Opinión

Gran canal, gran estafa

Marcha campesina

El movimiento campesino contra las expropiaciones está canalizando el descontento nacional sobre el engaño del canal



El cuento chino del canal es la mayor estafa que hasta la fecha ninguno de los muchos bribones que pueblan la historia de Nicaragua ha podido igualar y menos aún superar. Las cadenas de quiebras bancarias que –en parte, sólo en parte porque la crisis del café fue el detonante- desencadenó Arnoldo Alemán y todas las corruptelas de las subsiguientes ventas de carteras tasadas muy por debajo de su valor fueron raterías menores comparadas con los millones que puede redituar el embuste del canal. Podemos atisbar la magnitud de la estafa: la proporción entre el tamaño del proyecto arroja una idea de los beneficios potenciales. El Sha de Irán se gastó 22 millones de dólares en unos festejos en Persépolis para evocar los días gloriosos del imperio persa. Los nazis construyeron imitaciones de la gloria romana. Derrocharon millones de marcos en una arquitectura fastuosa para pavonearse ante el mundo y mostrar que la tercera edición del sacro imperio romano-germánico no era pura retórica. La segunda edición del Ortegato, con su proyecto canalero, no tiene pretensiones de gloria ni de evocar un pasado apoteósico. Ahí sólo hay una oportunidad de saqueo de nuestros bolsillos y quizás de los de algún incauto inversionista. Según el sapo es la pedrada: gran canal, gran estafa.

¿Quiénes son los ganadores?

Sabemos quiénes seremos los perdedores: los nicas que pagamos impuestos y las decenas de miles de expropiados, desplazados, vapuleados y, si las cosas siguen por el carril que llevan, asesinados. Ignoramos quiénes son los mayores ganadores: ¿Ortega-Murillo and limited family, Wang Jing, otros especuladores que trabajan en la sombra, los empresarios nicas que cortejan a Ortega y se acercarán como serviles carroñeros al humo de las velas y los cañones? No sabemos qué fue lo que realmente negociaron Ortega y Wang Jing. Quizás ambos están acechando que aparezca un avaricioso inversionista -tonto de remate- al que venderle el proyecto. ¿Son socios de buena fe? No sabemos si Ortega es un tonto útil de Wang Jing. Lo contrario me parece menos probable. En este terreno nos internamos en un estrecho dudoso tapizado con un laberinto de espejos donde no sabemos quién embauca a quién. Para no llamarnos a engaño, estemos seguros de que habrá estafa y no habrá canal, aunque no sabemos hasta dónde llevarán la farsa.

La reacción ante el cuento del canal ha sido tan diversa como la sociedad receptora del anuncio. Un sector de los empresarios se frota las manos pensando en los inminentes y ya existentes contratos. Ha habido y habrá mucha carnita para ellos aunque no haya canal: servicios legales, venta de materiales de construcción, quizás algunos contratos de construcción, tal vez algún aeropuerto, vías de comunicación -en zonas antes mal comunicadas- que serán una especie de subsidio estatal para los empresarios –orteguistas activos y pasivos- que “por casualidad” ya tenían propiedades cercanas al área del canal o los que han tenido el buen olfato de comprar ahorita, con la misma estrategia de Vito Corleone: haciendo una propuesta que los campesinos no pueden rehusar. La empresa privada está lista para salir con las manos limpias de uno de los negocios más putrefactos de nuestra historia. Después dirán que ellos no hicieron correr la sangre ni aprobar la ley y que en el fondo se oponían, pero nadie les quitará lo bailado, lo vendido ni lo robado. A estos empresarios, y con su misma reacción, hay que agregar los tecnócratas que ya han empezado a vender sus servicios como expertos en diversas ramas: ingenieros, ambientalistas, biólogos, arqueólogos, etc. Todos llegan al canal de rica miel como las dos mil moscas de la fábula de Samaniego que acudieron al panal. Ojalá queden todos los golosos con sus patas presas en él.Desconocemos su destino. Sólo sabemos que ya empezaron a libar.

No son las únicas reacciones. No faltan los embobados que se tragan el cuento con todo y cáscara, sin tener parte ni beneficio. En este grupo hay bípedos implumes de todo tipo de pelaje: profesionales, pueblo llano, orteguistas, no orteguistas y anti-orteguistas. El canal es un poderoso mito en la historia de Nicaragua. Y para muchos nicas resulta atractivo pensar que así como los países pobres de la OPEP descubrieron que la suerte les lanzó una negra sonrisa en forma de pozos petroleros, también a Nicaragua algo tenía que sucederle pa’salir de pobre. Et voilà: el canal esperado por siglos. Podemos descartar la hipótesis de que Ortega crea de verdad en el canal y sus efectos benéficos para el país. Ese supuesto se desploma desde el momento en que aparece Telémaco Talavera como portavoz del proyecto. Es obvio que la política de purgas y rotación de altos cargos ha privado al FSLN de sus cuadros medianamente capaces, pero su staff no acusa un estado tan paupérrimo como para colocar a Talavera en un proyecto que se precie de su seriedad y eficacia. ¿Imaginan a Capulina como actor protagónico de La lista de Schindler? ¿Alguien puede imaginar a Carlos Pellas negociando con Talavera? Aquí lo que hay que preguntarse es qué tanto saben los que se le corrieron a semejante chamba, los que se negaron a convertirse en presta-nombres, presta-voces y presta-reputaciones del magno proyecto histórico.

También tenemos la reacción de quienes con acierto reconocen señales ominosas en un mega proyecto que arranca con nula transparencia, concede derechos monumentales e inauditos a un extranjero de dudosa catadura y se empieza a ejecutar con abusos y militarización. Por desgracia muchos vigores dispersos de la protesta se han enfocado en los hipotéticos daños ambientales en lugar de centrarse en la estafa que sí habrá. Aquí podemos palpar el arrastre del mito canalero, precisamente en quienes se oponen al canal en su versión orteguista. A muy pocos de ellos y ellas se les ve protestar contra la deforestación, el impacto de los monocultivos, el uso inadecuado de pesticidas, la contaminación del agua y los muy reales daños de la minería –quizás por no tocar los intereses de las élites de la que algunos proceden-, pero sí por los todavía no visibles daños ambientales del canal. De modo que la forma que adopta su oposición termina –a contrapelo de sus clamores- por legitimar la fe en que sí habrá canal. Si alguien ofrece un dinero que obviamente no dará, luchar contra ese engaño diciendo que el dinero tiene dudosa procedencia sólo trasmuta el dilema: ¿será que tiene o que no tiene mala procedencia? El problema es el engaño de base y no la procedencia de fondos que nunca serán entregados, porque es obvio que no faltarán aquellos a quienes tanto la mala procedencia como los daños ecológicos les tengan sin cuidado.

El movimiento campesino

Los campesinos que marcharon en Nueva Guinea el pasado viernes 22 de abril no pertenecen a ninguno de estos grupos: no son ganadores, no están embobados y no los inspira la bandera del medioambiente. En todo caso los empuja el miedo en el ambiente. No los mueven exquisiteces como la institucionalidad y la transparencia. Los mueve la tierra que trabajan y les quieren arrebatar. Las tendencias suicidas del régimen orteguista están rozando una hebra muy sensible. Debería ser muy alarmante para el dúo Ortega-Murillo que nadie en su círculo les advierta que le están tocando los huevos al tigre y que han regalado a la oposición el más incuestionable estandarte de lucha, el único capaz de (literalmente) canalizar los malestares de diversas magnitudes y colores políticos. La variopinta oposición al FSLN difícilmente hubiera encontrado una bandera común y con arrastre popular, en gran medida porque está principalmente compuesta por clubes de amigotes que de Nicaragua sólo conocenlos macuás que les sirven en sus bares y la roya de sus cafetales, y de ésta no más que la versión de sus administradores. A diario se palmean mutuamente las anchas espaldas para sentir que son muchos. Sus denuncias sobre los atropellos a la institucionalidad, fraude y el uso de los fondos ALBA, estuvieron muy lejos de suscitar el repudio visceral y masivo que dispara la voluntad de expropiar. De hecho ni siquiera los alegatos en pro de lasoberanía nacional y la acusación de vende patrias han tenido el impacto ni los decibelios que emanan deesta alarma. Después de una década de oposición al orteguismo, repitiendo los mismos “ismos” –clientelismo, absolutismo, totalitarismo, danielismo- a los que los tímpanos de la diplomacia y cooperación externa son hipersensibles, la oposición recibe en bandeja la cabeza bífida del orteguismo. ¿Nadie advierte del peligro a Ortega y Murillo? ¿Sus asesores les dicen que campesinos se calzaron las botas de hule para la marcha y que dejaron en casa los zapatos Prada que se compraron con los fondos del imperialismo yanqui que los financia? Mala señal para la pareja que nos gobierna. Es posible que en la alta cúpula del FSLN algunos ya estén sintiendo el aroma del cadáver que estaban esperando para tomar el relevo. Quizás en este momento Aminta Granera esté explicándole a Rosario Murillo que la Policía Nacional no tiene capacidad para enfrentar el levantamiento que se está gestando, que los campesinos son irrefrenables cuando son movidos por la ira, que las torturas y detenciones ilegales no han funcionado y no pueden ser multiplicadas ad infinitum. ¿O no? ¿También Granera calla y está esperando ver rodar esas dos cabezas? ¿Cuántos más van a cosechar el coraje de los campesinos?