Reporte ciudadano

El demagogo más perverso del orteguismo

porras

Perversidad seudojurídica de la ley de amnistía y su interpretación del principio de “no repetición”


  • Carlos Tejero
  • 15 de junio 2019

En la competición “el demagogo más perverso del orteguismo” entre William Grigsby y Gustavo Porras actualmente está al frente este último.

Su interpretación del “principio de no repetición” convierte a los que deben ser protegidos por este concepto, las víctimas de una represión arbitraria por parte del Estado, en los amenazados por tal principio.

El principio de no repetición originalmente es parte de un proceso de verdad y de justicia, que tiene un componente preventivo (para proteger a víctimas) y otro reparador (reconociendo la injusticia que sufrieron las víctimas y castigando a los perpetradores de la violencia contra las mismas).

Mientras tanto, la lógica de Porras, en sincronía absoluta con la mal llamada “Ley de amnistía”, es esta:

  1. Aplicar una represión militar y mortal a manifestantes y opositores del orteguismo reales o supuestos.
  2. Convertir a estos manifestantes pacíficos en “terroristas” y “golpistas”.
  3. Convertir a las fuerzas represivas policiales y paramilitares en defensores del Estado de derecho.
  4. Perseguir a las víctimas de la represión en procesos montados por presuntos actos terroristas. 5. Mantener una pasividad absoluta respecto a la investigación de las 300 muertes de reales o supuestos opositores.
  5. Mandar a casa a los presos políticos de manera “condicionada” (G. Porras), bajo la amenaza de reabrir sus procesos, si nuevamente participaran en manifestaciones o protestas.
  6. Aplicar una “amnistía” preventiva a los perpetradores y a los mandos de sus actuaciones represivas y mortales.
  7. Convertir de esta manera a las víctimas en delincuentes mientras se amenaza su libertad, y absolver a los verdaderos asesinos del pueblo y terroristas contra el pueblo en el empeño de garantizarles impunidad en el futuro.

De esta forma manipulan el principio de no repetición convirtiendo una figura jurídica para la protección de las víctimas en una amenaza de los delincuentes reales contra sus víctimas. ¡Pura perversidad seudojurídica!