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Francisco nombrará santo a Monseñor Romero

Ciudad del Vaticano.- El papa Francisco firmó el decreto del milagro por intercesión del arzobispo de San Salvador Oscar Arnulfo Romero, asesinado en 1980 por los escuadrones de la muerte mientras decía misa, y por el que será proclamado santo, informó la oficina de prensa del Vaticano. La beatificación de Romero se había proclamado ya con un decreto en el que se reconocía el “martirio” de Romero “in odium fidei”, es decir, que fue asesinado por “odio a la fe” y por tanto sin necesidad de un milagro.

El papa se reunió ayer con el prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, el cardenal Angelo Amato, para aprobar algunos decretos entre los que también se encontraba el del milagro para la canonización del papa Pablo VI.

El mártir salvadoreño monseñor Romero fue beatificado el 23 de mayo de 2015 en la capital de El Salvador ante cientos de miles de devotos y presidentes de varios países reunidos en la plaza Salvador del Mundo. La beatificación fue oficiada por el cardenal Angelo Amato, el enviado especial del papa Francisco, quien sí que celebrará la canonización de este santo.

Romero podría ser canonizado en el Vaticano junto con el papa Pablo VI a finales del próximo mes de octubre en Roma, al final del Sínodo de Obispos sobre los Jóvenes, convocado del 3 al 28 de octubre. Otra opción sería una posible canonización en El Salvador o en Panamá en enero de 2019, donde Francisco tiene previsto viajar para la Jornada Mundial de la Juventud.

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En marzo de 1994 se abrió el proceso de beatificación del prelado y tras concluirse su fase diocesana, que redacta el informe sobre la vida, en 1997 pasó a la Congregación de la Doctrina de la Fe para que diese su autorización. El proceso vivió una fase de estancamiento hasta que en 2005 la Congregación para la Causa de los Santos dio el visto bueno para que continuase, y con la llegada del papa Francisco en marzo de 2013 ha habido una aceleración de la beatificación de Romero.

La condición de “mártir” fue la que encontró más objeciones durante este proceso pues para un sector más conservador de la Iglesia beatificar a Romero habría sido como llevar a los altares a la Teología de la Liberación, corriente teológica que nació en la Iglesia católica en Latinoamérica, de supuestas ideas marxistas, y que se caracteriza por poner a los pobres en el centro de la Iglesia. Según esta condición de mártir “in odium fidei”, los teólogos no juzgan la posible intención política del asesinato del arzobispo, sino el intento de llegar al amor por la justicia y la predilección por los pobres que Romero manifestaba en su idea de Iglesia, de acuerdo con algunos testimonios recogidos en los fascículos del proceso. Para la canonización, sin embargo, era decisivo reconocer un milagro por su intercesión. Según palabras del cardenal Gregorio Rosa Chávez, el milagro atribuido al beato Romero fue la curación de un cáncer incurable de una mujer.

Rosa Chávez dijo que la canonización de monseñor Romero es “un regalo para el país, que vive tanta violencia”. “Es un día de gloria para el país, de júbilo y de esperanza (…). Sin duda, es un regalo para el país, una esperanza y una oportunidad para que el pueblo se una”, manifestó Rosa Chávez en una rueda de prensa.

El cardenal confesó que le sorprendió la noticia de la canonización, y que la misma “alegra a los feligreses que día y noche han rezado para que Romero sea un santo y haga milagros para el país”.

San Romero de América

 

Fotografía de archivo del año 1979 que muestra a monseñor Óscar Arnulfo Romero.

La “voz de los sin voz”, monseñor Óscar Arnulfo Romero, será canonizado a instancias del papa Francisco, quien firmó hoy el decreto que reconoce el milagro atribuido al religioso salvadoreño cumpliendo así el deseo de los fieles, para los que siempre fue “San Romero de América”.

Romero, aclamado en vida y tras su muerte, es el icono de El Salvador, el que levanta pasiones, el único capaz de reunir a miles de fieles en cualquier evento que se realice en su honor.

El papa Francisco, quien no ocultó nunca su admiración hacia Romero, firmó un decreto que reconoce el milagro atribuido al religioso, beatificado el 23 de mayo de 2015 en El Salvador en presencia de cientos de miles de personas llegadas de diversos puntos del planeta.

Romero, desde siempre santo para los salvadoreños, fue asesinado el 24 de marzo de 1980 por un comando de ultraderecha mientras oficiaba misa en la capilla del hospital de cáncer Divina Providencia de San Salvador.

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El arzobispo, nacido en el seno de una familia humilde en Ciudad Barrios el 15 de agosto de 1917, siempre destacó por su defensa de los pobres y por su denuncia de los abusos de los Derechos Humanos en los años previos a la guerra civil de El Salvador (1980-1992).

Implacable luchador por los más desfavorecidos, Romero sabía que lo asesinarían, según narran personas que lo acompañaron en su lucha, y así lo hacía saber a sus fieles seguidores, aquellos por los que dio la vida.

“Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño”, “que mi sangre sea la semilla de libertad y la señal de la esperanza”, “les ordeno en nombre de Dios: ¡cese la represión!”, son algunas de las frases más recordadas del mártir salvadoreño.

Romero dedicó 38 años de su vida a la Iglesia y al pueblo, desde que fuera ordenado sacerdote el 4 de abril de 1942, tras completar su formación teológica en la Universidad Gregoriana de Roma y de haber pasado por el seminario jesuita de San José de la Montaña.

De regreso en El Salvador en 1943, fue destinado a la parroquia de Anamorós, en el departamento de La Unión, y poco después, a la ciudad de San Miguel como párroco de la catedral y secretario del obispo.

En 1968 fue elegido secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador y ocupó el mismo cargo en el Secretariado Episcopal de América Central. El 21 de abril de 1970, fue nombrado por Pablo VI obispo auxiliar de San Salvador y recibió la consagración episcopal el 21 de junio.

Nombrado el 15 de septiembre de 1974 obispo de la diócesis de Santiago de María, monseñor Romero fue destinado a la Archidiócesis de San Salvador el 3 de febrero de 1977.

En 1979 fue nominado al Premio Nobel de la Paz, galardón que, aunque no le fue concedido, para sus compatriotas es “el nobel de El Salvador”.

La Comisión de la Verdad que investigó los crímenes ocurridos durante la guerra dictaminó en su informe de 1993, que Romero fue asesinado por orden de Roberto d’Aubuisson, fundador del partido Alianza Republicana Nacionalista (ARENA, derecha) y gobernó el país entre 1989 y 2009. Doctor “honoris causa” por varias universidades, Romero es homenajeado desde 2010 y cada 24 marzo en el Día Nacional de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, declarado por el Parlamento de El Salvador.

En posesión de numerosos premios, le fue concedida en 2010, a título póstumo, la orden del “Parlamento Centroamericano, Francisco Morazán, en grado de Gran Cruz”.