Confidencial

“Gracias a Dios y al comandante”

Octubre de 2015 fue uno de los meses más felices que Ana María Siles ha vivido a sus 63 años. El gobierno del comandante Daniel Ortega le entregó construida —a través del programa social “Casas Para el Pueblo” — una pequeña edificación en su terreno localizado en el barrio Américas 3, en Managua. “Aquí estoy bajo mi techo gracias a Dios y al gobierno que me dio esta oportunidad”, agradece esta mujer, que interrumpe la faena lavando ropa por encargo.

Son seis personas las que habitan en esta casa de cascote y paredes de Plycem (paneles de maderas de pino). Las dos hijas de Siles, un yerno y dos nietos. Esta mujer menuda y llena de arrugas se siente menos vulnerable en esta casa, porque la que tenía antes con cada lluvia se inundaba. Antes de ser beneficiada con esta casa, Siles recibió láminas de zinc por parte de otro programa social del gobierno sandinista llamado “Plan Techo”.

“Solo logramos tapar una parte donde dormíamos. Con el tiempo, a los dos años, mi sorpresa fue que me dejaron una solicitud para que la llenara para las casas dignas. Y cumplieron”, dice Siles, quien asegura que tiene su carné de militante sandinista “porque le gusta votar por el presidente Ortega”.

Las hijas de Siles igualmente han sido beneficiadas con “Usura Cero”, otro de los programas insignias de la administración sandinista. Les prestaron cinco mil córdobas y abonan trescientos córdobas semanales a la deuda, que les sirvió para comprar cosméticos y comercializarlos. Sin embargo, la empresa duró poco. Es difícil mantenerla cuando en esta familia solo dos personas trabajan: el yerno y Siles, quien tampoco percibe un ingreso fijo lavando ropa ajena y vendiendo fritanga.

Hace dos semanas los funcionarios de la Promotoría Solidaria prometieron a Siles entregarle el Paquete Solidario, que consiste en granos básicos, cereales y aceite. En los barrios hay secretarios políticos que se encargan de realizar censos para determinar quién necesita uno de estos beneficios. Aunque en ocasiones son los mismos vecinos los que lo solicitan.

Los secretarios políticos llenan fichas y las pasan a sus superiores, quienes envían un supervisor a los barrios para constatar si en realidad los solicitantes tienen esa necesidad.

Ana María Siles vive con sus hijas, sus nietos y su yerno en la pequeña vivienda. Carlos Herrera/Confidencial

“La idea es evitar el amiguismo, porque el supervisor no tiene relación ni con los beneficiarios ni con los promotores y secretarios políticos”, relató una de las promotoras, que solicitó el anonimato porque su secretario político no le permitió hablar con Confidencial.

El parque La Biblia, en Managua, es escenario para la entrega del ‘Plan Techo’. Decenas de habitantes de los barrios Santo Domingo, Jonathan González, Largaespada, Candelaria y Memorial Sandino llegan hasta este sitio a retirar sus láminas. Rentan en conjunto viejas camionetas de acarreo para llevarse el beneficio. Sin embargo, no todos tienen apariencia humilde.

En la entrega realizada el siete de septiembre en el parque La Biblia, Imara Bermúdez trasladó en su camioneta Hi-Lux varias láminas de zinc con ayuda de un chófer y un militar. Se mostró nerviosa cuando la entrevistamos.

“Por una parte hay que darle gracias a Dios por el gobierno de nuestro presidente”, sostuvo, tras guardar silencio y sonreír. “Es una gran ayuda. Le damos las gracias porque este zinc lo vamos a ocupar”, agregó de forma escueta y se marchó.

Denuncian “abusos” en los barrios

Roberto García, Secretario Político adjunto del barrio Memorial Sandino, apenas nos concedió unas palabras, en las que soltó loas al gobierno del comandante Ortega por “preocuparse por los más pobres”.

En el barrio Loma Linda de Managua una promotora de “Usura Cero” dijo que no estaba autorizada para darnos información. “No puedo, no puedo”, repitió con miedo.

Yadira Medrano Silva ha vivido toda la vida en Loma Linda, y es una de las vecinas que critica a los secretarios políticos de esa zona. Ella agradece la Casa para el Pueblo que le proporcionó el comandante Ortega y la primera dama Rosario Murillo, y asegura que la pareja gobernante no sabe de los “abusos” que cometen los funcionarios del Frente Sandinista en el barrio.

“No te ayudan en nada, solo pasan cuando necesitan tu voto. Uno les ayuda y después te dan la espalda. Anduvieron entregando juguetes y a nadie le dieron, solo a quienes les caen bien. Eso no es así, porque Daniel y la compañera Rosario dicen que los juguetes son para todos los niños que necesiten para verlos alegre”, cuestionó Medrano Silva.

Esta mujer asegura que igual ha pasado con las sillas de rueda, los paquetes alimenticios, mochilas y, en algunos casos, con el “Plan Techo”.

“¿Qué hacen las cosas cuando hay gente que necesita? Deberían fijarse mejor a los políticos que contratan. Daniel y la compañera Rosario Murillo ayudan a todo aquel que necesita, a todos los pobres, pero los políticos trabajan mal”, aseguró Medrano.

Celia Rivas García también vive en Loma Linda y trabaja lavando y planchando. La mañana que la entrevistamos la encontramos con sus manos blancas debido al jabón. Trabajaba con “una tarea” para entregar después del mediodía. Es de voz y gestos tímidos, pero asegura que ha visto a promotores “vender los paquetes de comida a cien pesos”.

“Yo he visto que ellos pasan en un carro vendiendo las provisiones que les quedan. Adonde mi hermano les compraron dos bolsas, y yo me dije qué raro, porque él no necesita. Y a la gente que necesita no le dan”, aseguró Rivas.

La casa de Rivas está destartalada. Relató que su hijo participaba activamente como militante del partido. Iba a las reuniones y ayudaba a repartir los beneficios de los programas sociales. Sin embargo, el joven decidió salirse de la organización sandinista porque le demandaba mucho tiempo. “Perdía clases”, dijo Rivas. Desde ese entonces, esta familia dejó de recibir el paquete alimentario. Las láminas de zinc todavía siguen siendo una promesa. “Hay que ser sandinista para que te den”, agregó.

Pero no todos son reclamos. Jacqueline Rodríguez vende tortillas en Loma Linda y asegura que todos los que necesitan son beneficiados por los programas sociales sin distingo partidario. Por ejemplo, a ella la beneficiaron con diez láminas de zinc y puede ir a vender tortillas a la feria familiar que organizó Rosario Murillo en Managua.

“Con estas ayudas, pues, no es que voy a salir de la pobreza, pero trabajo más y tengo techo”, dijo Rodríguez.

Al otro lado de Managua, en las Américas 3, Ana María Siles se siente “menos pobre” al tener una casa para el pueblo. “Yo me siento alegre. Cuando me despierto siento que estoy bajo el techo de mi casa y no como antes que nos mojábamos”, asegura.

No obstante, a Siles le gustaría que el gobierno del comandante Daniel Ortega le ofreciera otro tipo “de oportunidades, como montar un negocito” en mi casa. Ya lavar ropa y planchar le resulta dificultoso debido a sus viejas articulaciones. Por ahora, Siles vuelve al lavandero a fregar ropa ajena para poder pagar las nueve facturas de energía eléctrica que tiene pendientes.

¿Desarrollo social, o asistencialismo?
  • Condicionamiento: “La gente se apunta a los programas, falsificando su identidad política”

Las personas deben ser censadas antes de recibir alguna ayuda para determinar el grado de necesidad. Carlos Herrera/Confidencial

El 15 de octubre de cada año, al presentar el proyecto de Presupuesto General de la República para el siguiente año, el ministro de Hacienda de turno se ufana por las grandes sumas destinadas a ‘gasto social’, incluyendo en ese rubro los proyectos sociales del gobierno, tal como ‘Hambre Cero’, ‘Usura Cero’, ‘Plan Techo’ y ‘Casas Para el Pueblo’.

Sin embargo, ocho años después de estar en ejecución, las propias encuestas oficiales indican que esos programas han tenido poca incidencia en sacar de la pobreza a grandes cantidades de nicaragüenses, mientras los investigadores sociales independientes consideran que en vez de servir para el desarrollo del país, están reforzando un patrón de ‘asistencialismo’.

“Los programas asistencialistas no se preocupan mucho por las capacidades que pueda desarrollar la gente, por las habilidades, por generar conocimiento y sobre todo, capacidad”, asegura Selmira Flores, directora de los Programas de Investigación del Instituto Nitlapán.

“Esa es la gran diferencia con los programas orientados al desarrollo, que sí buscan el desarrollo del potencial humano. El otro es solo proporcionar algo. Es una ayuda, una ayuda y nada más. No se preocupa por lo que hay más allá de los seres humanos”, añadió.

La experta explica que un programa de desarrollo apunta a crear capacidades en la gente. “Se transfieren ciertos tipos de recursos, bajo el supuesto que van a permitir que las personas puedan ser más productivas, puedan llenar aquellos espacios que no tienen, o puedan tener aquellos elementos que les hacen falta, para poder desatar el potencial que la gente tiene”.

Por su parte, el economista y ex candidato presidencial, Edmundo Jarquín, interpreta que un programa asistencialista es aquel que alivia las necesidades de las personas.

“Un programa que ayude a la erradicación permanente de la pobreza debe tener características que ayudan, en términos de generación de oportunidades, a que las personas en condición de pobreza, de manera sostenible y por sus propios medios, salgan definitivamente de la pobreza”, definió.

Fallas de diseño

En opinión del economista Jarquín, algunos de los programas del gobierno fallaron por razones de un diseño defectuoso, y por estar condicionados a un tema de lealtad política. “Los programas sociales condicionados a determinadas metas y resultados, ayudan a que las personas salgan definitivamente de la pobreza”, abundó.

“Algo semejante ha sido el programa ‘Hambre Cero’ en su diseño, que trataba de darle a las familias, a través de una vaca, un cerdo, de gallinas, una fuente de ingreso adicional, relativamente permanente, pero si eso no va acompañado de otro tipo de programa, la familia termina, como hemos visto en varias partes de Nicaragua, vendiendo las gallinas, la vaca, los cerdos, y por tanto, quedándose sin una fuente permanente de ingresos”.

Eso lleva a que “ese programa termine siendo de alivio, asistencial, para las necesidades inmediatas de esas familias, pero no contribuye de manera permanente a la generación de oportunidades que permitan a las personas salir de la pobreza, de forma estable y sostenible”, valoró.

“Otro rasgo de las políticas sociales exitosas, es que se aplican de manera indiscriminada a un conjunto poblacional que reúne determinadas características de pobreza. Cuando se condiciona partidariamente, se establece una discriminación odiosa. En segundo lugar, la gente tiende a apuntarse a esos programas falsificando su identidad política, y por tanto, tomándolos más como un alivio para necesidades inmediatas, y no como una oportunidad para salir permanentemente de la pobreza”, explicó.

La investigadora Flores, de Nitlapán, opina que “si queremos avanzar más, necesitamos trascender esta idea de que el partido tiene que controlar todo. Yo puedo entender que un partido político esté interesado en capitalizar su periodo de gobierno, pero creo que la mejor manera de lograrlo es haciendo las cosas de manera acertada. Que sus acciones hablen más que el discurso”.

El plan de Apoyo Productivo Agroalimentario
  • El análisis de Nitlapán

Plan Techo es uno de los programas que más ha sido promocionado por el gobierno de Ortega. Carlos Herrera/Confidencial

Nitlapán hizo un análisis de resultados de Apagro, el programa de Apoyo Productivo Agroalimentario, también conocido como Hambre Cero, encontrando tres tipos de cambios entre los receptores: crecimiento del hato; mayor producción de leche y carne para consumo de los hogares, y que 23% de las familias habían reducido el trabajo asalariado temporal o permanente.

La interpretación que hicieron es que “este tipo de activo, manejado con algún acompañamiento periódico a lo largo de cinco años, permitió que la familia se concentrara y comenzara a trabajar más los recursos que se le habían habilitado”, explicó Flores.

“Cuando hicimos el análisis de los ingresos, vimos que se habían incrementado, pero no lo suficiente como para sacar a la gente de la línea de la pobreza. Para poder sacar una familia de la extrema pobreza, o para superar el umbral de la pobreza, necesitás más recursos y más acompañamiento. Más acciones complementarias”, añadió.

En este caso, los temas clave son el tiempo y el acompañamiento mismo. Transferir un recurso, sea crédito, asistencia técnica, (o aun el bono productivo alimentario), sin un proceso de acompañamiento en el tiempo, también es insuficiente.

“Para tener resultados, para sacarle el mejor provecho, tendríamos que pensar en procesos de acompañamiento más integrales, procesos que complementan otra serie de acciones, pero también habría que considerar entender mejor las dinámicas en que están envueltas las familias”, dijo la experta.

“Muchas veces pensamos que en el sector rural, basta con llevar iniciativas para apoyar a las familias en el trabajo agrícola, asumiendo que la gente en el campo vive de la agricultura. Eso es cierto, pero no es cierto que solo viva de la agricultura. La gente, en medio de su condición de pobreza, va buscando distintas opciones. Hay que entender que la pobreza tiene causas múltiples”, invitó.

Baja incidencia en la reducción de la pobreza
  • Las evaluaciones de Fideg y el ICEFI

Sendos estudios conducidos por la Fundación Internacional para el Desafío Económico Global (Fideg), y por el Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (Icefi), muestran no solo el limitado alcance de los programas estrella del gobierno de Nicaragua, sino también que en gran medida, estos terminaron beneficiando a personas que no eran pobres.

“Si bien en el año 2015 en promedio el monto de los créditos otorgados por Usura Cero fue C$8,179.6 –lo que es bastante menor al monto promedio del total de los créditos otorgados a través de las distintas fuentes- se debe tener en cuenta que del total de hogares beneficiados por el programa, el 79.6% eran hogares no pobres, lo que indica que hay bastante espacio para mejorar la focalización de Usura Cero”, señala Fideg en el Informe de Resultados de la Encuesta de Hogares 2015.

Por su parte, en el estudio ‘Incidencia de la Política Fiscal en la Desigualdad y la Pobreza en Nicaragua’, el Icefi detalla, en referencia al programa ‘Hambre Cero’, que el 65.1% de los beneficios los recibe la población en pobreza, lo que implica que “alrededor del 35% de los beneficios de este programa son entregados a familias que no son pobres”.

El documento detalla que “el programa de transferencias directas ‘Hambre Cero’ contribuye positivamente a mejorar el ingreso, pero su aporte es poco significativo y focalizado principalmente en el área rural”.

“En general, como consecuencia de este programa el ingreso de mercado se incrementa en 0.2% y 0.5% a nivel nacional y en el área rural, respectivamente”, añade, aclarando que ese programa no parece reflejar acciones focalizadas en reducir la pobreza, pues atiende tanto a beneficiarios rurales de escasos recursos, como a otros con mayores ingresos.

También explica que “un caso más dramático es el programa de transferencias ‘Usura Cero’, pues su efecto es casi nulo en el área urbana y completamente nulo en la rural”. Esto se explica porque “el monto de gasto público asignado a las iniciativas de asistencia social directa es relativamente bajo: representa, en conjunto, únicamente un 0.1% del producto interno bruto (PIB)”.

A pesar de la importancia que se le otorga en las esferas del oficialismo a todos estos programas, es notorio que no haya más datos y estudios más extensos que permitan conocer el alcance de esos programas, y ni siquiera los montos invertidos a lo largo del tiempo.

Tampoco existen estudios independientes que permitan corroborar la cantidad de personas beneficiadas, su filiación política, su clasificación como pobres o no pobres, los montos ejecutados, las cantidades que quedaron sin ejecutar, y los presupuestos aprobados para cada año.

Aunque entidades como el Icefi explican las ‘desviaciones’ de algunos de esos programas (o sea, qué porcentajes sirvieron para beneficiar a personas que en realidad, no eran pobres), el estudio se aproxima a este tema más bien desde la óptica de la fiscalidad.

Por su parte, el Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (Ieepp), también aborda el tema, pero en el contexto de las reformas fiscales ocurridas en el periodo 2009 – 2013, a propósito de la crisis financiera global de finales de la década pasada.