Negocios

Jincho, SoyNica y Nicaragua Indie innovan con nuestra cultura

Explotar la “marca” Nicaragua

Tres negocios han dado un giro peculiar al significado de ser nicaragüense convirtiendo lo tradicional en un producto urbano que marca tendencia



La innovación no siempre está relacionada a la tecnología. En lugar de crear aplicaciones para teléfonos inteligentes o videojuegos, algunos emprendedores se dedican a repensar conceptos y promoverlos en diferentes industrias. SoyNica, Nicaragua Indie y Jincho son tres negocios que tomaron aspectos de nuestra cultura para convertirlos en productos globalizados que marcan tendencia dentro y fuera del país. Estas son sus propuestas.

Ser Jincho está de moda

Desde hace dos años y medio, el uso de la palabra que se afrenta de lo popular tomó un giro inesperado gracias a una marca que fusiona la picardía nacional con el diseño pop. Esta iniciativa hace de lo folklórico una propuesta urbana que pretende vestir a la juventud. La filosofía del negocio es simple: no es necesario vestir de güipil para ser nica.

Jincho, una empresa dedicada al diseño y la confección, nació de la rebeldía de Augusto Mejía. Este joven artista e integrante de la banda La Cuneta Son Machín, sabe que lo popular lleva todas las de perder frente a la influencia de las culturas de primer mundo. Por eso, le dio vuelta a la intención peyorativa del término que le da nombre a su tienda.

“Usar esta palabra genera un poco de controversia, pero soy de los que piensa que sigue habiendo mucho clasismo en el inconsciente colectivo del nicaragüense. La palabra no es el problema, sino lo que significa y sigue significando para muchos”, asegura. “Me pareció adecuada, es una palabra pegajosa que todos usamos. Creo que para nuestra alegría logramos que deje de significar que algo es de mal gusto”, dice.

Pero para crear camisetas que lucieran vistosas caponeras, que promovieran frases pícaras o célebres artistas nacionales, y convirtieran el término “súperjincho” en una tendencia, era necesario juntar a un grupo de socios que constituyeran los cuatro pilares del negocio. Augusto se encarga de la parte mediática, el arquitecto Jemax Luna de la línea gráfica de la marca, Atahualpa Martínez del área de ventas y Ricardo Espinosa de la producción de las camisetas.

Para Jemax, insertarse en la economía colaborativa cambia el esquema del negocio tradicional nicaragüense. “Esta nueva generación está rompiendo con ese paradigma que en realidad no genera nada bueno. Estamos diversificándonos, renunciando un poco al ego, aceptando que otros pueden hacer ciertas cosas mejor que nosotros y diciendo: colaboremos”, afirma.

Lo que más ha sorprendido a estos emprendedores es darse cuenta del compromiso de su clientela. Augusto cuenta que a la tienda, ubicada en la segunda entrada de Las Colinas, llegan tanto chavalos de barrios pobres en sus bicicletas como señoras pudientes en sus camionetas. Muchos les envían fotografías de las camisetas que han coleccionado, mismas que utilizan para promover la marca en Instagram. “En ese sentido es básico para nosotros que el precio sea lo más barato posible”, indica.

Los productos de esta tienda son asequibles. Las camisolas, por ejemplo, cuestan C$280, las camisetas con frases populares C$310, las camisas de artistas nacionales C$350 y las gorras C$200. En el futuro, estos chavalos pretenden ampliar su oferta. Ya están haciendo pruebas para sacar al mercado protectores de teléfonos inteligentes y pronto venderán fajas y shorts de mezclilla para mujeres.

El rosto indie de Nicaragua

Parte del equipo de Nicaragua Indie. Carlos Herrera | Confidencial.
Parte del equipo de Nicaragua Indie. Carlos Herrera | Confidencial.

Ante la carencia de plataformas digitales que promoviesen el arte nacional, un grupo de jóvenes creó Nicaragua Indie. Esta revista digital publica contenido alternativo para emprendedores universitarios, personas curiosas que están innovando o buscando formas de hacerlo. Ellos quieren romper con el esquema de promoción cultural desde la gestión y explotar el potencial de la nueva generación de profesionales.

Nicaragua Indie es, en realidad, un producto de Boombit Studio, una agencia de publicidad y marketing digital. Los siete muchachos que conforman este equipo, en el que predominan los veinteañeros, producen también la línea gráfica y el contenido que venden a sus anunciantes utilizando una estrategia llamada Inbound Marketing. Con ella, la empresa genera artículos de utilidad en alianza con marcas consumidas por jóvenes.

Anafrancisca Camacho, editora de dicho sitio web, explica que los temas que publican van desde gastronomía hasta asuntos que requieren de mayor investigación, como sexualidad y feminismo. Son diferentes del resto de medios de comunicación en cuanto al enfoque y la presentación visual. “No nos gustan los publireportajes (…) Si vamos a promover a Sushi Itto te hablamos sobre la historia del sushi y te recomendamos este lugar para probar determinadas recetas”, explica.

El equipo – compuesto por diseñadores, animadores, social media managers y mercadólogos – eligieron este modelo de negocio para promover marcas que vayan acorde con los intereses de sus lectores. Las empresas se acercan a ellos buscando una manera de adoptar una imagen “indie” (independiente o alternativo), hacen dinámicas en las calles o en redes sociales y crean información de utilidad.

Este proyecto digital no está conformado por periodistas. Anafrancisca, la única que estudió Comunicación Social, se encarga de reclutar al talento que genera el contenido. “En las universidades hay muchísimo potencial. Muchos te dicen que pueden diseñar o ilustrar, pero no escribir. Nosotros queremos que descubran una plataforma donde puedan promover su trabajo”, indica.

La revista apuesta por sacarle el jugo a la línea gráfica. Ellos crean arte que puede hacerse viral en redes sociales. Su fuerte son las secciones de Cine, Música y La Tortuga Morada. También cuentan con otros espacios en donde cubren gastronomía, salud, moda, literatura, destinos turísticos y tecnología. En este último no sólo escriben sobre aplicaciones y celulares, sino de videojuegos y cultura “geek”.

A largo plazo, el equipo planea crear una red de colaboradores en Nicaragua, Costa Rica y  Guatemala, para luego montar una plataforma centroamericana. Anafrancisca afirma que existe una nueva generación de artistas y emprendedores creativos que deben darse a conocer y ellos quieren ser el medio donde lo hagan.

Diseño danés en cuero nica

Grethe Siguarden, propietaria de SoyNica. // Fotos: Carlos Herrera / Confidencial.
Grethe Siguarden, propietaria de SoyNica. // Fotos: Carlos Herrera / Confidencial.

Grethe Siguarden visitó Nicaragua por primera vez hace diez años. Después de una serie de viajes en los que continuó regresando a Granada, decidió mudarse con su familia a esta ciudad colonial. Los daneses iniciaron con la apertura de un hotel que administraron para un extranjero y mientras incursionaban en el ámbito empresarial, ella empezó a fabricar bolsos junto con un artesano. Arrancaron lento, hasta que fueron demasiados productos para tenerlos en casa.

De esta manera nació el concepto de lo que hoy es SoyNica, una tienda en donde se venden finas carteras de diseño danés, elaborados con mano de obra y cuero nicaragüense. Su propietaria, quien cuenta con formación en la elaboración de calzado, pretendía exportar sus productos al exterior. Pero luego de un tiempo su esposo sugirió abrir un local en Granada. Después de todo, vivían en una urbe que concentra habitantes y turistas de variadas nacionalidades. Quien gustara del estilo minimalista, les compraría.

Un año después de instalarse en nuestro país, Grethe abrió un establecimiento en una pintoresca casa ubicada al final de La Calzada, la calle peatonal más famosa de la ciudad. En ella, los clientes compran accesorios de todos los colores y tamaños, cuyo rango de precio varía entre los cinco y los doscientos dólares, mientras observan a un grupo de seis artesanos encargarse de la producción. Un dato interesante: la tienda ganó popularidad sin que su propietaria haya invertido en publicidad.

“Nunca hemos hecho nada grande. Elaboramos unos planfletos que tenemos en la tienda y que distribuimos en hoteles, pero de verdad que no ha sido mucho. Nuestra producción es tan pequeña que no queríamos que la gente se enterara de nuestro negocio de un día para otro (…) siempre hemos tenido miedo de no poder cumplir con la demanda, por eso tampoco exportamos. Ha sido publicidad boca a boca. Muchos vienen de otros países una vez al año para comprarnos. Es muy bonito”, afirma esta escandinava.

Grethe relata que uno de los mayores problemas fue hacer que sus trabajadores aceptaran que una mujer estaba al mando de la empresa. Al principio tenía que pedirle a Martin, su esposo, que le ayudara a lograr que sus empleados hicieran lo que ella necesitaba. También ha tenido que despedir a muchos hombres que no se adaptan a sus reglas y al hecho de que la voz de la asistente del negocio, una joven de veinte años, es la ley del local. Las instrucciones vienen de mí, de mi esposo y de ella”, advierte.

Hoy día, esta empresaria dirige todos sus esfuerzos en ofrecer diseños exclusivos que no se encuentran en otras partes de Nicaragua. Sus bolsos y carteras se diferencian por mucho del estilo tradicional característico de mercados de artesanías, pues tienen líneas simples, colores sólidos y son prácticos para el uso diario. “Sabemos que su elaboración es diferente. El diseño resulta raro para algunos, otros lo consideran bonito, porque en realidad el estilo es muy simple”, concluye.