Opinión

El conflicto por la tierra en la Costa Caribe

El conflicto por la tierra puede ser una oportunidad para que los costeños nos preguntemos sobre el tipo de autonomía que queremos



“No queremos derramar sangre en las tierras Miskitas…”
joven de la comunidad indígena de Wisconsin

“El pueblo Miskitu es un pueblo que nunca fue colonizado,” con estas palabras inició la intervención de un anciano en Alamikanbang, invitado para discutir los resultados de un estudio sobre la memoria social de las organizaciones indígenas de la Costa Caribe. Seguidamente, el anciano enumeró una serie de eventos históricos que tuvieron y siguen teniendo centralidad para las comunidades de la región Caribeña: la defensa de la tierra, el vinculo orgánico entre las familias Miskitu y su sentido de dignidad como pueblo que ama la paz, pero cuya identidad se ha definido históricamente por permanecer alerta ante las amenazas contra Yapti Tasba, la tierra madre, el territorio. Desde la anexión de la Reserva de la Mosquitia en 1894, el Estado Nicaragüense ispail (español, en Miskitu), por acción u omisión ha sido usualmente el instigador de esos ataques.

Aunque la tierra comunal indígena es “inalienable, inembargable e imprescriptible” y protegida en la Constitución Política del país, hoy día la colonización de facto de buena parte de esa tierra es inminente y real. Implica indirectamente a las instituciones del Estado, y se expresa por la progresiva y constante inmigración de familias campesinas mestizas provenientes del Centro, Pacífico y Occidente del país que se ha asentado en los territorios indígenas de la Costa. Una gran parte de estos nuevos asentamientos y ocupaciones son ilegales, es decir, las tierras indígenas han sido tomadas como si fuesen “tierras baldías” o “nacionales” por individuos y familias no-indígenas frecuentemente con el aval de autoridades municipales y líderes políticos locales; otros asentamientos están formados por antiguos residentes que tienen alguna forma de acuerdo con las comunidades y cohabitan de hecho en forma pacífica. El 12 por ciento de la población Nicaragüense reside en la Costa Caribe, y la población mestiza constituye hoy día el 75 porciento de la población regional. Es decir, la población indígena y afro-descendiente costeña es minoría en territorios que hace 20 años eran absolutas mayorías.

No es toda la región costeña del Caribe la que se encuentra bajo tensión por la tenencia de la tierra, pero cada uno de los 23 territorios titulados desde el 2006 (el 31 porciento del país) tiene aún el desafío central de realizar “el saneamiento” del área demarcada. El saneamiento va a definir las reglas del juego para aquellos “terceros” que ocupan legal o ilegalmente la tierra indígena. La Ley establece que los títulos emitidos a favor de “terceros” antes de 1987 tienen validez legal. Pero la ley no detuvo las ocupaciones de hecho, que se profundizaron tenazmente a partir de 1990 al finalizar la guerra, con el apoyo implícito o directo del Estado nicaragüense. Ante esto, algunos territorios como Awastingni, Wangki Twi-Tasba Raya, Rama-Kriol, Tawira y Amasau han avanzado en ir construyendo “normas de gobernanza” para articular mejor sus relaciones con viejos y nuevos ocupantes a través del diálogo y la negociación, así lo han documentado diversas organizaciones no gubernamentales costeñas. Sin embargo, estos esfuerzos han sido persistentemente relegados por las autoridades regionales u opacados por el creciente conflicto por la tierra.

El riesgo real es que los conflictos por la tierra indígena escalen a una proporción inimaginable. Las condiciones para tal escenario están presentes: algunas de estas familias campesinas mestizas están armadas y decididas a defender las tierras ocupadas. Están igualmente armados algunos de los territorios indígenas que van a defender sus títulos y están determinados a expulsar a quienes ocupen las tierras que les pertenece legalmente. La percepción del ispail o mestizo como “invasor” y la memoria social anti-colonial Miskitu, igualmente articulan una dimensión soberanista que sustenta la movilización por la tierra. Es decir, el conflicto por la tenencia puede escalar sin control y rápidamente adquirir una dimensión de rivalidad étnico-racial que enfrentaría a mestizos colonos y pueblos indígenas y afrodescendientes, o animosidad entre las mismas comunidades indígenas. Es necesario enfatizar que esta dimensión no es inventada, sino que subyace a los conflictos por la tierra en la historia de la Costa Caribe.

La pregunta clave es: ¿qué hacer para evitar el escalamiento? No es útil restar importancia a las tensiones, como había sido hasta ahora la respuesta de las autoridades judiciales, gobiernos regionales, el Ejército y la Policía. Lo primero será reconocer la dimensión de la crisis y darle la prioridad política que merece. Este ha sido el contenido de los frecuentes comunicados del Consejo Pastoral de Región Caribe Norte, llamando al diálogo, la acción negociadora y la solidaridad. Una política de “cohabitación” uniforme y universalista que acomode a los nuevos residentes colonos (y se oponga en principio, por ejemplo, a algunas medidas de reasentamiento) tampoco sería un enfoque realista: sería percibida como una solución anticipada, no consultada e inapropiada a las muy diversas situaciones que existen respecto a la propiedad en los territorios indígenas y afro-descendientes. Por ejemplo, algunas ocupaciones son abiertamente ilegales, furtivas e instigadas por traficantes de tierras, en ocasiones coludidos con autoridades indígenas; otras son asentamientos espontáneos de familias campesinas pobres que ven en las tierras de la Costa un último recurso en sus estrategias de sobrevivencia. También existen ocupaciones legítimas, autorizadas por las comunidades y territorios indígenas. Intentar lidiar con un recetario la complejidad y diversidad de estas distintas circunstancias de la tenencia, no va a contribuir a resolver el problema sino a parcharlo. El Presidente Ortega recientemente reconoció la trascendencia de la crisis, ordenó la acción de las instituciones del Estado, y ofreció el “acompañamiento” para que las comunidades indígenas “recuperen sus propiedades.” Los gobiernos regionales no necesitaban esperar la señal del Presidente para actuar como partes mediadoras en una competencia que les faculta la Ley de Autonomía.

Lo segundo, será avanzar las acciones del proceso saneamiento definido en la Ley de Demarcación (Ley 445), priorizando aquellos territorios con mayor conflictividad social potencial o actual – por ejemplo, Tasba Raya, el centro en las últimas semanas de agresiones, asesinatos y desplazamientos forzados. El Consejo Pastoral reportó que desde el 27 de Agosto 107 mujeres adultas y 521 niños y niñas provenientes de las comunidades del territorio Wangki Twi-Tasba Raya están desplazados en la ciudad de Bilwi.

Tercero, asegurar el liderazgo de los Gobiernos Regionales Autónomos y la Comisión Nacional de Demarcación y Titulación (CONADETI) en todos los aspectos del proceso de saneamiento. Ambas instituciones celebraron – y con justa razón – la entrega de los títulos a los territorios, ahora es tiempo de asegurar el efectivo cumplimiento al ejercicio del dominio de esa propiedad por parte de los pueblos indígenas y afro-descendientes. Esta estrategia también implica fortalecer a las autoridades comunales en su capacidad para gobernar sus territorios y los recursos naturales que en ellos se encuentran. Las autoridades regionales no solo están obligadas a actuar sino a hacerlo de manera expedita y transparente como una forma concreta de ejercer autonomía.

Finalmente, el conflicto por la tierra puede ser una oportunidad para que los costeños nos preguntemos sobre el tipo de autonomía que queremos. ¿Será un acuerdo a medias que reanime las tensiones y divisiones del pasado, segregando territorios indígenas y municipios y eclipsando el ejercicio efectivo de la autodeterminación y su capacidad para actuar colectivamente? ¿O será en cambio, un nuevo modelo de organización política y social que promueva la solidaridad y armonía entre los costeños, y entre éstos y el resto de la sociedad Nicaragüense? Si se trata de la segunda opción, como fue el deseo expresado por el anciano de Alamikanbang, será necesario que la política de cohabitación entre campesinos mestizos pobres, viejos y nuevos residentes y las comunidades indígenas y afro-descendientes de la Costa Caribe tenga un efecto tangible y justo; es decir que se oriente a un diálogo suficientemente inclusivo que pacifique el conflicto, pero que además se base en principios de equidad y respetando los derechos históricos de los pueblos indígenas y afro-descendientes a sus territorios ancestrales.
No atender las tensiones actuales conlleva el riesgo de hacer del conflicto, las agresiones violentas y la animadversión étnico-raciales un modus vivendi en la vida cotidiana de las regiones costeñas, y más grave aún, un mal precedente para re-imaginar el régimen autonómico. La posibilidad de desandar lo construido con gran esfuerzo en forma de relaciones interculturales y convivencia multiétnica, puede desaparecer de súbito por una combinación nefasta entre el incremento de las agresiones entre colonos e indígenas, la indolencia de los gobiernos regionales y la complicidad del gobierno central. Es hora de actuar.


10 Comentarios


  1. Hola Miguel. Siendo que tus artículos tienen una connotación de perpetua vigencia, dado a siglos de abandono de la región caribeña por los gobiernos de turno, me permito a dar mi humilde opinión.

    El escalamiento de la violencia por el conflicto de la tierra, lo miro como una estrategia, minuciosamente planificada. Existen muchísimas situaciones que permiten ponderar esta posibilidad. La autonomía se da en un contexto de presión internacional y como dices en alguno de tus artículos, para exhibirse el Estado como un abanderado de la causa indígena (pafraseándote). En su Programa Histórico, el FSLN no contempla absolutamente nada sobre la autonomía del Caribe de Nicaragua. El tráfico de la tierra no se está dando solamente en el caribe, sino también en todo el territorio nacional. Por ejemplo, en Rivas, se han expulsado a inversionista extranjeros, cuando estos son los dueños de tierras estratégicas para el turismo. el Huracán Félix, fue una preciosa oportunidad, para que ALBA FORESTAL, se hiciera de los árboles caídos de la Reserva BOSAWAS, pero gusto mucho la calidad de estos árboles, que ahora explotan grandes territorios vírgenes, para suplir la demanda internacional y de ahí que lo de la invasión de los colonos troyanos, sea el ardid para expandir la explotación del recurso forestal.
    Encima de ello, tenemos que alrededor del 12% de la población, teóricamente es la dueña del 50% del territorio nacional. Para estos colonos ambiciosos que nunca aparecen en la escena, esto resulta inconcebible. Lo mismo que se ha hecho con los inversionistas extranjeros, expulsarlos del territorio para quedarse con sus tierras, se está haciendo con los nativos, que ante la crisis sangrienta migran hacia Honduras. Es una guerra de baja intensidad, de poner en angustia, temor y sangre a la población, que no solo se expresa en el silencio estatal, que no es cómplice, sino el impulsor de este plan de desmantelamiento; se expresa además en la tolerancia judicial respecto a los asesinos intelectuales del esposo de la Dra. Acosta. Algunas vez te has preguntado, quién pudiera estar detrás de Peter Tsoko. La forma en que fue “desaforado” Rivera, es otro tanto, de un mismo propósito.

    De suerte, que estamos en presencia de una crisis moderada, que irá aumentando, en tanto lo requieran los nuevos conquistadores.
    saludos.

  2. Otra fruto del oportunismo político y el tecnicismo legal; otra toscamente amparada en la legalidad, pero ambas cerradas al entendimiento. se trata de la concepción feudal que caracteriza a tantos del F$LN que gobiernan regiones costeñas pobres como si se tratara de propiedades que les pertenecen. Desempeñan un doble papel de militante y funcionario durante el conflictos. ¿La lección maloliente de la podredumbre política de los que solo creen en el poder? ¿Todo se vende? ¿Todo se compra? La decadencia no implica una vuelta al pasado; implica una condena al presente. Hay que decirles que no tendrán para siempre la última palabra. Que no nos vamos a resignar. Estamos a la intemperie. Y si hay que vivir a la intemperie, vamos a vivir a la intemperie. Como una comunidad de solos. Gente que no tiene quién la represente. Gente burlada NEVER AGAIN

  3. Sr Moreno: ¿Es necesario tratar mal a las personas, porque no hacen comentarios? Nos debe llamar la atenciòn esta situación, sin embargo, ¿por qué utilizar la violencia verbal? Todo lo que concierne a la costa Caribe, a mí personalmente me interesa, es nuestra gente que nunca ha sido tratada de manera justa. Tanto el gobierno regional como central, deben ponerle mucha atencion a este asunto, que puede ser generar mayores conflictos.

    La paz, la equidad, la convivencia armónica, es una tarea de hombres y mujeres de este país, comencemos por un trato verbal adecuado. Fraternalmente. Rosario

    1. Muy interesante su pequeño articulo. Como joven costeño pienso que mientras la autonomía este acompañada por la partidarizacion u politizacion siempre va a carecer de una verdadera implementacion. un ejemplo sencillo de este panorama se esta dando en la actualidad con el conflicto en el territorio wanky twi tasba raya, en donde si bien es cierto que el gobierno esta brindando “acompañamiento” a las comunidades indígenas, sin embargo no esta digamos exento de prejuicios políticos y étnicos y bajo este panorama el conflicto por la tierra parece no tener solución por la vía pacifica. ahora en la costa desde los noventa a habido una dinámica fuerte de ocupación de tierras en donde ha estado involucrado distintos actores entre ellos el mismo estado y los desmovilizados de la guerra que en parte son los pioneros del mercado de tierras en la región, entonces no es cierto lo que dice el presidente que solo los lideres y comunitarios inescrupulosos han vendido sus tierras.

  4. El 14 de septiembre en horas de la noche turbas de la juventud sandinista atacaron la emisora radial de la organización indígena YATAMA en el municipio de Waspan con la intención de quemarla, sin embargo no lograron su objetivo por la oportuna asistencia de amigos de la emisora que defendieron ante la agresión. Aunque estos de la juventud sandinista dejo herido a 8 personas con arma de fuego y uno de ellos esta en estado delicado el ex comandante indígena YATAMA de nombre Mario Leman

  5. A quien beneficia el conflicto entre indigenas, afrodescendientes y colonos en la Costa? me huele a una estrategia para evitar precisamente fortalecer la autonomia porque si hay conflicto en la tierras comunales y el gobierno no lo resuelve entonces la utonomia regional en la costa caribe estara afectada por el conflicto mismo. con esto puedo mencionar que el estado de Nicaragua y su gobierno esperan deliberadamente para que el conflicto se profundize mientras articulan como desmantelar los gobiernos autonomos y dejar que la crisis se resuelva con saldos favorables para el estado.