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Estelí: “Se burlan de nuestro dolor”

El bramido de la ambulancia irrumpió de golpe en la quietud del cementerio municipal de Estelí. Dos doctoras forenses bajaron de otra camioneta del Instituto de Medicina Legal para despejar el camino en la calzada del camposanto. Actuaban rápido. Había que regresar cuanto antes a las tumbas los cuerpos de los universitarios Orlando Pérez Corrales y Franco Valdivia Machado. La mañana del jueves tres de mayo fueron exhumados y trasladados a Managua para practicarles una autopsia trece días después de haber sido asesinados en las protestas contra las reformas a la Seguridad Social en esta ciudad norteña. No hubo descanso para estos jóvenes tras su muerte.

El proceso de la autopsia duró todo el día. Al caer la tarde los cuerpos regresaron en la ambulancia que recorrió los 151 kilómetros que separan el Instituto de Medicina Legal y el Cementerio de Estelí con prisa. La muerte después de ocurrida se manifiesta a través de un invasivo olor que se impregna hasta en la ropa. Los familiares de las dos víctimas vivieron la jornada al límite de las emociones. Trágico. Doloroso. Incluso un tanto perverso para ellos: No entienden por qué la Fiscalía no ordenó autopsia el mismo 20 de abril que Orlando y Franco fueron asesinados en el Parque Central de Estelí. No que ahora tocó volverlos a enterrar con prisa y bajo la inminencia de la noche.

La destartalada ambulancia avanzó en la calzada del cementerio. El fiscal departamental de Estelí, Roberto Gaitán, participaba en el proceso de exhumación. El funcionario no dejaba de hablar por celular. Cuando las puertas de la ambulancia fueron abiertas y los dos ataúdes, uno encima del otro, quedaron expuestos los médicos forenses ordenaron a los conductores cerrarlas y seguir avanzando hacia las profundidades del cementerio. El fiscal no se inmutaba. Siempre seguía al teléfono.

— Fiscal, ¿por qué ordenaron una autopsia más de diez días después que los jóvenes fueron asesinados y enterrados?

Silencio. El fiscal volvió a ponerse el celular en la oreja para esquivar nuestras preguntas.

Insistimos.

— No puedo hablar. El Ministerio Público, en Managua, da las entrevistas.

El fiscal Gaitán corrió. Literalmente corrió.

Francis Valdivia Machado lamenta la decisión tardía de la Fiscalía para actuar frente a la muerte de su hermano. “Todo esto se pudo haber hecho con anticipación, cuando los cuerpos aún no los habíamos enterrados”, critica la joven.

“Sin embargo, hay que señalar la retardación de justicia, la revictimización por la cual hemos sido sujetos por parte de las instituciones del Estado”, agregó Valdivia Machado.

Policía no recibe denuncias

Franco Valdivia y Orlando Pérez fueron asesinados la noche del viernes 20 de abril, cuando la represión conjunta de los antimotines y la Juventud Sandinista (más el despliegue del Ejército) en Estelí se tornó sangrienta. Ambos universitarios participaban en las protestas y quedaron cruzados en la balacera ocurrida en el parque central.

Los familiares de los jóvenes acudieron a la Policía Nacional a interponer las denuncias por los asesinatos, pero no fueron recibidas. “El día sábado 21 de abril yo me presento a pedir que el médico forense realice la autopsia, pero la Policía no recibió la denuncia y no giró el oficio”, afirma Valdivia Machado, quien hasta las cinco de la madrugada del sábado 21 de abril supo de la muerte de su hermano.

Socorro Corrales, madre de Orlando, se enteró de forma más inmediata de la muerte de su hijo. Ella participa en las protestas contra las reformas a la Seguridad Social junto a sus hijos, pese a ser profesora de primaria en un colegio público. Eso le podría costar el despido. En medio del caos de los ataques, ella buscó junto a su otra hija a Orlando. Cuando regresaba a la casa, unos jóvenes le avisaron que su hijo había sido asesinado.

La hermana fue al hospital de Estelí y encontró a Orlando en la morgue con impactos de bala en el pecho y otro a la altura del mentón. La profesora Corrales lloró cuando narró ese momento. El desconsuelo es ahora su sinónimo. Pero también la determinación por esclarecer el crimen es también su motivación. La Policía Nacional recibió la denuncia del caso de Orlando, pero fue recibida con desgana. “Incluso hasta le cambiaron el nombre, le pusieron otro apellido en la denuncia”, resaltó Corrales.

En el caso de Orlando tampoco hubo autopsia. La madre mencionó a la doctora forense Karla Rosales, quien se negó a practicarle la autopsia a Orlando el día que fue asesinado porque la Policía Nacional no giró ninguna orden.

Franco y Orlando fueron enterrados sin autopsia ni investigación para esclarecer sus muertes. La Fiscalía anunció que investigará los casos de los 46 muertos que dejó la represión durante la rebelión nacional contra el gobierno de Daniel Ortega, según la cifra confirmada por el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh). Una investigación tardía en la que las autoridades piden a los familiares “pruebas”.

Para la profesora Corrales todo “es un montaje”. Montaje porque un día antes de la exhumación un equipo de peritos llegó a levantar el croquis del crimen de Orlando, cuando ya la escena del crimen había vuelto a ser el plácido parque frente a la alcaldía de Estelí donde los ciudadanos llegan a pasar la tarde.

“Supuestamente andaban buscando casquillos de balas con un chunche (detector de metales). En ese momento yo llegué y les dije no les da vergüenza. ¿Cómo no vinieron cuando estaba toda la sangre? Esto que hacen era al siguiente día. ¿Cómo se siguen burlando del dolor de nosotras las madres?”, recuerda Corrales.

La madre de Orlando exige saber quién mató a su hijo, un universitario que cursaba el último año de la carrera de Ingeniería en Energías Renovables. Ella afirmó que los disparos que cegaron la vida de Orlando “salieron de la alcaldía”. Corrales quiere conocer al autor material del crimen, “que se lo pongan de frente”. El “autor intelectual ya todos sabemos quién es”, afirmó.

“Yo responsabilizo directamente a los que están en la Presidencia. Porque en este país ni una hoja se mueve si ellos no ordenan moverla. Responsabilizo a Daniel Ortega y Rosario Murillo. Ellos dieron la orden de disparar”, señaló Corrales. “También al subcomisionado Alejandro Ruíz Martínez, que es el encargado, el jefe policial en Estelí”.

Francis Valdivia, hermana de Franco, en el cementerio municipal de Estelí. W. Miranda | Confidencial

Tanto Corrales como los familiares de Franco Valdivia no creen en la Fiscalía. Accedieron a exhumar los cuerpos con la condición que en las autopsias estuvieran presentes médicos de su entera confianza.

“A mi hermano lo matan a quemarropa. Frente a la alcaldía y en la cabeza. Las personas que disparan son personas que tienen capacidad para hacerlo, porque dieron tiro al blanco”, dijo Francis Valdivia.

Los resultados de las autopsias estarán listos ocho días después de la exhumación. Sin embargo, el forense de confianza de la familia Valdivia-Machado adelantó –de forma preliminar– que claramente los orificios de bala de Franco provinieron de una altura superior a la del parque central de Estelí.

“Los resultados preliminares que manejamos es que quien le dispara a mi hermano estaba en una posición privilegiada. Se pudo encontrar en lo alto. La trayectoria de la bala es de izquierda hacia derecha, ingresando por el ojo izquierda y queda alojada en la parte derecha”, detalló Francis. “En la alcaldía de Estelí hay unas gradas y una terraza. En los videos se ven que los disparos salen de la alcaldía de Estelí”, agregó.

La Policía Nacional tipificó como “homicidios” los crímenes de Orlando y Franco. Sin embargo, los familiares insistieron que fueron asesinatos.

“La policía está haciendo una calificación provisional del delito como homicidio, y en este caso es un asesinato tanto de mi hermano Franco como de Orlando”, dijo Valdivia, abogada de profesión.

La razón de Valdivia por la que los crímenes de los joven debe ser tipificada como asesinato, es que “hubo alevosía y ensañamiento. Mi hermano no tenía nada en sus manos al momento que lo mataron. Fue un blanco. Lo asesinaron de un disparo en la cabeza y a Orlando de un disparo en el pecho. Existe suficiente evidencia de cómo los asesinaron”, dijo la hermana de Franco. El Código Penal establece que para el delito de homicidio la pena oscila entre los 6 y 14 años. Mientras que el asesinato entre 15 y 30 años.

Concluido el retorno de los muertos al cementerio, la rabia y el dolor persisten en los familiares. Así como algunos sentimientos de culpa. Socorro Corrales se arrepiente de haber obligado ir a votar a Orlando por Daniel Ortega y Rosario Murillo.

“Es lo único malo que hice por él. De eso yo me arrepiento. De haberlo obligado ir a votar y que ellos mismos me lo asesinaran. Pienso que es momento que este pueblo ya despierte como desperté yo”, sostuvo Corrales. El padre de Orlando, que desde hace varios años vive en Estados Unidos como migrante, fue mayor del Batallón de Lucha Irregular (BLI) Germán Pomares Ordoñez. Cuando hablaba con su hijo Orlando por teléfono le contaba las aventuras bélicas que vivió en la década de los ochenta. Pero Orlando no se decantaba por esos relatos. “El papá decía que Orlando iba a ser como él, ¡pero qué va! Era un hombre de iglesia”, reparó la profesora Corrales.

La familia Pérez-Corrales se nutrió del entorno sandinista. Son pieza del bastión sandinista que es considerada la ciudad de Estelí. “A mí no me podían hablar de la señora Rosario Murillo y de Daniel Ortega, porque eran brincos los que yo pegaba. Danielista y Chayista hasta las cachas”, aseguró Corrales. Pero el desencanto ideológico fue traído por la sangre. La mayoría de los jóvenes que protestaron junto a Orlando y Franco se declaran sandinistas, pero “hartos” de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Las calles de Estelí, uno de los más pujantes polos de desarrollos económicos del país, pide ahora la salida del régimen.

En la casa de habitación de la profesora, ubicada en el barrio Juana Elena Mendoza, un enorme lazo negro sobre la puerta principal advierte el luto. Es el lazo más grande en la cuadra. Corrales cerró la puerta y se dirigió a la alcaldía de Estelí a clavar una cruz en memoria de Orlando. La cruz fue clavada sobre una pintura de Daniel Ortega sobre un caballo blanco y alzando la mano en señal de victoria.

Socorro Corrales prendió al pie del memorial callejero unas velas. “Ojalá no te las quiten, mijo”, decía la mujer mientras con una pequeña toalla secaba sus lágrimas. Un par de metros hacia a la derecha, en la entrada principal de la alcaldía, los trabajadores públicos eran congregados para “orar”.

Cuando levanto mis manos, comienzo a sentir el fuego.
Cuando levanto mis manos mis cargas se van
Nuevas fuerzas tú me das
Todo esto es posible, todo esto es posible cuando levanto mis manos.

Esa canción sonaba en los parlantes. Una mujer tomó el micrófono y ordenó a los “compañeros” formar un circulo en torno a ella para pedir “por la paz y la reconciliación del país”, por esos “corazones llenos de odio”, por la “sabiduría del comandante Daniel y la compañera Rosario”. El corazón de la profesora Corrales estaba retorcido por la “provocación” de la alcaldía de Estelí.

“Eso es como que me están jincando a mí. Porque ellos no oran. Ellos no le oran a ningún santo, ellos le oran a doña Rosario Murillo. Juegan con el dolor de la madre de Franco y mío. Se ríen. Pero lo único que sé, que mientras mi dolor se haga viejo, el de ellos va a hacer nuevo”, sentenció la madre. La canción de Alex Campo siguió sonando. Socorro Corrales levantaba sus manos hacia la cruz pegada sobre Daniel Ortega. Más arriba, dos afiches con los rostros de Orlando y Franco, los universitarios, esperan justicia y que sus asesinatos no queden en la impunidad.

El barcelonista y el rapero 

Los jóvenes Orlando Pérez y Franco Valdivia. Uno amaba al Barcelona y el otro era un rapero de conciencia social. Cortesía

Orlando Pérez no pudo celebrar el gol de Luis Suárez en el último clásico español disputado el domingo seis de mayo. Aunque el Barcelona tomó la delantera en el partido, al final el Real Madrid empató 2-2. Pero claro que Orlando hubiese celebrado el gol del uruguayo. Era un barcelonista empedernido. Los goles del Barcelona eran algo que le causaban felicidad absoluta. Su madre y su hermana, Aracely, dan fe de ello. Por ejemplo, cuando lo veían estallar de júbilo frente a la tevé.

Orlando cursaba el último año de ingeniería en Energías Renovables. Dividía su tiempo entre la universidad y su participación en diversas pastorales juveniles católicas en Estelí. Cuando Orlando no usaba su camiseta del Barcelona, era un joven apasionado por las energías renovables. Ese amor inició en su niñez. Su madre estableció un negocio en el Ingenio Montelimar para lograr sostener a la familia. Orlando pasaba las tardes en las calderas observando cómo el bagazo de la caña era quemado para convertirlo en energía eléctrica. El niño miraba las dificultades de la familia y le dijo a su madre: “Quiero aprender a hacer esa energía, porque no se paga”.

Socorro Corrales cree que ese fue el origen de la pasión de Orlando por las energía renovables. Lo que no se explica es cómo la pasión por el Barcelona lo cautivaba tanto, que la camisa celeste del equipo culé la repetía varias veces a la semana. En ocasiones no esperaba ni que se secara en el tendero y se la ponía húmeda. Su madre no dudó en ponerle la camisa del barsa para enterrarlo, diez días antes que Suárez despuntara el marcador contra el Madrid, el archirrival, en el estadio Camp Nou. Orlando no celebró el tanto.

A varias cuadras del joven barcelonista vivía Franco. 24 años, padre de una niña, estudiante de tercer año de derecho y trabajador de una carpintería para sufragar sus gastos. Aparte de sus ocupaciones cotidianas, el rap de conciencia social era lo que a Franco apasionaba. Su nombre artístico era “Renfan”. Su lema artístico era “la escuela del pensamiento”.

Con solo escoger lápiz y hablarles de pistolas
prefiero transmitirles que esta vida es una sola

Así dice una de las líneas de las últimas canciones que grabó. Franco hablaba de migrantes y criticaba las desigualdades y la corrupción en sus canciones. No era el rapero que le cantaba a las armas y el dinero. Sus familiares aseguran que, dada la conciencia social de Franco, no fue raro que se sumara a las protestas por las reformas a la seguridad social. Franco escribió en su cuenta de Facebook el 18 de abril este estado en tono rapeado:

“Hoy es un gran día para morir.
Por no elegir el camino que la corrupción
nos quiere hacer seguir.
Y aunque a mi vida días le reste
Seguiré diciendo verdades cueste lo que cueste.
Sandino tenía un sueño y les
aseguro que no era este.
Que les moleste que proteste”

Dos días después sería asesinado en el parque Central de Estelí. Fatalmente premonitorio.

Pilatos“, otra de sus canciones, dice:

No hay olvido sin sepultura
para quien lucha por lo que es
Que la muerte me regrese
lo que la vida me ha quitado…
Y sino escucho un rap real
no quiero verme resucitado

Franco, de alguna manera, escribió su propio epitafio. En rap.