Economía

Un camino difícil, pero prometedor

El ABC de los emprendedores

El ejemplo de Ecovida, Productos del Campo, Welly All Natural, la Ruta del Cacao y Centro del Líder



Iniciar un emprendimiento en Nicaragua sigue siendo difícil. Muy difícil.

“El mundo del emprendedurismo es complicado. El mundo del emprendedurismo en Nicaragua, es muy complicado. Exponencialmente complicado”, asegura Jose Bolaños, director y fundador del Centro del Líder.

Lo dice en su doble rol de transformador de líderes, y emprendedor a la vez, siendo que “el Centro del Líder es la evolución de mi práctica como ‘coach’ y como facilitador, y mi compromiso con hacer algo afuera de mí, algo que se sostenga solo”.

Todos los que han tomado ese camino reconocen que son más los obstáculos que los atajos para llevar la empresa a feliz término, comenzando por las propias familias, que son las primeras que se encargan de tratar de convencer al visionario para que busque otra cosa qué hacer.

“Las primeras dificultades las encontrás, como todo emprendimiento, en el núcleo familiar. Ellos son los que te dicen los primeros ‘no’. Por ahí empezás, especialmente cuando ya has tenido otro negocio –o algún otro fracaso– que siempre sale a relucir”, recuerda Sergio Aburto, fundador de Productos del Campo.

Su esposa fue una de las primeras personas que le recordaba los fracasos previos, “pero al final, es uno el que se tiene que demostrar que sí se puede, y si al final no se pudo, sabés por qué no se pudo, y esa es parte de las experiencias que uno tiene que aprender en el mundo del emprendimiento”, reflexionó.

Con dinero y sin dinero…

La disponibilidad de recursos financieros también limita la posibilidad de desarrollar un negocio, tal como ocurrió a Yasser Wells y Joshua Hodgson, copropietarios de Welly All Natural, que trae aceite de coco desde lejanas comunidades ubicadas en el litoral Caribe del país, y las distribuye en el Pacífico.

Conscientes de que sus ahorros como empleados de un ‘call center’ eran insuficientes para comenzar su emprendimiento, los jóvenes buscaron inversionistas que aportaran capital y los consiguieron, pero al poco tiempo tuvieron que devolverles su dinero, porque la impaciencia pudo más: ambos pidieron retirarse, porque las ganancias tardaban en llegar.

El financiamiento, “que es difícil y súper complicado para la pequeña, la micro y la mediana empresa”, también limitó en sus orígenes a Ecovida, empresa que propone el consumo de alimentos naturales y saludables para vivir mejor.

“Hemos podido sobrellevar la empresa con recursos propios y de programas en los que hemos participado: de instituciones nacionales, de instituciones de Gobierno, de cámaras y gremios empresariales, y también de embajadas”, detalla Mónica Porras, fundadora de Ecovida, que el año pasado pudo presentar su marca en un congreso en India.

Además del dinero, los emprendedores se encontraron con otros escollos que resolver.

Aburto, de Productos del Campo, refiere que una de las dificultades más grandes que tienen los emprendedores al empezar un negocio, es la falta de conocimientos contables, porque no saben cómo van a estructurar sus costos, sus ventas, ni las cuentas.

En su experiencia, solo sucede que “se te ocurre un negocio y ¡listo!”. Vienen instituciones bien intencionadas a ayudar a pensar en el mercadeo, cómo publicitarse, cómo mejorar el producto, pero no les enseñan a sacarle provecho económico al proyecto. “Yo siento que es donde deberíamos de empezar”, sentencia.

Un emprendedor formando líderes

Difícil o no, lo cierto es que siempre habrá gente como Jose Bolaños, fundador del Centro del Líder, capaz de imponerse a las dificultades y lograr sus propósitos. Prueba de ello es que logró fundar un instituto de liderazgo que posee “su propia metodología, programas y servicios”, para lograr, por ejemplo, que un jefe o un gerente, pueda transformarse en líder.

“Centro del Líder trabaja a nivel individual. Tengo un portafolio de clientes uno a uno, pero también trabajamos a nivel grupal y a nivel organizacional. Puedo trabajar uno a uno con el gerente de la empresa, pero puedo trabajar con su equipo, y también podemos hacer transformaciones totales en organizaciones”, explica Bolaños.

“Todo empieza, todo nace y todo muere con el líder. Por eso, en Centro del Líder, el enfoque es con los líderes, con el liderazgo. Si querés transformar una organización, transforma al líder, la forma en que él ve las cosas, la manera en que piensa, y transformas toda la empresa. El líder es la palanca para impactar a la mayor cantidad de gente posible”, añade.

Eso le ha permitido trabajar con empresas como “Casa McGregor, que ha sido como nuestro laboratorio principal”, pero también con Café Las Flores, Sinsa, KPMG, Cisa Agro, CIM, entre otras.

Frutas y verduras en línea
Trabajadores de Productos del Campo preparan un envío. Carlos Herrera | CONFIDENCIAL.

Sin saberlo, sin quererlo, Sergio Aburto fundó Productos del Campo hace poco más de dos años, cuando un amigo le pidió que le llevara un encargo de frutas y verduras, a lo que Aburto se negó, porque su giro de negocios era otro.

Al final, accedió, que para eso son los amigos. ¡Solo era un favor!, pero luego, la mamá del amigo le pidió el mismo favor, y en poco tiempo se vio entregando productos frescos ante decenas de clientes (son 600 en la actualidad), además de atender a varios clientes institucionales, que era el giro inicial de ese negocio.

“Productos del Campo básicamente es un delivery de frutas y vegetales hasta la puerta de tu casa. Nacimos hace poco más de dos años. Como todos los emprendimientos es un poco duro, difícil al inicio, pero con el tiempo llegás a ver sus frutos”, narra Aburto.

Después de un periodo de pruebas, logró adaptar una aplicación móvil (disponible en Google Play y Apple Store), que se llama Productos del Campo, para seleccionar y pedir los alimentos que desea, que la empresa le lleva al día siguiente. También se puede hacer la orden desde el sitio web de la empresa, que sí está habilitado para pagar en línea.

Desde el Caribe… con aceite
Yasser Wells, copropietario de Welley All Natural, comercializadora de aceite de coco. Carlos Herrera | CONFIDENCIAL.

Yasser Wells y Joshua Hodgson pasaron de ser dos jóvenes costeños desempleados que buscaban cómo sobrevivir y establecerse en Managua, a operar un negocio en el que trabajan nueve personas de ambas costas del país.

“Nuestra empresa se llama Welly All Natural, y nos dedicamos a procesar aceite de coco aquí en Managua y a distribuirlo. Somos un punto de distribución. Nos enfocamos más en la distribución que a venderlo por unidad, a un precio súper económico”, reveló Wells.

El aceite se acopia y procesa en Laguna de Perlas, y en Rocky Point; lo mandan a Bluefields, desde donde lo reenvían a Managua para refinarlo, embotellarlo y negociarlo.

El producto se vende en cuatro distribuidoras del mercado Oriental, en farmacias y pequeñas tiendas que venden productos orgánicos, y esperan poder colocarlo en los estantes de alguna cadena de supermercados, además de exportarlo al extranjero.

Citando “una información de la Universidad de Harvard”, Wells asegura que “el aceite de coco tiene 333 beneficios para el ser humano”, remarcando que puede usarse por razones gastronómicas, de belleza, o tratamientos para la salud.

Comida sana para vivir más
Mónica Porras, fundadora de Ecovida. Carlos Herrera | CONFIDENCIAL.

La misión (y el negocio) de Ecovida, es promover estilos de vida saludable. Que la gente entienda la importancia de alimentarse bien, y desmitificar que los alimentos sanos tienen que ser necesariamente poco apetecibles.

“Ecovida… es armonía con el medio ambiente, con la tierra, y a través de nuestra alimentación, lograr un nivel y una calidad de vida mayor”, repite como un mantra, Mónica Porras, fundadora de esta pequeña empresa familiar que cultiva diez manzanas de flor de Jamaica, cuyos pétalos deshidrata para convertirla en materia prima para hacer té, o procesa para producir mermelada.

A futuro, proyectan “sacarle mayor provecho a la materia prima, con subproductos, y abrir el portafolio hacia otros cultivos que no son tradicionales, y que son bien apetecidos por los chefs que trabajan en la industria hotelera, aquí en Nicaragua”, confiesa Porras.

La emprendedora sabe que lucha contra la barrera cultural que equipara ‘buen sabor’ con comida frita o bien condimentada; contra la idea que es mejor beber un refresco embotellado, que un té natural (frio o caliente, porque hay que invertir tiempo en prepararlo); contra aquellos que no distinguen entre jalea y mermelada… pero no se rinde.