Opinion

Facebook da un paso adelante

Creó un Consejo Asesor de Contenidos (Oversight board), integrado por veinte personalidades provenientes del mundo político, académico y jurídico

“Tendría un costo reputacional muy alto

no adoptar las recomendaciones”.

Catalina Botero

En medio de la tormenta y señalamientos acerca de la extrema permisividad de Facebook de aceptar contenidos inexactos, violentos, incitaciones al odio, circulación de pornografía infantil y la tardanza para su eliminación, la plataforma digital dio un paso adelante. Creó un Consejo Asesor de Contenidos (Oversight board), integrado por veinte personalidades provenientes del mundo político, académico, jurídico y de un premio Nobel, para que decidan sobre casos denunciados por los usuarios. Una buena noticia ante los crecientes cuestionamientos provenientes de diversos estamentos sociales. Para proceder, los casos deben al menos reunir tres características: que afecten a muchas personas, que las consecuencias producidas por las publicaciones sean importantes y que contradigan las políticas de la plataforma.

El deseo de Zuckerberg es ampliarlo hasta cuarenta miembros; buscando la equidad de género, el Consejo actualmente está conformado por diez mujeres y diez hombres. Una decisión audaz. Los legisladores de Estados Unidos tienen rato de estar presionando a los directivos de la red. Tratan de contener su creciente poderío en la conformación de la opinión pública mundial y su renuencia a la rendición de cuentas. Facebook opera con una independencia envidiable, sin limitaciones de ninguna naturaleza. Sus contenidos han estado sujetos a formas de control poco funcionales. La medida busca evitar la intervención proveniente de las cámaras legislativas. Entre los integrantes del Consejo figuran dos latinoamericanos. La colombiana Catalina Botero y el brasileño Ronaldo Lemos. Ambos vinculados al mundo académico.

El Consejo posee atributos muy valiosos. Sus miembros no son empleados de Facebook ni pueden ser destituidos por Zuckerberg. Lo más destacable es que sus resoluciones tendrán efecto vinculante. Esto supone que serán de estricto cumplimiento. Cuando apareció el Defensor del lector, su debilidad intrínseca se debía a que era nombrado por los directivos de los diarios. Lo decepcionante fue que sus resoluciones carecían de garra. Los directivos de los diarios pueden o no acatar sus dictados. El surgimiento de los Observatorios de Medios supuso el nacimiento de una institución que no se debía ni a los propietarios ni a quienes están al frente de los medios. Su debilidad sigue siendo que sus recomendaciones pueden o no ser atendidas. Son un compendio sujeto al arbitrio de los operadores de los medios.

La decisión asumida por Zuckerberg marca una inflexión en la creación de instituciones encaminadas a regular el funcionamiento de las plataformas digitales; quedó blindada. No está sujeta a las intromisiones de directivos de Facebook, como también por haberla dotado de una donación irrevocable de ciento treinta millones de dólares ($ 130 000000.00). Uno de sus vicepresidentes, la abogada Catalina Botero, fue Relatora Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), adscrita a la Organización de Estados Americanos, (OEA). Los otros tres vicepresidentes son Helle Torning-Schimitd, ex primera ministra danesa, Jamal Greene, catedrático de la Universidad de Columbia, y Michael McConnell, exjuez federal y ahora catedrático en la Universidad de Stanford.

La operatividad del Consejo genera expectativas, la tarea que le espera es enorme. Zuckerberg incluyó también Instagram, lo que implica verse las caras con un universo de tres mil millones de usuarios. Las solicitudes que deberán atender no incluyen por el momento el borrado de contenidos. Una de las primeras pruebas de la eficacia del Consejo pasa por aminorar la brecha estipulada para que empiece a funcionar. Una prolongada espera tendría efectos negativos. Entre los argumentos esgrimidos por Gobiernos y usuarios contra la red, destaca la tardanza de sus respuestas a las peticiones de rectificación y borrado de contenidos. Si no hay fluidez en el trabajo del Consejo, difícilmente gozará del beneplácito de quienes por varios años han venido criticando a Facebook por marchar a paso de tortuga. Demasiado lento.

En esta parte del mundo, a lo largo de los años, se ha apostado a favor de la autorregulación. La experiencia ante diversas intromisiones de los Gobiernos dictando leyes de prensa es negativa. Cada vez que lo han hecho han interferido el funcionamiento de los medios y recortado los márgenes para ejercitar la libertad de expresión. El funcionamiento del Consejo —especialmente su transparencia— será el indicador adecuado para seguir confiando en la autorregulación. Caso contrario la intervención de los distintos poderes públicos será una consecuencia directa de la ineficacia de un organismo dotado de todas las cualidades indispensables para funcionar de manera eficaz. Las redes han acumulado mala fama en su capacidad de rectificación. La salud de la libertad de expresión queda en sus manos.

Los miembros del Consejo tienen la confianza que, si Facebook decidió crear un órgano externo, ajeno por completo a intromisiones caprichosas de sus dueños, tratará de cumplir sus mandatos. Para Botero, decana de la Facultad de Derecho de la Universidad de Los Andes, en Colombia, sería una pifia de Facebook tratar de sustraerse a las resoluciones del Consejo. Si lo hace echaría por la borda un prestigio que ha venido a menos, pondría nuevamente en entredicho una reputación menguada. Desde hace varios años la red jefeada por Zuckerberg ha sido objeto de controversias y numerosas críticas. Casi nunca ha dado su brazo a torcer. Gobiernos europeos la han sancionado económicamente sin mayores consecuencias. Facebook está frente a una oportunidad de oro. Distintos poderes establecidos están al acecho.

No deja de llamar la atención que algunas personas llamen al Consejo como la Super Corte de Facebook. Los dueños de Facebook han dado visos de situarse por encima de las instituciones legales existentes. Eso no deja de generar suspicacias. Los tecnócratas de Silicon Valley se creen genios superdotados a quienes debe rendirse pleitesía. Zuckerberg ha pretendido conformar un mundo aparte. La creación de su criptomoneda, más allá de las regulaciones de los bancos centrales, fue una clarinada. Las bondades que ofrecía resultaban apetitosas y estimulantes. De no haber sido por la oposición de diversos estamentos jurídicos, políticos y económicos, ya hubiese montado tienda aparte. Aun con la fortaleza que está dotado el Consejo, no dejo de suponer que Zuckerberg podría intentar incidir en el ánimo de sus integrantes.

Sin desmeritar la labor del Consejo Asesor de Contenidos, cuyos resultados estamos a la espera, las organizaciones de la sociedad civil deben mantenerse expectantes. Una vez más vuelve a planearse la interrogante, ¿quién vigila al vigilante? La bondad de la doctrina de la División de Poderes postulada por Montesquieu, tiene el mérito de crear balances y contrabalances. El desempeño del Consejo Asesor deberá ser riguroso y transparente; sometido al chequeo de las diferentes instituciones creadas para revisar el contenido de las redes. Hoy más que nunca su labor resulta imprescindible. La manera como se conduzca el Consejo podría servir para atemperar el apetito desmedido de los mentirosos compulsivos, mensajes de odio, difamación, etc. que pueblan la red. Estamos a solo unos meses de un nuevo parto mediático.

Más en Opinion

Share via
Send this to a friend