Opinion

El premio Nobel de Economía a tres estudiosos de la pobreza

Los economistas Abhijit Banerje, Esther Duflo y Michael Kremer y su enfoque experimental de políticas para reducir la pobreza

Hay muchas razones para expresar nuestro reconocimiento por el otorgamiento del Premio Nobel de Economía 2019 a Abhijit Banerje, Esther Duflo y Michael Kremer. Los tres se han dedicado al estudio de la pobreza, desde un enfoque experimental, mediante el cual es la evidencia la que va guiando sus propuestas de política para la reducción de la pobreza en el mundo.

Me parece importante de manera especial el reconocimiento a Esther Duflo, quien a pocos días de cumplir 47 años es la segunda mujer en la historia que ha sido reconocida con este premio. Y como ella misma expresa “Espero inspirar a muchas mujeres para que continúen trabajando”.

Según explicó el comité para la entrega del premio Nobel de Economía, la academia reconoció el trabajo de los economistas en la creación de nuevas aproximaciones para buscar los mejores caminos para luchar contra la pobreza global, concentrándose en aspectos “concretos” como por ejemplo métodos más eficaces para mejorar la salud infantil o la educación.

Su libro más conocido es Repensar la pobreza, y del cual comentaremos en esta ocasión, fue escrito en colaboración con Abhijit V. Banerjee. En este libro, los autores parten de la premisa de que existe, a nivel general, una tendencia a entender a los pobres y su situación desde la óptica de los estereotipos, lo que impide comprender sus problemas reales. Las políticas gubernamentales destinadas a ayudarles muchas veces fracasan porque descansan en suposiciones falsas sobre sus condiciones reales y sus conductas.

El libro está basado en la vida misma de las personas, no teoriza sobre la pobreza, sino que se adentra en aspectos básicos de la vida familiar de los pobres: qué compran, cómo tratan la escolarización de sus hijos, su propia salud o la de sus hijos o padres, cuántos hijos deciden tener. También abordan cómo funcionan para los pobres los mercados y las instituciones: ¿pueden pedir préstamos, ahorrar y asegurarse frente a los riesgos que afrontan? ¿Qué hacen los gobiernos y cuándo les fallan?

Hay muchas preguntas que se hacen los autores y muchas respuestas al problema global que significa la pobreza en el mundo, pero lo que continúa llamando la atención de los autores es la resolución que se expresa a través de su obra: “Tenemos que seguir intentándolo incluso cuando el reto parece abrumador”, destacan la importancia de la esperanza y del conocimiento, como condiciones fundamentales para la lucha por solucionar la pobreza. El libro, dicen los autores es una invitación para mirar más de cerca. Las políticas podrían tener más éxito si “escucháramos más a las personas pobres y nos obligamos a entender la lógica de sus decisiones”. Y “sometemos cada idea, incluso las que tienen aparentemente más sentido común, a un ensayo empírico riguroso”.  Las propuestas experimentales que han cambiado las vidas de muchas personas en la India, Kenia, Pakistán entre otros países, confirma que la manera en que los autores han investigado el tema de la pobreza nos acerca más a su superación.

El fracaso de las políticas, la causa de que la ayuda no tenga el efecto que debería tener radica a menudo en “las llamadas “tres íes”: ideología, ignorancia e inercia, por parte de expertos, de trabajadores del ámbito de la ayuda o de dirigentes y gestores locales”.

En el terreno de la educación los autores aportan datos muy interesantes como recordarnos que hoy en día las tasas de escolarización a nivel mundial superan el 80 por ciento, incluso entre la población extremadamente pobre…, en más de la mitad de los países para los que disponemos de datos”, indican.  Pero “conseguir que los niños vayan a la escuela … no es muy útil si, una vez allí, aprenden poco o nada”. Por ello, señalan que el primer paso para conseguir un sistema educativo que dé una oportunidad a cada niño “puede ser reconocer que las escuelas deben servir a los estudiantes que tienen, antes que a aquellos que quizá les gustaría tener”.

Asegurarse de que todos los niños aprenden bien las cosas básicas en la escuela “no solamente es posible, sino también relativamente fácil, siempre y cuando la actividad se dirija a ese aprendizaje y no haya otras distracciones”. Son múltiples las lecciones que pueden extraerse de estas sencillas premisas de las que nos hablan los autores.  Ojalá en Nicaragua pudiéramos enfocar la educación en la escuela primaria en aspectos básicos: lectura comprensiva, operaciones matemáticas básicas, razonamiento lógico, pensamiento crítico e incentivar la capacidad de reflexión sobre temas fundamentales para su vida.

En especial, los autores recomiendan prestar atención a lo que ellos llaman “las trampas de la pobreza”, en las cuales es fácil caer si no se analiza cuidadosamente los supuestos, creencias y actitudes que están detrás de las acciones de las personas y que les impiden salir del círculo vicioso de la pobreza. Solamente identificando las trampas de pobreza donde realmente se encuentran podemos saber qué instrumentos necesitamos dar a los pobres para poder salir de ellas.

Finaliza el libro diciendo que no hay varita mágica para erradicar la pobreza, ninguna medicina para todo. Pero este libro muestra, en opinión de sus autores, unas cuantas lecciones útiles que hay que tener en cuenta para diseñar los programas adecuados. Sin olvidar, recomiendan los autores que “los cambios pequeños pueden tener efectos grandes”. Señalan de manera muy particular la importancia de las expectativas, especialmente aquellas de sentido negativo: ¿para qué invertir en este estudiante si no tiene las cualidades suficientes para el estudio? Cuantos científicos y científicas, nos recuerda Esther, se han quedado en el camino por haber cedido a esas falsas expectativas.

Ojalá que el ejemplo de Esther Duflo, su interés en la experimentación, la búsqueda de evidencias, la vuelta a intentarlo, aunque parezca difícil, motive a jóvenes mujeres a ver en la ciencia su ruta profesional y de vida.  En la Academia de Ciencias esta es una de nuestras prioridades, la incorporación de jóvenes, y sobre todo mujeres, a las carreras científicas.

Como siempre sucede, el premio Nobel de Economía no ha estado exento de críticas, desde la excesiva experimentación hasta el excesivo individualismo detrás de las propuestas de los autores, pasando por un escaso énfasis a la economía de género. Sin embargo, dejando las críticas para otro artículo, me parece que es importante retomar el tema de la preocupación por las políticas para superación de la pobreza y, sobre todo, analizar detenidamente aquellas que han tenido éxito.

*Miembro de número de la Academia de Ciencias de Nicaragua.

Más en Opinion

Send this to a friend