Nación

De la siembra de algodón al maní, despale y sequía agravan erosión

Emergencia por las tolvaneras en León

Pobladores reclaman por daños en la salud, y se debaten alternativas: reforestación, riego, y alternar cultivos



Cuando el viento sopla fuerte en León, el cielo cambia de color. Las puertas y ventanas se cierran. La oscuridad se come el día y el polvo cae como ceniza sobre casas, edificios, iglesias y oficinas.

En los últimos años, en este departamento, se ha agudizado el fenómeno de las tolvaneras: genuinas tormentas de polvo y suciedad levantadas por el viento. El problema, se originó en la década de los 50, con en el monocultivo del algodón. “En ese tiempo había una degradación del suelo brutal, abuso de pesticidas, araban la tierra cuantas veces fuera posible, no había cortinas rompe vientos”, explica Gill Blass, ingeniero agrónomo, ecólogo y habitante de Sutiava, León.

La caída del precio internacional del algodón, disminuyó el problema. El gobierno de esa época realizó una campaña de reforestación, sin embargo, en la última década, el cultivo de maní no cambió la forma de trabajar el suelo. Ahora, el cambio climático, contribuye a agudizar un problema serio para la población de León.

Hasta el último rastrojo
Los suelos de occidente son los más explo¬tados del país. A nivel nacional existen 65 mil manzanas sembradas de maní. León tie¬ne 20 mil, Chinandega 35 mil y las otras 10 mil están en Managua, Masaya y Granada.

A diferencia de Chinandega, Managua, Masaya y Granada, el departamento de León está rodeado por estas 20 mil manzanas de cultivo, que no tienen cortinas rompe vientos que ayuden a frenar el paso del polvo. El uso de la maquinaria pesada, que deja el suelo pulverizado, facilita que las tolvaneras aparezcan con frecuencia en la ciudad.

“Utilizan tres maquinarias en el proceso de la cosecha del maní. Una que levanta el suelo para desprender el grano. Una máquina que levanta la casulla y otra máquina que levanta el rastrojo. Eso lo empacan y lo venden como alimento de ganado”, explica José Mendoza, biólogo y habitante de León.

Los productores de maní explotan el suelo al máximo. Además de recoger el rastrojo (restos de tallos y hojas que quedan en el terreno tras cortar el cultivo y que sirven como nutrientes a la corteza terrestre) y venderlo, alquilan las fincas para que el ganado se coma “las sobras de las sobras”. “Entonces, en el suelo no queda ningún tipo de vegetación, lo que facilita que el viento levante el polvo y se lo lleve”, indica el biólogo.

Los ciudadanos de León son afectados por las tolvaneras día y noche. Carlos Herrera / Confidencial.
Los ciudadanos de León son afectados por las tolvaneras día
y noche. Carlos Herrera / Confidencial.

Riego vs. escasez de agua
Carlos Abaunza, miembro de la Asociación de Agricultores de León (ADAL) y productor de maní, acepta que el problema de las tolvaneras está ligado al cultivo de esta semilla, la falta de cortinas rompe vientos en la zona y específicamente a la falta de riego en las fincas.

“Desgraciadamente en nuestra zona no hemos aumentado el riego, lo mejor para las tolvaneras más que las cortinas rompe vientos, es más bien tener cobertura (de riego) todo el año. En la época de verano, el suelo queda descubierto y es cuando aumentan los vientos, por eso es que este año estamos teniendo mayores tolvaneras”, argumenta Abaunza.

Para los maniceros el sistema de riego representa una alternativa para mitigar la fragilidad del suelo. “Pero hay productores que solo siembran tierras alquiladas. Esto no te permite poner riego porque es una inversión a largo plazo”, continúa Abaunza, quien aduce que las cuencas hídricas dan abasto para instalar este sistema.

A nivel nacional, la Unión de Productores Agropecuarios de Nicaragua (Upanic), registra en el total de manzanas sembradas de maní, solo un 10 por ciento con riego. A pesar de que esta técnica es considerada una opción para disminuir las tolvaneras, Carlos Rivas, ecólogo y experto en suelos, asegura que no puede ser una alternativa, pues la deforestación afecta las fuentes de agua, que están casi secas.

“No hay infiltración, no hay recarga de aguas subterráneas que alimenten al¬gunos ríos que son importante en la zona de occidente y que actualmente son unas piedras”, expone el ecólogo.

A falta de agua, el año pasado el gobierno del comandante Daniel Ortega, prometió una campaña de reforestación y cortinas rompe vientos para frenar las tolvaneras. CONFIDENCIAL visitó las fincas de maní y en el territorio, no había ninguna evidencia de la implementación de este programa.

“Supuestamente, el año pasado iba a arrancar esta campaña para restaurar cortinas rompe vientos, yo me pregunto, dónde están esos árboles. Si se plantó alguno, entonces no se le dio seguimiento, no se tomó en cuenta de que teníamos un fenómeno climático extremo”, cuestionó Carlos Rivas, ecólogo.

Confidencial buscó la versión de Marena, Inafor y la Alcaldía de León, pero ninguna institución estatal brindó información.

Los ciudadanos de León manifiestan su descontento con las autoridades edilicias y ambientales, así como con los productores de maní. Para enfrentar este fenómeno, se requiere un gran esfuerzo concertado entre estos sectores, pero todavía no hay ninguna iniciativa concreta y sólida.

El biólogo José Mendoza aboga por diversificar los cultivos. “Las cortinas rompe vientos son una buena forma de proteger el suelo, también tiene que haber una rotación de cultivo, no siempre maní, eso ayuda a conservar el suelo”.

Pero los productores no están dispuestos a dejar de sembrar. Carlos Abaunza, representante de la ADAL, asegura que no pueden dejar de cultivar sus tierras y que no existe otra opción de trabajo. Para ellos el turismo es algo que no tiene estructura ni desarrollo.

“A mí me duele ver las tolvaneras en León, que obstaculizan el turismo. En Upanic estamos viendo y hablando, para traer a unos expertos y ver qué se puede hacer”, dijo Abaunza, quien agregó que “es difícil pero ojalá en una década pudiéramos estar hablando positivamente, ya haber erradicado las tolvaneras”.

“Existen prácticas de conservación de suelos, una serie de alternativas que están incluso a la mano para el pequeño empresario. Hay que trabajar en la reforestación de cuencas. Estamos en el momento crítico. Si no lo hacemos vamos a lamentarlo”, finaliza Carlos Rivas, ecólogo.

El reparto William Fonseca está ubicado al norte de León. Está cercado por varias huertas de maní. Cuando los vientos son fuertes, el lugar se nubla de polvo.

Beatriz Turcios es habitante de este reparto. Su hijo, de once meses, engrosa las estadísticas de enfermedades respiratorias de la clínica médica previsional Amocsa.

En su casa, Beatriz explicó que su hijo es asmático y el polvo que llega de las huertas de maní, le provoca neumonía y bronquitis. “La doctora lo que me ha dicho es que si el niño sigue en ese estado me lo va a volver internar en la clínica”, relató la angustiada madre.

Cinco días después de la entrevista en su casa, Beatriz internó a su hijo en Amocsa. “El polvo del sábado y domingo, hubo tolvaneras y eso lo volvió a afectar. Para mí no es nada fácil tenerlo aquí internado, es muy doloroso como madre, pero así son las cosas con tanto polvo que hay en el reparto”, afirmó Beatriz.

En León existe un hospital general y dos clínicas médicas previsionales. Una de ellas es Amocsa, que reporta 2 mil 350 casos de enfermedades respiratorias. Solicitamos al Minsa las estadísticas de todo el departamento de León, pero nuestra petición no fue atendida.

Juan José Zapata, pediatra de Amocsa, informó que a raíz de las tolvaneras, el aumento en casos de pacientes con enfermedades respiratorias es notorio. “Todo esto se da por la exposición al polvo”, explicó.

“Ahorita nos está afectando a nosotros pero qué va a pasar con nuestros hijos. Nosotros respiramos polvo día y noche”, comentó Mario Aguilera, líder comunitario del reparto San Jerónimo.

Los productores minimizan el posible impacto de los pesticidas en la salud humana. “Los insecticidas tienen que andar ahí, en ese polvo pero no creo que sean tan (dañinos), por lo menos no como los que respirábamos en los años setenta”, argumentó el productor Carlos Abaunza.

Sin embargo, los pobladores insisten que están siendo afectados por los químicos. Eugenia Vargas, que sufre de constantes dolores de cabeza, se realizó unos exámenes médicos y descubrió que “yo tengo residuos de pesticidas tóxicos. La doctora me preguntó que si vivía cerca de una manizal, y le dije sí. Me salieron malos los riñones y dice que también es a causa del pesticida”.