Reporte ciudadano

El poeta Cardenal, el más perseguido por Ortega

Una mirada desde Italia a la trayectoria del sacerdote y poeta de Solentiname

Soy poeta, sacerdote y revolucionario“, es como se había definido recientemente Ernesto Cardenal, quien falleció el domingo pasado a los 95 años en Nicaragua.

Hace poco más de un año, el papa Francisco, junto a la cama de lo que supuestamente sería su lecho de muerte, levantó la suspensión a divinis que el papa Wojtyla había impuesto a Cardenal, a principios de los años 80, por ser ministro de Cultura del Gobierno revolucionario.

Ernesto Cardenal nació en una familia acomodada en la ciudad colonial de Granada en 1925. Estudió letras en Managua, Ciudad de México y Nueva York, y viajó por Europa antes de ser ordenado sacerdote a los cuarenta años en Cuernavaca, México. Luego, regresó a su país.

Nicaragua era entonces un país del istmo centroamericano que nos era casi desconocido. Una república bananera que había sido noticia por el terremoto de 1972, que arrasó la capital; pero sobre todo por la comunidad contemplativa de Solentiname. El padre Ernesto, inspirado por el poeta y religioso Thomas Merton (del cual había sido discípulo), la fundó en 1966, en el archipiélago no contaminado de Solentiname, en el Lago Cocibolca, con sus talleres de poesía y de pintura primitivista. Y donde se inspiró para escribir el muy conocido Evangelio de Solentiname. Esta es la misma comunidad que, en 1977, la guardia somocista destruyó al matar a muchos de sus habitantes.

Los sobrevivientes de ese ataque se integraron al movimiento guerrillero del Frente Sandinista, al que también se unió Ernesto. Dos años después, el 19 de julio de 1979, el FSLN derrocó a la dinastía de los Somoza.

Para ese momento, el padre Cardenal ya era conocido como poeta por sus Epigramas, Salmos y Oración para Marilyn Monroe. Era un antisistema, dedicado a la redención de la injusticia; especialmente de las poblaciones originarias del subcontinente.

Misa de cuerpo presente de Ernesto Cardenal
Misa de cuerpo presente del poeta y sacerdote Ernesto Cardenal, en la Catedral de Managua. // Foto: Carlos Herrera

La culminación de su obra literaria es probablemente el Cantico Cósmico de 1988, que lo ha proyectado entre los mejores poetas de la historia de América Latina. No es casualidad que además de varios honores literarios, en 2012 le fue otorgado el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en Madrid.

Ernesto Cardenal fue, después de Rubén Darío y junto con la nicaragüense-salvadoreña Claribel Alegría (quien a su vez recibió el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2017), el continuador de un pueblo de escritores y poetas de este país: Coronel Urtecho, Martínez Rivas, Pablo Antonio Cuadra, Fernando Silva, Michelle Najlis, Daysi Zamora, Vidaluz Meneses, Gioconda Belli, para llegar a Sergio Ramírez, Premio Miguel de Cervantes de literatura en 2018.

La desaparición del gran poeta Cardenal constituye la finalización de un ciclo trágico, tanto de la historia reciente de Centroamérica como de la Iglesia católica, que había despertado grandes expectativas en todo el mundo.

La mayoría recordará la foto histórica del pontífice polaco que reprocha con su dedo al ministro de Cultura, arrodillado frente a él (y quitándose su hábito vasco), esa fatídica mañana del 4 de marzo de 1983 (estábamos allí a unos pasos de distancia) cuando el Gobierno revolucionario le saludó, a su llegada al aeropuerto Augusto César Sandino. El papa Wojtyla luego salió de Nicaragua furioso y de forma precipitada al final de la tarde, después de la sensacional protesta sufrida en masa, en la Plaza, el 19 de julio.

Habían entonces cuatro sacerdotes ministros: su hermano Fernando Cardenal, jesuita, coordinador de la Campaña de Alfabetización y de la Juventud Sandinista, y posteriormente ministro de Educación ; Padre Miguel D’Escoto, ministro de Relaciones Exteriores; y Édgar Parrales, ministro para el Bienestar Familiar.

Era el tiempo en que, durante la Revolución Sandinista, se aplicaba el lema “entre cristianismo y revolución no hay contradicción“; y el padre Ernesto fue un gran defensor de la Teología de la Liberación, con su “opción preferencial por los pobres”; en el corazón de muchas de sus obras. Teología que no había sido un invento de nadie, sino la vanguardia en la aplicación del Concilio Vaticano II en América Latina, en ese momento a la merced de las dictaduras militares (perpetuando el esquema oligárquico colonial, heredado por los Estados Unidos).

Pero si Ernesto ya había sufrido represión en la época del somocismo, tanto que fue forzado al exilio, también vivió la paradoja de ser el sandinista más viejo y más severamente perseguido por el régimen de Daniel Ortega, desde que se convirtió nuevamente en presidente en 2007.

Vidaluz Meneses (c), acompañada del poeta Ernesto Cardenal (i) y del doctor Carlos Tünnermann. Foto: Jorge Mejía | Flickr.com | Creative Commons

Cardenal había denunciado desde los años 90 la deriva autoritaria y mesiánica del excomandante guerrillero, quien desde abril de 2018 se convirtió en un tirano sediento de sangre con la masacre y el encarcelamiento de cientos de jóvenes estudiantes, además del autoexilio forzado de 80 000 nicaragüenses en Costa Rica. Jóvenes que se habían rebelado contra la dictadura orteguista, aliada con la histórica oligarquía empresarial, con el aval silencioso del Fondo Monetario Internacional y de Washington.

El colmo es que Rosario Murillo, vicepresidenta y primera ministra de facto, haya decretado por la desaparición de Ernesto un duelo nacional de tres días. Ella, también poeta, que hizo todo lo posible para ser ministra de Cultura en su lugar durante la revolución.

Sus intenciones verdaderas se han revelado el día del despido del ilustre poeta, cuando unos centenares de orteguistas se adelantaron en la catedral y boicotearon la ceremonia fúnebre, insultando y agrediendo físicamente a periodistas, así como familiares y amigos del padre Ernesto, que se unieron alrededor de su cuerpo presente para impedir su profanación.

La versión original de este artículo se publicó en el diario italiano il Manifesto.

Sobre el autor:

Gianni Beretta, desde 1982 es corresponsal en Centroamérica y el Caribe para el diario italiano il manifesto, Radio Popular de Milán, Radio Suiza Italiana y Radio Suiza Internacional. También fue colaborador de la revista centroamericana Pensamiento Propio, editada en Nicaragua. Desde finales de los noventa, es reportero y cineasta en América Latina para la televisión suiza italiana.

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