Opinion

Fidel Castro y su extraña relación con la historia

De motor del cambio Fidel Castro se ha convertido en factor retardatario

El pasado 13 de agosto Fidel Castro festejó su 90 cumpleaños, toda una hazaña de supervivencia teniendo en cuenta la grave crisis de salud que lo apartó del poder hace 10 años. El milagro, si se lo puede llamar así, es mayor considerando los innumerables intentos de asesinato orquestados por la CIA y algunos grupos anticastristas de Miami.

Con motivo del acontecimiento el escritor cubano Rafael Rojas publicó en El País el artículo “Fidel, un icono ‘kitsch’”, que reflexiona sobre el culto a la personalidad en torno a Fidel Castro y comparaba sus peculiaridades con otros casos más o menos similares. Una de sus principales conclusiones es la siguiente: “El culto a la personalidad de Fidel funciona como síntesis de un relato histórico que aspira a dotar al periodo de la revolución cubana de una perpetuidad, parecida a la del régimen colonial. Con la llegada de los Castro al poder, como nuevos colonos fundadores, habría comenzado la “verdadera” historia del país”.

Por su parte, Fidel Castro quiso recordar el evento con el artículo “El cumpleaños”, que de alguna manera confirma algunas ideas de Rojas en torno al papel de su Birán natal, a la figura de su padre o a su intento adánico de reescribir la historia cubana tomando la fecha de la Revolución como el momento clave del posterior desarrollo del país. Se pretende, de alguna manera, hacer tabla rasa con todo el pasado prerrevolucionario.

Tras una larga introducción autobiográfica Castro concluye su escrito exaltando a Rusia y China y criticando duramente a Barack Obama: “Grandes potencias como China y Rusia no pueden ser sometidas a las amenazas de imponerles el empleo de las armas nucleares. Son pueblos de gran valor e inteligencia. Considero que le faltó altura al discurso del Presidente de Estados Unidos cuando visitó Japón, y le faltaron palabras para excusarse por la matanza de cientos de miles de personas en Hiroshima, a pesar de que conocía los efectos de la bomba”.

Al margen de silenciar los especiales lazos que mantuvo con el arma atómica y su determinación de impulsar a la Unión Soviética a utilizarla si llegaba el caso, este artículo, muy en la línea de sus últimos escritos, confirma su peculiar relación con la historia. De alguna manera está convencido de que la historia ya lo absolvió, haciendo cierto su vaticinio de 1953, tras el fracasado ataque al cuartel Moncada. De ahí su pretensión de erigirse en pieza clave de la Revolución, como apunta su citado artículo: “[Yo[ ya había llegado a la convicción de que ninguna organización estaba preparada para la lucha que estábamos organizando. Había desconcierto total desde los partidos políticos que movilizaban masas de ciudadanos, desde la izquierda a la derecha y el centro, asqueados por la politiquería que reinaba en el país”.

Los festejos del 90 cumpleaños se venían celebrando en Cuba desde hace tiempo. Entre las iniciativas más memorables se pueden mencionar la sinfonía compuesta en su honor, la apertura de una página web para recordar su gesta y sus aportes revolucionarios, la inauguración de lugares de interés histórico o la peregrinación en bicicleta hasta su pueblo natal. De alguna forma estas actividades recuerdan el cumpleaños 80, en medio de su convalecencia. En ese entonces, se publicó el libro Absuelto por la Historia, con párrafos laudatorios de Juan Domingo Perón, Naomi Campbell, David Rockefeller, Arthur Schlesinger Jr., Robert Redford y otros representantes de Hollywood, junto a destacados intelectuales y políticos locales.

En esta ocasión el principal acto recordatorio se desarrolló en el teatro Karl Marx con la presencia de su hermano Raúl y el presidente venezolano Nicolás Maduro. Este último parece no tener serios problemas que atender en su país y puede permitirse el lujo de acudir a un acto privado en La Habana. La ceremonia volvió a mostrar el lado más kitsch de la política cubana y la forma en que se expresa actualmente el culto a Fidel Castro. El viejo dirigente entró al teatro en medio de fuertes ovaciones y atronadores gritos de “Fidel, Fidel” y el mucho más expresivo de “felicidades padre”.

Pese a estar apartado de la política activa Fidel Castro sigue intentando pesar en la política cubana. Sus intentos por torpedear el acercamiento a Estados Unidos iniciado por su hermano Raúl son más que evidentes. En realidad, si él siguiera al frente de su país el diálogo con Obama no se hubiera producido. Devenido en guardián de la ortodoxia revolucionaria, su figura es utilizada por aquellos sectores del régimen que sienten que pueden perder sus privilegios si las reformas siguen adelante. De motor del cambio Fidel Castro se ha convertido en factor retardatario. No sé si la historia lo absolverá, pero está claro que hoy el viejo Comandante marcha en la dirección contraria a las necesidades y urgencias de su pueblo.

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