir de Jinotega, pero Oliver se negó. Se quedó en su finca de El Cuá para recoger la cosecha cafetalera, donde fue emboscado y asesinado en enero.

José Enoc Martínez, hermano de los ejecutados, denunció que el hostigamiento se amplió para toda la familia. Los Montenegro Centeno son originarios del Cerro Kilambé, uno de los escenarios en los ochenta de la guerrilla de la Contra y actual bastión opositor anti sandinista. Esta familia de productores afirma que siempre ha sido “abiertamente opositora”, y por eso decidieron sumarse a la rebelión cívica en abril de 2018.

“La persecución a toda mi familia se da a raíz de los hechos de protestas del año pasado en los municipios de Wiwilí, Pantasma, El Cuá, e incluso en la cabecera departamental de Jinotega, adonde nos involucramos en las actividades de protestas”, dijo en el programa Esta Noche José Enoc Montenegro Centeno, actualmente clandestino en Nicaragua. “A partir de allí se desató una persecución contra todos y es un hecho que no nos explicamos, porque actuamos de manera cívica en esas protestas. Se nos ha criminalizado y tachado como delincuentes, roba ganado, etcetera, en nuestras comunidades. Eso ha derivado en la muerte de tres miembros de mi familia en este año”.

José Enoc criticó que en ninguno de los tres asesinatos de su familia las autoridades han iniciado procesos de investigación, o levantado la denuncia policial de rigor. Él sostiene que tras esas ejecuciones hay una clara intencionalidad política.

“A pesar que hemos hecho la denuncia en organismos de derechos humanos, no tenemos ninguna protección. Ni siquiera a Edgar le valió haberse refugiado en Honduras. Estamos en indefensión”, dijo José Enoc. “Que esta denuncia sirva para levar la voz de lo que pasa en mi familia en especifico y con  un gran numero de campesinos de la zona norte que estamos en esta misma situación. Decenas de familias que nos ha tocado abandonar nuestro hogares, nuestros medios de trabajo para poder proteger nuestra vida”.

Crímenes transfronterizos  

En los últimos meses, organismos de derechos humanos han denunciado el aumento de “ejecuciones selectivas” en la zona norte del país, incluso en los municipios hondureños fronterizos con Nicaragua. Cruzar el limítrofe Rio Coco para los exguerrillera de la Contra que huyen de la violencia política del régimen Ortega-Murillo es fácil, dada cercanía y porque conocen a la perfección la zona. La Contra utilizó esa zona en las ochenta como base de entrenamiento y pertrechamiento.

El asesinato de Edgar Montenegro Centeno en circunstancias violentos no es aislado en el municipio hondureño de Trojes, El Paraíso. Menos de un mes después del crimen del padre y el hijo adoptivo, este 13 de julio, allí mismo fue asesinado otro ex contra que se había exiliado con ‘Cabezón’. Se trata de Francisco Sobalvarro, originario del departamento de Jinotega.

Para Juan Carlos Arce, abogado y defensor de derechos humanos, los asesinatos violentos en la zona hondureña alertan sobre “la organización transfronteriza” de los paramilitares asociados al gobierno sandinista.

La experta en seguridad, Elvira Cuadra, destacó que desde el último trimestre de 2018 es posible observar un incremento de asesinatos en las zonas rurales del país. “Una buena parte de ellos tienen como víctimas a líderes sociales y políticos vinculados con el movimiento cívico o partidos políticos de oposición”, dijo Cuadra.

José Enoc Montenegro Centeno segura rotundo que en “el campo la persecución ha sido a muerte”. “No nos persiguen para meternos presos sino para matarnos. En el campo ha sido brutal y permanente. Al extremo que nuestras fincas, que son nuestros medios de producción, han estado constantemente tomada por miembros de la policía y paramilitares. El asedio para el campesinado en la zona norte es brutal y sin precedentes. Eso pone en peligro, aparte de nuestras vidas, nuestros propios medios de subsistencia”, dijo el hermano de las víctimas.

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