Opinion

En abril floreció la primavera

Las jornadas emprendidas por el periodismo nacional empoderaron a los nicaragüenses y profundizaron acciones en búsqueda de un horizonte democrático

“(…) En ningún caso podrán decomisarse,
como instrumento o cuerpo del delito, la imprenta o
sus accesorios, ni cualquier otro medio o equipo
destinado a la difusión del pensamiento”.
Artículo 68 in fine de la Constitución Política de Nicaragua

En la medida que pasa el tiempo se percibe con nitidez que los medios de comunicación (incluyendo las redes sociales), son agentes de poder o actores políticos. A lo largo de los trece años que tiene de detentar el poder de manera continua el comandante Ortega, se ha tenido la oportunidad de comprobar que la presunta neutralidad con que actúan resulta una quimera. Los medios han estado en el centro del debate político nacional. Las acciones emprendidas para polarizar los afectos de los nicaragüenses dividieron el campo en disputa: de un lado se colocó el aparato mediático de la familia gobernante y medios afines y en el otro extremo quedaron ubicados los medios que disienten de la forma que conduce la gestión pública. No hubo posibilidades de tregua ni que quedase terreno en barbecho.

La ofensiva contra los medios fue inmediata, no acababa de calentar el candelero cuando el gobierno optó por una política informativa distante y ajena a medios y periodistas, tanto que decidió en convertir en letra muerta el contenido de la Ley de Acceso a la Información Pública (LAIP). La vocería gubernamental quedó centralizada en la Secretaría de Comunicación y Ciudadanía, bajo la dirección de la actual vicepresidente de la república, Rosario Murillo. Paralelamente el comandante Ortega se ponía a buen recaudo, negando a los periodistas toda posibilidad de concederles entrevistas. El cuadro diseñado por los gobernantes era absolutamente adverso para los medios que quedaron fuera de su tuición política. El ejercicio del periodismo se convirtió en un reto mayúsculo. Un desafío sin igual.

La cobertura que hacía la prensa del acontecer nacional era diametralmente opuesta según el medio que se encargase de informar. Los nicaragüenses recibían dos versiones distintas sobre un mismo hecho. La impermeabilidad a la crítica de parte de los gobernantes se tradujo en acoso contra periodistas y medios. El uso y abuso de los aparatos de Estado paso a ser una norma. El ente encargado de regular las telecomunicaciones (Telcor), el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), la Dirección General de Aduanas (DGA) y la Dirección General de Ingresos (DGI), han ejercido un papel de primerísima importancia para tratar de conseguir la autocensura (algunos medios jamás cedieron a estos embates) y reprimir toda forma de crítica. Los periodistas siguen siendo objeto de amedrentamiento.

La libertad de expresión vino siendo menoscabada, el cierre de programas televisivos y radiales y el incautamiento de dispositivos de transmisión radiofónica, a petición de los Secretarios Políticos Departamentales del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), constituyen eslabones sobresalientes de una política incriminatoria a nivel nacional. El estallido de la revuelta cívica en abril de 2018 tuvo en los medios a sus mejores aliados. El auspicio de la polarización y la división gremial entre los periodistas alcanzó en la protesta cívica de abril de 2018 el deslinde definitivo. El incremento de la represión solo sirvió como catalizadora para un nuevo comportamiento de medios y periodistas opositores al gobierno.  La prensa radicalizó sus cuestionamientos. No había vuelta atrás. La lucha que se libra en diversos frentes sigue siendo por una nueva Nicaragua.

Las jornadas emprendidas por el periodismo nacional han tenido en doble efecto: empoderaron a los nicaragüenses y profundizaron sus acciones en la búsqueda de un horizonte democrático que permita una auténtica convivencia social y política entre todos los nicaragüenses. La simbiosis entre medios y redes abrió nuevas posibilidades de información y movilización política. Nunca como a partir de abril las redes lograron una irradiación y un crecimiento exponencial como jamás lo habían experimentado con anterioridad. La disputa por la agenda devino en una medición y ratificación sobre los bajos niveles de tolerancia y en asentar la credibilidad de los medios tradicionales fuera de la égida gubernamental, como parte de la estrategia política informativa. La verdad es y siempre ha sido revolucionaria, aunque necesita ser planteada y defendida.

La intensificación y recrudecimiento de las protestas y la postura indeclinable de algunos medios que jamás cesaron ni han cesado en desafiar y disputar la conquista de las mentes y los corazones de los nicaragüenses sobrepasaron al gobierno. La centralidad de los medios se acrecentó a partir del momento que las disputas políticas recrudecieron. ¿Cómo interpretar la decisión gubernamental de ocupar las instalaciones de Confidencial, Esta Noche y Esta Semana? ¿Fue una muestra de fortaleza incautar los equipos de televisión de 100% Noticias y meter a la cárcel a Miguel Mora y Lucía Pineda Ubau? Estas manifestaciones son una muestra de debilidad y expresan una victoria pírrica. No consiguieron silenciar los programas televisivos dirigidos por Carlos F. Chamorro, ni las audiciones de 100% Noticias.

La libertad de expresión como derecho humano fundamental fue herida mortalmente con resultados considerables en el plano nacional e internacional. En la constatación del estado de salud democrática de una sociedad, el respeto de la libertad de expresión constituye un termómetro ineludible. Las exigencias planteadas al gobierno de restablecer plenamente este derecho por la Organización de Naciones Unidas (ONU), la Organización de Estados Americanos (OEA), el Relator para la Libertad de Expresión de la OEA; los llamados de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), y las advertencias de Reporteros Sin Fronteras (RSF), conforman una sintonía que pone en mal predicado al gobierno. Los espacios para el disentimiento han venido siendo gradualmente desmontados. Como contrapartida, las posibilidades de un silenciamiento efectivo han resultado nulas.

Los costos derivados de la agresión a la prensa continúan siendo objeto de reclamos; ni la radio, ni la televisión, ni la prensa escrita se salvaron de la animadversión gubernamental, convirtiéndose en un test negativo y contraproducente. El asesinato del periodista Ángel Gahona, en Bluefields, la quema de radio Darío en León, el asedio constante de radio La Voz, las reiteradas amenazas de cárcel para su director-propietario, Álvaro Montalván, la ocupación intempestiva de las instalaciones y equipos de Confidencial, Esta Semana y Esta Noche, como de 100 Noticias, y la espada de Damocles que pende sobre la yugular de La Prensa y El Nuevo Diario, debido a la obcecación gubernamental de no entregarles los insumos que requieren para su circulación impresa, incrementan su saldo rojo en materia de libertades ciudadanas. También las libertades de movilización y de reunión están prohibidas.

Abril sirvió como detonante en la lucha por alcanzar la democracia, igualmente posibilitó para que medios y periodistas empezaran a escribir nuevas páginas memorables.   En vez se amilanarse se crecieron, ensayaron y encontraron diferentes formas para mantener el hilo de comunicación con sus lectores y audiencias. Se reinventaron. En medio del fragor de la contienda nació Artículo 66. En vez de marchitar la esperanza ocurrió todo lo contrario: en abril floreció la primavera para quienes apuestan por una Nicaragua para todos. Medios y periodistas, así como no dejaron que no desapareciera el periodismo investigativo, a través de las jornadas realizadas a lo largo de un año, muestran una prensa vigorosa, terca y solidaria. La crisis galvanizó y agudizó sus conciencias.

Abril implicó el reencuentro del periodismo nicaragüense para saberse uno y trascender las limitaciones impuestas por el gobierno. En abril de 2018 fue el inicio de la dignificación de la profesión periodística y de la decisión inquebrantable de intensificar su labor, aun a riesgo de su propia vida en favor de quienes iniciaron y se mantienen en pie de lucha, para que Nicaragua al fin sea patrimonio de todos los nicaragüenses. La diáspora en vez de provocar la dispersión significó su reencuentro y reunificación de los periodistas en torno a un objetivo común: luchar para que desaparezca toda forma de poder absolutista, discriminatorio, encerrado en su propia burbuja. Abril provocó el milagro de que los periodistas se sintieran un solo cuerpo, marchando unas veces al ritmo que impone la lucha emprendida por el pueblo nicaragüense y en la mayoría de las ocasiones sirviendo de celosos vigilantes de los anhelos y esperanzas por una patria liberada para siempre de toda forma de ignominia.

Orillados y perseguidos, el espíritu de lucha inclaudicable de los periodistas no habrá manera alguna que los obligue a desistir en su compromiso profesional y ciudadano. La fidelidad a su profesión se manifiesta de múltiples formas. No ha habido espacio para el abatimiento. Ejercer el periodismo en las condiciones en lo que hacen, juntando vigores dispersos, supone que jamás dimitirán en su misión de mantener informado a un pueblo que mantiene tenso el arco. La ciudadanía requiere hoy más que nunca de un periodismo atento a su discurrir cotidiano, que le sirva de brújula y estímulo y dimensione su quehacer. Los nicaragüenses requieren análisis diarios que les permitan orientarse en una sociedad convulsa y agitada, por donde pululan de manera interesada centenares de informaciones falsas. La primavera social, política y económica por la que se lucha supone un nuevo clima de entendimiento nacional entre todos los nicaragüenses.

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