Opinión

El rol del Diálogo Nacional en la salida de Ortega

Diálogo Nacional Nicaragua

Para entender mejor la importancia del Diálogo debemos pensar en sus acuerdos como elementos que impactan la sociedad y en el escenario internacional



La insurrección cívica no violenta que desde hace dos meses se desarrolla en Nicaragua requiere del avance de tres frentes de lucha para lograr el objetivo estratégico de sacar del poder cuanto antes a la dictadura de los Ortega-Murillo: 1. La resistencia en las calles, carreteras, poblados y ciudades, en los tranques y barricadas (la fundamental); 2. El internacional, para aislar al régimen orteguista y crear una vasta red de solidaridad con el pueblo nicaragüense; y 3. El Diálogo Nacional, una instancia política compleja, incomprendida y criticada. Solo la combinación de resultados en estos tres escenarios podrá darle la victoria al pueblo.

Al margen está otro diálogo, el de EEUU y Ortega, por medio del embajador norteamericano en la OEA, Carlos Trujillo y el secretario general de la OEA, Luis Almagro. En este frente, el Informe Final de la CIDH en el Consejo Permanente de la OEA, constituyó una aplastante derrota para la dictadura, que ya está siendo aislada en el exterior.

En las calles los estudiantes y la población controlan ciudades tan importantes como León, Masaya y Jinotepe y una parte de las carreteras del país, pese a la brutal ofensiva de ese ejército irregular que el régimen ha conformado en las sombras pero que exhibe impúdicamente a la luz del día causando muertes, heridas, secuestros e imponiendo el terror. El quehacer popular es cada vez más representado por la Articulación de Movimientos Sociales y Organizaciones de la Sociedad Civil.

A su vez, la Articulación se está convirtiendo en correa de transmisión de los intereses de los tranques y barricadas hacia la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia y el Diálogo Nacional. Aunque la relación aún no está suficientemente aceitada, han tenido una constante comunicación.  

Incomprendido y cuestionado

Pero la Alianza Cívica y el Diálogo Nacional son cada vez más incomprendidos y cuestionados, porque su rol es difícil y complejo por los entresijos propios de los procesos negociadores y en particular porque es un espacio donde hay que dar concesiones para conseguir objetivos y lo que se cede puede no ser compartido por la población. Por ejemplo, el pueblo no acepta que en los documentos del Diálogo se condene la violencia “venga de donde venga” como si viniera de varios lados y no solo de la dictadura y sus escuadrones de la muerte policiales y paramilitares.

El principal obstáculo para entender el Diálogo y el papel de la Alianza es que en la mesa de negociación no está la principal demanda de la resistencia popular pacífica: que de inmediato dejen el poder los Ortega-Murillo. En una estrategia negociadora, poner esta exigencia por encima de cualquier otra, podría llevar a empantanar las conversaciones. Aunque está implícita, de manera subjetiva, como una guillotina sobre la nuca del dictador.

Hay quienes alegan que la dictadura es la que saca provecho del Diálogo porque así puede decir en el exterior que no es inflexible y que está negociando, además, prolonga la discusión apostando a un cansancio de la lucha popular; pero también lo necesita la Alianza Cívica y el pueblo con su resistencia no violenta masiva, porque es indispensable un escenario político donde se puedan ir arrancando concesiones hasta alcanzar la rendición del orteguismo.

En el marco del Diálogo se le arrancó a Daniel Ortega que el lunes 14 de mayo invitara a venir a Nicaragua a la CIDH, como condición para iniciar las conversaciones Vino la Comisión, investigó y produjo un Informe Preliminar con 15 recomendaciones, que resultó devastador para la dictadura, pues la expuso internacionalmente como culpable de graves violaciones a los DDHH. 

En una negociación hay concesiones

La no empoderada delegación orteguista en el Diálogo –que todo lo consulta por teléfono– puso un dique a las negociaciones al demandar con una vehemencia que evidenció su debilidad, quitar los tranques para iniciar las conversaciones sobre la democratización del país. Desde los territorios la población ha dicho que los desmontará hasta que se vayan del poder los Ortega-Murillo, lo cual fue ratificado por la Articulación de Movimientos Sociales y Organizaciones de la Sociedad Civil. La Alianza ofreció flexibilizarlos y así se destrabó el Diálogo.

¿Y qué pasó? Aunque después el gobierno se comprometió en el Diálogo a cumplir con las recomendaciones de la CIDH, más bien recrudeció la represión, lo que en muchos territorios fue respondido por la resistencia pacífica con más tranques y el fortalecimiento de los que ya existían. También fueron levantadas más barricadas. 

Para entender mejor la importancia del Diálogo Nacional debemos pensar en sus acuerdos como elementos que impactan en la sociedad y en el escenario internacional, que casi adquieren vida propia porque son potencialmente desencadenadores de dinámicas y hechos favorables a la lucha popular.

El Informe de la CIDH hizo posible que posteriormente varios cancilleres de América intervinieran en la reciente Asamblea General de la OEA y citando el Informe Preliminar denunciaran las atrocidades del régimen orteguista y se solidarizaron con la resistencia del pueblo nicaragüense.

La dictadura saldrá muy mal parada

También se produjo una resolución gallo-gallina pactada entre EEUU y Nicaragua que, no obstante, conduciría a algo más importante: que en la tercera semana de junio, la CIDH presentará su Informe Final en una reunión especial del Consejo Permanente del organismo regional. El golpe ha sido demoledor. Un éxito rotundo surgido desde el Diálogo.

Los últimos acuerdos del Diálogo el viernes 15 de junio incluyen la venida a Nicaragua del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, de quien no se esperaría menos  que el contundente Informe de la CIDH.  Esta, por su parte, desplegaría el Mecanismo Especial de Seguimiento para Nicaragua (Meseni) –el domingo 24 comenzaron a llegar–, que producirá un documento más fuerte que el primero, dado el aumento de la crueldad y brutalidad represiva.

Vendrá en estos días el Grupo Interdisciplinario de Expertos Internacionales (GIEI), de cuatro especialistas nombrados por la CIDH, que investigaría para determinar los culpables del baño de sangre y crearía expedientes judiciales para acusar a los criminales. La dictadura saldrá muy mal parada. Será un golpe demoledor. También estará aquí la Unión Europea.

El otro acuerdo es que se conformará una Comisión de Verificación y Seguridad con los participantes en el Diálogo y los invitados internacionales (CIDH, GIEI, ONU y UE), para determinar si un territorio está libre de violencia. Estas visitas son favorables al pueblo porque podrían parar o menguar la sangrienta represión de la dictadura. Fueron concedidas por el régimen a cambio de que esta misma Comisión procediera a desmontar los tranques, que son su “Talón de Aquiles” y a invitar también a Luis Almagro, quien hasta hoy ha actuado como aliado de Ortega.

Habrá un terremoto político

Mencionar la posibilidad de desmontar los tranques le ha dolido a mucha gente en los territorios en lucha, incluso algunos se han indignado con los obispos y la Alianza Cívica, porque consideran que es una traición. En realidad, los negociadores que representan la lucha no violenta han sido hábiles, porque esa avalancha internacional que se avecina sobre Nicaragua provocará un terremoto político que estremecerá a la dictadura. Hay que ver estos acuerdos en movimiento, concatenados y generando nuevas dinámicas y acciones.

Cuando llegue ese “soñado momento” para los negociadores del orteguismo de ir desmontando tranque por tranque como adelantó Edwin Castro, el régimen estará débil y desgastado. Adicionalmente, la Comisión, aun cuando certifique que en un territorio no hay represión de la dictadura, no tendrá el poder coercitivo para desmontar los tranques, y las misiones internacionales de DDHH tendrán que reconocer el derecho a la protesta del pueblo –lo cual incluye el derecho a cortar las carreteras–.

La población solo quitará los tranques y barricadas –como sus voceros han dicho hasta la saciedad– cuando dimitan los Ortega-Murillo, porque mientras estos estén en el poder, sus vidas y las de sus familiares, corren peligro. El cese inmediato de la dictadura es la llave para recuperar la paz y comenzar a construir una nueva Nicaragua. Este es el punto que debe recuperar el Diálogo, mientras tanto, seguiremos en veremos frente a un régimen sangriento que se ha excedido en brutalidad y crueldad y que no será perdonado jamás.