Opinión

Gabo apasionado del detalle

Las fronteras entre literatura y periodismo son infranqueables. Ambos reclaman escribir con el mayor rigor literario



El célebre autor de Cien Años de Soledad (1967) —su obra magna— pertenece al grupo de escritores que no separa la literatura del periodismo. Considera al reportaje un género literario como la novela, el cuento, el teatro y la poesía. El momento de hacerlo le llegó con la propuesta hecha por Maruja Pachón y Alberto Villamizar. Ambos deseaban escribir un libro sobre el secuestro que habían sido víctimas por el Cartel de Medellín. Durante un año pensó la oferta y emprendió la aventura cuando Pablo Escobar se fugó de la prisión de Envigado, el 19 de junio de 1991. La entrevista que le hizo Roberto Pombo resulta clave para conocer su pasión por el detalle. Enumera de manera prolija los inconvenientes que sorteó para escribir Noticia de un secuestro, (1996). El texto estaba armado cuando se dio cuenta que “era absolutamente incomprensible, incompleto y mínimo mientras no se conociera el contexto”. Terminó preguntándose que entendía él por contexto. Desanduvo el camino y reinició de nuevo la tarea de redactar un libro redondo como una pelota de futbol.

Su temor inicial era que se dejara arrastrar hacia la novela y terminara por confundir los géneros. Tenía que saltar vallas y no dar tumbos. Asumió el desafió y le sobrevino un nuevo contratiempo: enterarse que los nueve secuestros ejecutados por los sicarios de Escobar eran uno solo. La oferta inicial se vio rebasada. Su entrega lo condujo a grabar más de cien casetes e indagar entre decenas de personas. El reto siguiente fue reescribir el reportaje. Llegó a completar setecientas páginas. A esas alturas sabía que le sobraba a la investigación y que le faltaba. Con algunos toques el libro ya podía publicarse. Se abstuvo de hacerlo convencido que si se demoraba un poco, la historia iba a ser más completa, no en cuanto a episodios, sino en cuanto ambientación y caracteres. Suelta un proyectil inesperado: había llegado a la conclusión que el reportaje no es más que una noticia completa. Con el añadido que se trataba de una noticia contada de tal forma que el lector comprendiera todo lo que pasó realmente, como si hubiera estado ahí, como si fuera él quien la había investigado.

Para obviar reclamos y disipar dudas, el cronista adelanta que se atuvo estrictamente a los hechos y evitó utilizar cualquier licencia literaria. No era ese su propósito. Inventar los hechos y manosear los datos hubiese sido letal. Se hubiera precipitado a los abismos. Las fronteras entre literatura y periodismo son infranqueables. Ambos reclaman escribir con el mayor rigor literario. Los datos que aparecen en Noticia de un secuestro, los comprobó uno a uno y recurrió a una prosa en la que no se permitió ninguna metáfora por no engolosinarme y poder conservar el lenguaje austero de una crónica de periódico. Privilegió el tema de las negociaciones entre el presidente Gaviria y los secuestradores. La responsabilidad de los gobernantes en el ejercicio del cargo, comprende a que cuando un presidente lee el periódico no hay nada, ni un aviso clasificado, que no le concierna. Es el horror de los presidentes cuando leen un periódico: cada línea, cada página, tiene que ver con él y no puede eludirlo aunque se haga el tonto. Aunque en verdad muchos se hacen los pendejos o desentendidos.

A Gabo le apasionaban los detalles —una obsesión que se adhirió a su piel— acostumbraba decir que dejaba de pulir y reescribir, por la obligación que tienen los escritores de enviar sus libros a la imprenta. Le gustaba —muy propia de su talante— salir en persecución del dato hasta encontrarlo, viajar hasta los confines si fuese necesario. Sin la pasión por el detalle resulta imposible lograr historias sin cojeras, ni vacíos. Sus cuentos, novelas y crónicas son el resultado de un proceso de maduración y trabajo que requería años. Como los pintores, Gabo sabía que las grandes obras emanan de la pasión desmedida que palpita en sus entrañas. El verdadero arte está en los detalles más pequeños. En la escritura de Noticias de un secuestro trabajó mucho, como deben trabajarse todos los textos. Vuelve a repetir la vieja fórmula: Lo que pasa en un diario es que la noticia se guarda veinticuatro horas, en una revista —subraya— se guarda una semana, y yo la tuve guardada dos años. El detalle es requisito indispensable de toda gran obra. Se abstuvo de confiar que estaba escribiendo Noticia de un secuestro.

Una afirmación que se hace y no se valida en la práctica resulta demagógica, se transforma en un recurso trivial, deja en mal predicado a quien la vierte. Gabo era un escritor que sentía una pasión enfermiza por el detalle. El primer ejemplo al que recurro son dos notas de prensa —una publicada a finales de agosto y otra a principios de setiembre de 1991— lo suficientemente ilustrativas, en la búsqueda de la cuarta pata de mesa o la pata indispensable que la faltaba al trípode, como él mismo aduce. Para escribir Crónica de una muerte anunciada (1981), además de esperar muchos años, solo dio el paso cuando su amigo Álvaro Cepeda Samudio le regaló el dato que le hacía falta. Álvaro le confesó: Tengo una vaina que le interesa… Bayardo San Román volvió a buscar a Ángela Vicario. El hombre herido en su machismo había regresado a su mujer la misma noche de bodas, aduciendo que no era virgen. Jugarretas de la vida, volvió con ella después de veintitrés años. Gabo tuvo que esperar con paciencia de monje más de treinta para completar la historia.

Crónica de una muerte anunciada sirve como referente para establecer las diferencias entre el tiempo de investigación y el tiempo de escritura. La conciencia lúcida del escritor que no inicia su tarea mientras no disponga de los datos necesarios. Carlos Marx había adelantado que el método de exposición difiere del método de investigación. Muchísimos autores consagran años en búsqueda del vellocino de oro: el dato mágico imprescindible para lograr el gran parto; el hilo de Ariadna para salir del laberinto. Con la información de Samudio viajó dos veces a Manaure y en la segunda utilizó el mismo procedimiento del que se valió para escribir Noticia de un secuestro: volvió a escribir Crónica de una muerte anunciada. No arribó a ningún puerto. En otoño de 1979 en el Aeropuerto de Argel, mientras esperaba con Mercedes les llamaran para embarcar, entró un príncipe árabe con la túnica inmaculada de su alcurnia y un halcón amaestrado en el puño. Un zarpazo deslumbrante. Se acordó de Santiago Nasar y las artes aprendidas de su padre: la crianza de halcones. La historia estaba lista para contarse.

Este año 2017, celebratorio de los cincuenta de su enorme proeza como novelista —la aparición de Cien Años de Soledad— viajé hacia el momento que Gabo había encontrado su propio tono narrativo, los nombres de los personajes, el uso reiterado de la hipérbole y su pasión desenfrenada por el detalle. Los funerales de la Mama Grande (1962), contiene los cruces genéticos que lo emparentan con la familia Buendía, aparece Macondo, la ciudad de su invención, se refiere a las fiebres de las bananeras y se vislumbra el torrente fragoroso de su estilo inconfundible. La Mama Grande había cercado el círculo familiar, mediante los casamientos de tíos con sobrinas, primos con sobrinas y hermanos con cuñadas. Igual ocurrió a la familia Buendía. La Mama Grande, centro gravitacional de Macondo, como lo fueron sus hermanos, los padres y los padres de sus padres, ejercía una hegemonía que colmaba dos siglos. Todos pensaban que la matrona viviría cien años como su abuela materna, quien en la guerra de 1875 se enfrentó a una patrulla del coronel Aureliano Buendía.

El brujo detalla en forma minuciosa la herencia de la Mama Grande, dueña de la riqueza del subsuelo, las aguas territoriales, los colores de la bandera, la soberanía nacional, los partidos tradicionales, los derechos del hombre, las libertades ciudadanas, el primer magistrado, la segunda instancia, del tercer debate, las cartas de recomendación, las constancias históricas, las elecciones libres, las reinas de la belleza, los discursos trascendentales, las grandiosas manifestaciones, las distinguidas señoritas, los correctos caballeros, los pundonorosos militares, su señoría ilustrísima, la corte suprema de justicia, los artículos de prohibida importación, las damas liberales, el problema de la carne, la pureza del lenguaje, los ejemplos para el mundo, le orden jurídico, la prensa libre pero respetuosa, la Atenas suramericana, la opinión pública, las elecciones democráticas, la moral cristiana, la escasez de divisas, el derecho de asilo, el peligro comunista, la nave del Estado, la carestía de la vida, las tradiciones republicanas, las clases desfavorecidas, los mensajes de adhesión y tantas otras cosas que el portento no incluye, para que no sucumbamos ante tanto detalle.