Nación

Fue acusado de asesinar a un norteamericano, aunque estaba hospitalizado

Entierran a estudiante, la víctima 324 de la masacre orteguista

Entierro de Gamaliel Leiva García

Ezequiel Leiva, de 26 años, falleció después de tres meses y medio interno en cuidados intensivos. "Se enfrentaba con una hulera", recuerda su padre



El cementerio Milagro de Dios, en Managua, recibió a otra víctima de la represión del Gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Ezequiel Gamaliel Leiva García, de 26 años y estudiante del Tecnológico Nacional (Inatec), falleció después de tres meses y diecinueve días internado en la sala de cuidados intensivos del hospital Salud Integral, en Managua.

“Ayer (lunes) dejó de respirar”, dijo Azucena García, madre del joven protestante que se había unido a la lucha estudiantil desde el 19 de abril, primero en la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli), y luego en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI). “Mi hijo desde el inicio apoyó la lucha. Esos eran sus ideales, tener una patria libre”, agregó su padre, Gamaliel Leiva Mendoza.

A pesar de la fuerte represión de la Policía Nacional frente a las protestas estudiantiles en la UNI, Ezequiel siempre estuvo en las primeras filas. Mientras los oficiales atacaban con balas de goma, hule y plomo, el joven universitario se defendía únicamente con una hulera. Cargaba piedras redondas y las lanzaba para que golpearan a los antimotines en los escudos o el resto de su cuerpo. En homenaje, una bandera de Nicaragua y una hulera fueron puestas sobre su ataúd.

“Él era una persona que no le tenía miedo a nadie. Se enfrentaba con una hulera a ellos que tenían armas, AK. ¿Cómo va a ser posible eso? Solo un loco se queda ahí. Pues de esos era mi hijo, de esos locos, pero por defender al país”, afirmó Leiva Mendoza.

Su valentía no le protegió. A pesar de que sus ideales pasaban por “querer un cambio en el país”, y enfrentar a los antimotines con una hulera, sus atacantes tenían armas y el 28 de mayo la bala de un fusil de guerra, le atravesó el costado izquierdo y afectó sus órganos vitales.

Ezequiel fue intervenido en el Hospital Vivian Pellas, y luego fue remitido al Hospital Manolo Morales. El joven, por temor a ser capturado, prefirió ser atendido en los “hospitalitos de emergencia” instalados por los estudiantes. “Como él no tuvo la atención médica adecuada se complicó, tenía una infección”, explicó su padre. Luego el 31 de mayo fue internado en el Hospital Bautista y después transferido al Salud Integral donde fue operado cinco veces.

Gamaliel Leiva García
La bandera de Nicaragua y una hulera, sobre el ataúd de Gamaliel Leiva García. Carlos Herrera | Confidencial

Una acusación inverosímil

Por la gravedad de sus heridas, Ezequiel no podía moverse. Sus familiares rezaban para que despertara. Pero Gamaliel nunca lo hizo.

La madrugada del dos de junio, según la Policía Nacional, Ezequiel persiguió, asaltó y asesinó al ciudadano estadounidense Sixto Henry Vera, en Managua. De acuerdo con la investigación policial, el joven tuvo fuerza para incendiar dos vehículos, dejar el cuerpo de la víctima en la pista de Rubenia y escapar del sitio.

Pero la investigación de la Policía no cuadraba y el padre de Ezequiel se encargó de aclarar que las autoridades policiales estaban inculpando a su hijo en un hecho que no podía haber cometido, pues en ese momento estaba hospitalizado, y a duras penas podía respirar debido a su complicado estado de salud.

“Vengo a desmentir públicamente (la acusación) y expresar que no puede ser posible que una persona que está internada en un hospital pueda haber participado en un asesinato”, dijo Leiva Mendoza en esa ocasión en el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh).

Leiva Mendoza presentó una constancia del Hospital Salud Integral que indicaba que “Ezequiel Leiva García fue hospitalizado” en ese centro asistencial “desde las 7:14 p.m. del 31 de mayo” cuando llegó trasladado del Hospital Bautista.

Gamaliel Leiva García
Azucena García, madre de Gamaliel Leiva García, enterrado este martes. Carlos Herrera | Confidencial

La constancia firmada por la doctora María Gabriela Barrios Machado, directora médica del Hospital Salud Integral, señala que el joven de 26 años estaba “en muy delicadas condiciones de salud” y que, tras ser intervenido quirúrgicamente la misma noche de su ingreso, pasó a ser “ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos”.

“Está debatiéndose entre la vida y la muerte, pero saca la Policía el día cuatro (de junio) una comunicación en la que dice que ha esclarecido el crimen del (ciudadano) norteamericano que sucedió en Rubenia y lo implican a él, cuando está en coma”, insistió en ese momento Leiva Mendoza.

Las investigaciones de la Policía aseguraban que Ezequiel integraba una banda delincuencial liderada por Cristhian Josue Mendoza, alias “Viper”, que estaba asentada en la Upoli y causaba “temor y zozobra a los vecinos de la universidad”.

“Todo se lo dejo a Dios”

“Vengan todos a darle el último adiós”, dijo el padre de Ezequiel antes de que lo sepultureros metieran el ataúd a la fosa. Los primos, los amigos, sus hermanas, su madre, y los “hermanos de la Iglesia”, pasaron uno a uno a despedirse del joven estudiante.

El último en decir adiós fue su padre. El pastor de la Iglesia que asistió al entierro pidió a los presentes que se realizara una oración. Todos cerraron sus ojos, menos Gamaliel, que se quedó inmóvil, observando por última vez la cara de su hijo.

“Yo no puedo hacer nada. Se lo dejo todo a Dios, es el encargado de todo. Yo no voy a andar buscando culpables. Dios lo sabe, los conoce”, refirió Gamaliel minutos antes de enterrar a su hijo.

El padre de Ezequiel también manifestó que la paz que menciona en los discursos que realiza el presidente Ortega, no existe y “estamos muy lejos de tenerla”.

“El discurso del comandante Ortega. Ese discurso en el que dijo que solo los muertos eran los sandinistas. Eso no es así. No ha echado de ver lo que han hecho. Debe existir una justicia recta. Pero la lucha no se termina, sabemos cuándo empezó pero no cuándo terminará”, insistió Gamaliel.

Sobre la imagen de su hijo y el daño que hizo el Gobierno y la Policía a su familia, Gamaliel expresó que  no le pedirá nada a nadie, que “ahí verán ellos, ahora ya se fue. Es cuenta de ellos. Yo sé decir que mi hijo fue limpio en todo momento. Se demostró que no había delito. La policía lo sabía perfectamente”.

Gamaliel bajó de la pequeña loma y se acercó a la fosa. Volteó su rostro al cielo y murmuró algunas palabras.

— ¿Qué fue lo último que habló con su hijo?

— Me dijo que no me preocupara.

Los ojos de Gamaliel se ponen vidriosos. Estaba a punto de llorar.

— Que si iba a morir, tenía que aceptarlo. Que él se iba con Cristo y que los gobernantes también se iban a ir del poder.