Opinión

Estrechan cerco informativo

La imposibilidad de contener y modificar las políticas informativas y editoriales de los medios, condujo al gobierno a tomar medidas más drásticas



El empecinamiento del Gobierno a través de la Dirección General de Aduanas (DGA), de negar la autorización del desaduanaje de la tinta, papel, planchas térmicas y demás insumos retenidos a La Prensa y El Nuevo Diario, supone un duro golpe contra el ejercicio de la libertad de expresión. Pese haber cancelado los impuestos y que el Tribunal Aduanero Administrativo (TATA), haya resuelto el 21 de diciembre de 2018, que su director Óscar Moncada Lau incumplió con su deber de funcionario público, persiste en su actitud. El riesgo de que ambos diarios dejen de circular se ha vuelto inminente. Una manera de estrechar el cerco informativo.

Los primeros síntomas saltan a la vista, ND Medios, propietario del periódico Q’hubo, se vio obligado a clausurar su circulación en un intento por extender el plazo de impresión de El Nuevo Diario. Ante la cerrazón de la DGA, como medida preventiva también decidieron que la versión impresa de El Nuevo Diario dejase de circular los fines de semana (sábados y domingos). Debido a la falta de anuncios La Prensa y El Nuevo Diario habían decidido reducir su paginage. En un último intento para prolongar el cierre de su edición impresa, el diario La Prensa redujo el uso del color y empezó a editarse en un solo cuerpo de dieciséis páginas.

La decisión gubernamental negándose a entregar los insumos retenidos en la DGA, ratifica su imposibilidad de estar abierto a la crítica. Su eterno Talón de Aquiles. En un principio resolvió hacer caso omiso a las informaciones publicadas por los medios adversos a su gestión. Les ignoró por completo. Durante el primer mandato del presidente Ortega les fue provechoso. Con el tiempo era evidente que resultaría contraproducente, una determinación riesgosa. En comunicación no pueden darse vacíos informativos. Las personas demandan información relacionada con su entorno. Al no encontrarla en los medios afines salen en su búsqueda.

A los gobernantes poco importó violar la Ley de Acceso a la Información Pública (Ley 621). Las puertas de los ministerios están permanentemente vedadas a medios y periodistas ajenos a su tutela. El presidente decidió enclaustrarse. Se ha negado a brindar entrevistas de prensa a periodistas nacionales. De no ser por la crisis que enfrenta el gobierno, el comandante Ortega jamás hubiese dado entrevistas a los medios internacionales que se la solicitaron (Andrés Oppenheimer-CNN, FOX-News, Telesur, Rusia Today, Euronews). Las circunstancias sociopolíticas fueron determinantes para salir al encuentro de los medios.

El convencimiento de que el Gobierno no iba a rectificar su relación con la prensa sirvió como catalizador para que medios y periodistas se despojaran de la autocensura. Los asedios y la represión dejaron de funcionar. Asumiendo los mayores riesgos desestimaron las imposiciones y la persecución gubernamental. En una marejada incontenible —la muerte de Ángel Gahona, la destrucción de radio Darío, la censura contra 100% Noticias, la represión y golpizas— no han variado sus políticas informativas. En cumplimiento de su función contralora pusieron al descubierto las acciones desarrolladas por paramilitares y policías.

La imposibilidad de contener y modificar las políticas informativas y editoriales de los medios, condujo al gobierno a tomar medidas más drásticas sin importarle las consecuencias que tendrían a nivel internacional. La ocupación precipitada de las instalaciones y oficinas de Confidencial, Esta Semana y Esta Noche, no fue más que una acción desesperada. No obtuvo los efectos deseados. Si su intención era paralizar el ánimo de su director, Carlos F. Chamorro, finalmente no lo consiguió. Confidencial ha continuado informado tanto en su versión impresa como digital. Tampoco Esta Semana ha dejado de aparecer los domingos.

El cierre intempestivo de 100% Noticias estuvo precedido por eliminar su presencia en canal 15 UHF. La imperturbabilidad de Miguel Mora y de la jefe de prensa de 100% Noticias, Lucía Pineda Ubau, resultaron indigeribles para los gobernantes. Las amenazas de Orlando Castillo, director ejecutivo de Telcor, arrogándose la potestad de intervenir en su política informativa y solicitar el cierre inmediato de Café con Voz, fueron rechazadas por Mora. La inquina contra 100% Noticias fue evidente. Acostumbrado a silenciar y cerrar medios, Castillo nunca esperó que Mora no solo rechazara su petición, sino que también la hiciera pública.

La salida hacia el exilio de más de medio centenar de periodistas viene a ser el resultado de las acciones represivas gubernamentales. Una herida que permaneced abierta. El problema para el Gobierno sigue siendo que no les ha podido doblar el brazo. Luis Galeano, director de Café con Voz, salió al exilio ante la orden de detención girada en su contra. Lo que no lograron fue su objetivo: pretendían que dejase de transmitir y no lo lograron. Galeano encontró acogida en Tica Visión. Continúa con sus entrevistas y resúmenes informativos. Mantiene su vínculo con la ciudadanía nicaragüense a través del canal de YouTube y de Facebook Live.

A pesar de los reveses o tal vez por eso, el Gobierno continúa tratando de estrangular a los medios que lo adversan. Las contradicciones con La Prensa son de vieja data y todo indica que son insalvables. Vienen desde el sigo pasado —década de los ochenta—. El comandante Ortega no ha podido transigir tampoco lo ha hecho La Prensa. La apuesta ahora está dirigida a evitar su circulación impresa. Sus directivos afirmaron que a lo sumo les queda papel y tinta para dos meses. El despido de periodistas podría empeorar. Igual situación deberán enfrentar los demás trabajadores. ¿Una voz que se apaga? ¡No lo creo!

El Nuevo Diario va por el mismo camino, aunque trata de alargar su agonía. El hecho que deje de circular los fines de semana significa un ahorro considerable. El cambio en su política informativa se tradujo en incorporar temas y actores que innecesariamente venía soslayando. Una modificación que de seguro incrementó su número de lectores. El coro que hacía al Gobierno era manifiesto. En diversas ocasiones daba la impresión de que se trataba de un medio capitalino. El grueso de sus informaciones estaba encaminado a dar cuenta de los avances en la construcción de parques y pavimentación de calles. La otra Nicaragua no existía.

No sé si los expertos del Gobierno o quienes manejan el tema de la comunicación se habrán percatado que el grueso de lectores de La Prensa y El Nuevo Diario no proviene de su edición impresa. El uso de las redes sociales ha modificado de manera radical los hábitos de los lectores. Solo basta comprobar los altos porcentajes de visitas que tienen a diario en su edición digital para comprender que la victoria que piensan obtener los gobernantes será pírrica. ¿No se habrán dado cuenta o no quieren entender que la libertad de expresión constituye un tema delicadísimo? Jamás han medido el altísimo costo que tiene la censura.

Si La Prensa y El Nuevo Diario se empeñan por cobrar a los lectores su circulación digital no dudo que la lectoría de ambos medios bajará sensiblemente. Las condiciones económicas por las que atraviesan los nicaragüenses y de las cuáles dan cuenta en sus ediciones diarias limitan o no permiten a una amplia mayoría suscribirse. El dilema que tienen La Prensa y El Nuevo Diario es de dimensión copernicana. ¿De dónde sacaran sus ingresos para pagar a los periodistas? ¿Será que esta vez los empresarios por razones de solidaridad decidan anunciarse? El futuro que tienen enfrente no deja de ser preocupante. Ojalá puedan sortearlo.