Opinion

Golpe a los bolsillos de Facebook

El CEO del “país más poblado del mundo” no entiende de razones. Ahora que siente amenazados sus bolsillos empiezan algunos cambios.

La renuencia persistente de Mark Zuckerberg ha precipitado un boicot contra Facebook. Ni los reclamos de distintos sectores sociales ni su comparecencia en la Cámara de Representantes, demandándole una modificación en sus políticas operativas, han sido suficientemente disuasivas. Tampoco lo han sido las multas impuestas y reclamos de sus trabajadores.

Después de reconocer que se había percatado tardíamente de los millares de bulos que circularon y las cuentas falsas creadas durante la campaña electoral de 2016, se tenía la impresión que rectificaría. Una esperanza inútil. El CEO del “país más poblado del mundo” no entiende de razones. Ahora que siente amenazados sus bolsillos empiezan algunos cambios. La presión financiera está erosionando sus ingresos. Aspiran a que deponga su actitud.

Cuando Jack Dorsey decidió que no permitiría en Twitter mensajes de odio, Zuckerberg adelantó que él no procedería de manera similar. A lo sumo los etiquetaría con la advertencia que violaban las políticas de la red. Consecuente con su expresión Dorsey eliminó un tuit del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por hacer apología del odio.

Zuckerberg había dado un paso al frente con la creación de un Consejo Asesor de Contenidos (Oversight board). Abrigaba la esperanza que su disposición estaba encaminada a evitar que Facebook fuese la plataforma que seguidores de Trump y otros sitios falsos creados exprofeso, volvieran a plagar la red de fake news. Me desilusioné al saber que el Consejo Asesor entrará a funcionar hasta después de las elecciones presidenciales de noviembre–2020. No lo esperaba.

El hecho que no haya querido atender los llamados de organizaciones defensoras de derechos humanos, generó duras críticas en los medios de prensa de Estados Unidos. La diferencia ha sido diametralmente opuesta a la displicencia de su proceder en relación con las manifestaciones de rechazo a la discriminación y mensajes de odio, asumidos por The New York Times y The Wall Street Journal, algunos dicen que hasta con la complacencia de Zuckerberg. Camina a paso de tortuga.

Al calor de las protestas por el asesinato policial del negro George Floyd, el alto ejecutivo de Facebook argumentó que “las vidas de los negros importan”. No fue más allá de esta afirmación. Se esperaba un giro radical de su parte. Estados Unidos ardía en llamas condenando el asesinato y los mensajes de odio continuaban circulando en la red.

La simpleza del mensaje de Zuckerberg resultó hiriente para la sensibilidad de distintos estamentos de la sociedad estadounidense. Los expertos explicaron que muchísimos productos de Facebook han sido elaborados por personas racistas y provocadores partidistas. El Times se encargó de desmontar la expresión de Zuckerberg: “Es como si los jefes de McDonald’s, Burger King y Taco Bell se unieran para luchar contra la obesidad haciendo donaciones a una cooperativa de veganos, en lugar de reducir las calorías de sus alimentos”. Un tiro al codillo. Cuestionaban lo refractario por realizar mudanzas en la política de Facebook. Cómo no iba a ser cuestionable la indiferencia de Zuckerberg, cuando ciudadanos estadounidenses, en conjunto con gobernadores de distintos Estados de la Unión, promovían cambios en los protocolos policiales.

La crisis de Facebook renovó el debate sobre la incidencia de los algoritmos en la conducta de los usuarios. The Wall Street Journal hizo público un estudio interno de la empresa, revela que el 64% de los grupos y personas que visitaron la red, “lo hicieron porque los algoritmos de recomendaciones de Facebook los condujeron hasta allí”. Un estudio realizado en España sobre YouTube, además de confirmar esta realidad, constató que las redes polarizan los ánimos. Su alcahuetería es única.

Sus propietarios actúan solo para obtener más pesos y centavos. Muchísimos usuarios terminaron convirtiéndolas en rines de boxeo, en amplificadores de ofensas. Denigran, mienten y adulteran datos, a sabiendas del poco interés por poner coto a sus agravios. El bombardeo de usuarios de Facebook contra el movimiento Black Lives Matter ha sido incesante.

A cualquier persona con una mínima conciencia resulta repugnante mantener posiciones supremacistas. Una herencia de la que no han podido (o no han querido) librarse en Estados Unidos. El campeón del liberalismo discursivo mantiene posiciones retrógradas en el tratamiento que da a negros y migrantes. Una gran parte de su población critica cómo puede dictar lecciones de democracia y humanismo, un país que no acaba de librarse de los demonios del pasado.

Ven con desasosiego la desnaturalización que han sido objeto las redes sociales. ¿No será —me pregunto— que la forma que operaron en Túnez y Egipto sirvieron para advertir a dueños, políticos y militares sobre los peligros que encierra dejar que las redes operen con la debida libertad? ¿No pasó algo semejante con la televisión? La atenazaron.

Internet fue creada como herramienta de trabajo para el estamento militar estadounidense. El temor que el Estado Mayor del Ejército de Estados Unidos fuese objeto de atentados estimuló la necesidad de disponer de un dispositivo que evitase dejarlos incomunicados. La flexibilidad de la red le permite autocomponerse.

La telaraña sabe sortear los corto circuitos provocados en cualquiera de sus partes. Las diversas acciones contra Facebook intentan al menos evitar que siga mal disponiendo a blancos contra negros. La reacción de grandes empresas comerciales, industriales, manufactureras, automovilísticas, sanitarias, moda y calzado, indican cansancio y malestar. Un lógico rechazo. Los promotores del racismo, discriminación y odio no pueden tener carta abierta. Constituye un baldón para la humanidad.

El golpe económico recibido por Facebook produjo una caída del 8.3% de sus acciones. Cálculos preliminares indican que la empresa perdió USD 56.000 millones del valor de mercado y supuso una pérdida de USD 7.200 millones del valor neto del capital de Zuckerberg. El viernes 27 de junio las acciones cerraron a USD 216,08 después de alcanzar el martes anterior, un récord de USD 242,24. La situación adversa obedece al retiro masivo de grandes anunciantes.

Los números rojos fueron determinantes para que Zuckerberg dijera que no habrá exención de interés periodístico sobre contenidos que inciten a la violencia o supriman votos. Adujo que “si un político o un funcionario del Gobierno lo dice, si determinamos que el contenido puede conducir a la violencia o privar a la gente de su derecho a votar, vamos a quitar ese contenido”.

Zuckerberg ha rendido su rey. En casos donde se ofende al otro por tener un color diferente o se le discrimina por provenir de países empobrecidos, las redes no pueden actuar impunemente. En innumerables ocasiones violando leyes y principios éticos. A los estadounidenses aflige que Donald Trump no deje de alentar a los supremacistas blancos. El movimiento “StopHateForProfit” (Dejen de sacar beneficio del odio), acertó llevando sus objetivos más allá de las fronteras estadounidenses.

El gigante empieza a dar visos de cambio. El propósito es que las campañas odio desaparezcan y no encuentren aliento en la red. 160 de las mayores empresas anunciantes del mundo se han sumado para poner fin a la permisividad de Facebook. La estrategia para que Zuckerberg cambie de comportamiento está resultando exitosa.

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