El éxodo de nicaragüenses a Costa Rica: estudiante de Medicina tuvo que huir por su involucramiento en las protestas de León

A las cinco de la tarde de un día de mediados de octubre el centro de San José, Costa Rica, es una locura de andantes, vendedores ambulantes, buses del transporte público, taxis y carros particulares que intentan avanzar en lo que es una marea de vehículos que se mueve con lentitud desesperante.

La temperatura ha bajado a 18 grados y el cielo se ha vestido de un gris amenazador –preludio de tormenta–, que ha oscurecido los callejones del centro de esta capital y le da un aire lúgubre a moles de piedra como el Museo del Jade, localizado frente a la Plaza de la Democracia, que celebra la abolición del Ejército en este país que se vende al mundo como un lugar de paz.

Andrés, un joven de 23 años, desciende de esa plaza a paso apresurado, le ha tocado la hora dura del tráfico y teme quedarse atrapado en la “presa”, como los ticos llaman a sus endemoniados atascamientos.

El muchacho se detiene bruscamente y nos saluda: ha reconocido al equipo de CONFIDENCIAL que durante una semana viajó a Costa Rica para documentar el éxodo de miles de nicas que huyeron del terror desatado por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Nos abrazamos como si de un encuentro de viejos amigos se tratara y Andrés da rápido relato de su salida de León –donde estudiaba Medicina–, la huida por veredas desde Matagalpa –su hogar–, del pago de 150 dólares a un “coyote” para que lo ayudara a cruzar la frontera por puntos ciegos y sus días en Costa Rica, refugiado en la casa de una familia solidaria, donde duerme en un colchón en el suelo. “Es difícil”, dice el muchacho que estaba cerca de graduarse como médico por la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-León).

El despertar de los estudiantes

A Andrés lo habíamos entrevistado en abril en León. Él formaba parte de los estudiantes en rebeldía que protestaban contra el secuestro de la autonomía universitaria y que exigían el fin del régimen de Ortega.

Aquellos eran días esperanzadores, a pesar de que la represión ya sumaba decenas de muertos, la mayoría jóvenes estudiantes como él. Los muchachos se habían organizado para reunir víveres, medicinas y soportar la embestida violenta del régimen. Esperaban que la dictadura caería pronto y ellos por fin podrían vivir en un país libre y democrático.

Ortega, sin embargo, desató la peor matanza sufrida en Nicaragua en tiempos de paz, una Operación Limpieza ejecutada por paramilitares y policías que ya deja 325 asesinados según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA y que generó un éxodo de nicaragüenses que no se veía desde la guerra civil.

Protesta de nicaragüenses
Un grupo de jóvenes protesta frente a la Embajada de Nicaragua en Costa Rica. La vida en San José es difícil para la mayoría. Carlos Herrera | Confidencial

Autoridades de la Dirección de Migración de Costa Rica confirmaron que más de 30 000 nicaragüenses han buscado refugio en suelo tico huyendo del terror. Una estadística que tiene rostros, nombres, historias de valor, de compromiso y entrega. Como la de Andrés.

“El primer día nos dejaron protestar en paz, dijeron que la universidad era nuestra casa y que teníamos derecho a protestar. Pero al siguiente día el panorama cambió y vieron que sí iba de lleno lo que estábamos realizando los estudiantes de León, cuando ya había un plantón con muchísimas personas. Es cuando llega Fetsalud, la Ministra Sonia Castro, la directora del HEODRA, el decano de Medicina, con paramilitares y antimotines”, relata Andrés.

La represión y el temor de ser apresado hicieron que Andrés huyera de León. Estuvo semanas vagando por Nicaragua, hasta que pudo cruzar la frontera con Costa Rica por puntos ciegos. Lo entrevistamos en Escazú, un barrio de a clase alta de San José, por el temor a que se identificara su verdadero paradero.

El joven, que en abril se miraba con un título de médico, ahora recorre San José en busca de cualquier trabajo. Ha hecho de jardinero, con un salario de 260 dólares que ha tenido que alargar como un acto de magia. Este día le quedan todavía 20 dólares, que pretende ahorrar hasta que el tipo que lo contrató lo busque nuevamente para hacer jardinería en una casa de los barrios buenos de San José.

La difícil vida en Costa Rica

“Este país es más caro y encontrar trabajo para un ilegal es más difícil. A veces te sale algún trabajo. Lo que ganas tenés que guardarlo para mantener la comida el tiempo que te alcance el dinero. La mayoría de nicaragüenses que he podido ver están en condiciones hasta peores, porque se les acaba el dinero y no hay para dónde coger, existen unos que hasta traían ahorros, pero en este país no te alcanza, por eso se necesita trabajar, para poderte mantener”, explica. 

A pesar de esa dificultades dice que él ha corrido con suerte: un amigo lo conectó con una señora nicaragüense con trabajo estable que le da albergue. Pero hay gente que vive en peores condiciones, un hecho corroborado por Luis Vargas, relator de la CIDH para los migrantes, que visitó Costa Rica a mediados de octubre para constatar la situación de los nicaragüenses que han huido a ese país.

“Hay una situación bastante compleja para ellos aquí en Costa Rica. Hay gente que está aguantando físicamente hambre, no tienen vivienda”, dice Vargas en una entrevista en un hotel de San José. “A pesar de los esfuerzos que está haciendo el Gobierno de Costa Rica por tratar de procurarles un albergue, ellos dicen que están viviendo situaciones muy precarias. El Gobierno es como optimista en el sentido de que las medidas que ha venido tomando son suficientes e idóneas. Hay un contraste en consecuencia con lo que al respecto plantea la sociedad civil y lo que el Gobierno sostiene”, advierte el relator.

Vargas afirma que alertó al presidente Carlos Alvarado de que sopese la posibilidad de decretar una emergencia dado el flujo de nuevos migrantes que llega al país, una decisión que las autoridades ticas se rehusan a tomar posiblemente por el costo político que eso podría significar para un Gobierno en plena crisis política por la discusión de una reforma fiscal.

Raquel Vargas
Raquel Vargas Jaubert, directora de Migración de Costa Rica. Carlos Herrera | Confidencial

Raquel Vargas Jaubert es la directora de Migración de Costa Rica y asegura que el país está preparado para asimilar el éxodo nica, porque tomaron las precauciones tras la ola de migrantes africanos y caribeños que les tocó atender hace dos años. Sin embargo, admite que si la crisis en Nicaragua no llega a su fin, tendrán que pedir más ayuda internacional.

“Que en este momento estemos contenidos y que tengamos nuestro plan de atención no quiere decir que en una situación más crítica requiramos apoyo internacional”, admite la funcionaria. “La emergencia aún no es un hecho. Por eso no hemos hecho una declaratoria. Hemos tratado de mantener la calma, de atender a la población con los recursos que tenemos, de convocar a la cooperación internacional, pero sí es posible que en algún momento haga otro tipo de llamado a nivel internacional”.

Nicaragüenses como Andrés están seguros que la ola migratoria no se detendrá y que en las calles de San José se seguirá topando a sus viejos compañeros de aulas y trincheras. Junto a él, el equipo de CONFIDENCIAL que visitó Costa Rica entrevistó a decenas de nicaragüenses que huyeron por temor a sus vidas, que participaron activamente en las protesta cívica. 

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