Opinión

Facebook paga a cambio de datos

La fidelidad de los internautas ha disminuido, pero Facebook no quiere dejar su condición hegemónica. No quiere ceder ni un ápice del mercado.



¡Unámonos a los felices, a los poderosos,
a los banqueros, a los semidioses de la tierra!
¡Cantemos al oro!
Rubén Darío

Poderoso caballero,
es don Dinero.
Francisco de Quevedo y Villegas

No hay forma que los dueños de los mastodontes mediáticos recapaciten. El destape de TechCrunch, revelando que Facebbok pagaba a menores de edad veinte dólares mensuales desde 2016 por espiar sus teléfonos, no ha sido capaz de hacerle entrar en razón. En una época que el mercado se convirtió en absoluto, decidió poner en marcha una nueva aplicación — Study for Facebook— con la intención de recopilar datos acerca de los usos que hacen de otras apps las personas mayores de edad. A cambio les ofrece una paga. Como en ocasiones anteriores para justificarse recurrió al mismo discurso: los datos serán únicamente para mejorar sus propuestas. ¿Podemos creerle? ¿Cómo fiarnos de una empresa con antecedentes incriminatorios? ¡Difícil!

No hay manera que convenzan, la información comprada tendrá multiplicidad de destinos. Las acciones desarrolladas por los gobiernos tratando de evitar abusos de las corporaciones no han sido efectivas. Las multas millonarias impuestas a Google, Twitter y Facebook, tanto por la Unión Europea como por el gobierno estadounidense por trasgredir las reglas no inhiben su actuación. Mientras no existan mecanismos que regulen sus conductas, seguirán actuando en cómo mejor convenga a sus intereses. Ninguna actividad económica puede realizarse a tientas. ¿Qué sería de los mercados si no contaran con datos fiables sobre las preferencias de los consumidores? No operarían con ventaja. Nuestro cerebro ha sido cartografiado de forma meticulosa.

Los directivos de Facebook están convencidos que los usuarios mayores de edad, están dispuestos a entregarles información confidencial, si obtienen como recompensa cierta cantidad de dinero. Los dueños de las infotecnologías han sido denunciados innumerables veces de utilizar la información que poseen para acrecentar su fortuna. Facebook específicamente. ¿Quién olvida la operación Cambridge Analytica? ¡Nadie! Ni siquiera las instituciones de gobierno estadounidenses. Después de varios años de ser indiciada le llegó la hora. La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos (FTC), aprobó el viernes 12 de julio de 2019, “sancionar a la red social con 5.000 millones de dólares (4.436 millones de euros) por haber violado las reglas de privacidad de sus usuarios en el caso Cambridge Analytica”. ¿Será que esta vez aprendan la lección?

La oferta que hace Facebook a las personas mayores de edad es legal. Un cambio sustantivo en su relación con los usuarios. Siempre ha preferido irse por la libre. Es probable que por los reveses experimentados varíe su conducta. La nueva estrategia la utiliza para franquear el Habeas Data sin esperar reclamos de los usuarios ni sanciones de los gobiernos. La decisión acrecentará la morosidad de las personas en hacer uso de este recurso jurídico. Desea abrir un boquete para ensayar nuevas modalidades hasta convertirlo en un depósito sin contenido. Nada le impide hacerlo. Deja establecido que recurrirá a todo cuanto expediente tenga a mano para saltarse las leyes y vaciar su contenido. En dejar el Habeas Data como una concha vacía.

La entrega de beneficios pecuniarios o de otra índole a cambio de información no es un hecho reciente. A finales de los ochenta, Procter & Gamble ofreció a los detallistas en Estados Unidos, un software con la intención de ayudarles a analizar su rentabilidad. A cambio debían compartir la información disponible sobre las personas que adquirían sus productos. La información en disputa era vital. Alvin Toffler en El cambio de poder (Plaza & Janés, 1990), destaca que “algunos fabricantes pagaban un buen precio por la información recibida por los comerciantes, directamente o a cambio de servicios, bien recurriendo a firmas mediadoras que compran los datos a los comerciantes y se los venden a los fabricantes”. Apenas estábamos en el despegue de las infotecnologías. Hoy invaden los hogares.

La obtención de información de la clientela por fabricantes, comerciantes, bancos, compañías emisoras de tarjetas de crédito y decenas de empresas interesadas en la comercialización de datos, generaban peleas homéricas. Las preguntas inquietantes de expertos en diversas disciplinas sobre el ofrecimiento hecho por Facebook, son muy parecidas a las preocupaciones surgidas acerca del destino de la información captada en aquel momento por distintos actores económicos. Una gran parte de la información podía “ser vendida por un precio o trocar por un descuento o un servicio. El mercado para este tipo de información es ilimitado”, subraya Toffler. La información ha pasado a ser el bien más preciado. Las empresas están al acecho. Se disputan por poseerla.

Los avances sustanciales en el conocimiento de los gustos y preferencias de los usuarios provocan nuevas batallas. Un largo recorrido cuyas huellas se perciben en la investigación pionera —se niega a envejecer— realizada por el sociólogo estadounidense Vance Packard. Las armas ocultas de la propaganda (1957), sintetiza los hallazgos más relevantes en el campo de la sicología, sociología, mercadotecnia, test sicométricos y su transferencia al marketing y la política. El libro dividido en dos partes (Como se persuade al consumidor, Como se persuade al ciudadano), muestra algunas tendencias sociales y tecnológicas hoy asentadas entre nosotros y sirve para ratificar que los verdaderos conejillos de india seguimos siendo los seres humanos.

CNBC

Como expone Packard en la introducción de su investigación, se trataba de esfuerzos “en gran escala y a menudo con éxito impresionante… para analizar nuestras decisiones en tanto que compradores, así como nuestros procesos mentales, mediante el uso de conocimientos extraídos de la psiquiatría y de las ciencias sociales”. El conocimiento del comportamiento humano ahora es más profundo y preciso. Con el agravante que la información —convertida en mercancía— se vende al mejor postor. Una búsqueda que no cesa. No importa que los mecanismos utilizados sean de lo más retorcidos. Los genetistas están de moda. Partiendo del axioma que todo tiene un precio, Facebook tiró los dados. Si la información puede ser comprada, es menos riesgoso obtenerla de esta manera.

Packard al visualizar el futuro, estaba persuadido que en los años venideros a la publicación de su libro, el mundo de la electrónica se convertiría en eje rector de las actividades vinculadas con el mercado. Los dueños de infotecnologías viven a la caza de todo tipo de información para aprovecharlas de múltiples formas. Su clientela inmediata son las empresas cada vez más urgidas de información relevante para el éxito de sus operaciones bursátiles. La visión de Packard —al señalar las tendencias sociopolíticas y tecnológicas inmediatas— confieren a Las armas ocultas de la propaganda, un estatuto privilegiado. Hoy la electrónica, engarzada con las telecomunicaciones, se señorea por el mundo. Marca pautas al mercado.

El mundo no puede vivir sin Facebook, Instagram y WhatsApp

Los propietarios de las redes no pueden alegar transparencia a su favor. Es lo que les ha faltado. Si su actuación a lo largo de estos años no estuviera salpicada de escándalos, gozarían de un mínimo de credibilidad. Un bien que no está en su haber. Su proceder arroja saldos rojos. Las ventajas con que operan en el mundo y las sumas multimillonarias que obtienen les estaba llevando a una condición de intocables. Es probable que su connivencia con el poder político podría crearles una situación especial parecida a la de AT&T. Al plantearse su desmembración, el gobierno estadounidense alegó a su favor que el 65% de sus comunicaciones por el mundo se realizaban a través de sus líneas. ¿Ocurrirá algo igual? ¡Espero que no!

Uno de las causas por las que Facebook desea adquirir esta información, se debe a que ha perdido un segmento del mercado. La fidelidad de los internautas ha disminuido. Facebook no quiere dejar su condición hegemónica. No quiere ceder ni un ápice del mercado. Los datos obtenidos pueden tener diversidad de usos. Ser utilizados por los fabricantes, comerciantes, políticos y militares. Los más exigentes en conocer el comportamiento de los usuarios, son los dueños de los emporios mediáticos. Cualquier cambio de conducta podría provocar impactos no deseados. Zuckerberg además de dueño de Facebook, también lo es de WhatsApp e Instagram, empresas que requieren permanentemente información. Facebook ahora la compra, ¡no la roba!