Opinión

¿Gran coalición opositora?

La Alianza está clara que no se propone luchar. Por ello, piensa que se fortalece simplemente con una restructuración burocrática interna



Si no hay negociación con Ortega, la Alianza Cívica tiende a desaparecer antes de tiempo. Es lógico que así sea porque no es un aparato político, sino, un grupo artificialmente acoplado exclusivamente para negociar.  En consecuencia, dado que un grupo semejante constituye una aberrante idea, que supone que una negociación política no sea conducida por políticos con unidad de criterios estratégicos, sino, por supuestos gremios (en realidad, por individuos seleccionados a dedo), ocurren dos fenómenos previsibles ante la falta de negociación.

De organización con una única función a organización permanente

El primer fenómeno, es que la Alianza aspire a dirigir a la oposición, y modifique su perfil exclusivamente negociador, convirtiéndose en una organización política. Pero, ello implicaría ir al encuentro de una ideología, en cuya empresa, por sus intereses disímiles, se fracturarían entre distintas alternativas. Por instinto burocrático, la opción más probable de supervivencia es que se conviertan en una organización ambigua, extremadamente burocrática, de corte institucional, para encabezar formalmente a la oposición, pero…, por fuera de las luchas políticas.

Este intento, revela el temor de los grandes empresarios a la iniciativa independiente de las masas, a sus luchas por una transformación cualitativa de la sociedad, que seguramente afectaría sus intereses dado que los privilegios que demandan del Estado no coinciden con una democracia plena. Ello deriva en una búsqueda apremiante de una solución a la crisis con cambios cosméticos, ejecutados por mutua conveniencia con Ortega. Su consigna sería que la única salida es negociar con Ortega (con ellos de negociadores).

El problema estriba en que Ortega, sin mayores cálculos, comprende que perder un mínimo de su poder brutal, al final de la ecuación le producirá elevados riesgos personales, ya que la Alanza no puede garantizar que el proceso transformador se detenga en los cambios cosméticos acordados. Si debe ceder, Ortega prefiere negociar con la fuerza arrolladora, ante una derrota inminente.

Sin lucha de masas, los acuerdos con Ortega, como el agua estancada, son proclives a incubar zancudos. En la medida que la salida que ofrece la Alianza le niega protagonismo a la lucha de masas, arriesga que su plan sea visto como una variante taimada del zancudismo, volviéndose repudiable de manera irreversible.

Ampliar el consenso burocrático

El segundo fenómeno consiste en la pretensión del resto de organizaciones de fagocitar a la Alianza Cívica en una Coalición Nacional Opositora, que terminaría por capturar para sí la relevancia actual de la Alianza, que consiste en el reconocimiento de parte de la OEA como el único interlocutor válido de Ortega. Sin lo cual, la Alianza es un grupo de personas heterogéneas sin vínculo alguno, como un manojo de leña suelto. Por ello, la Alianza es totalmente dependiente de la estrategia foránea, de ese reacomodo de intereses geopolíticos, con su propio ritmo diplomático.

El reconocimiento de la OEA a la Alianza, no tiene otra razón de ser que el país no ha generado una alternativa de poder. Pero, tal reconocimiento no es una razón para no gestar dicha alternativa política, ya que el cambio democrático debe producirse a partir de nuestras contradicciones internas esenciales entre las fuerzas sociales y la dictadura, como forma de gobierno, y con respecto a su modelo económico, corrupto, extractivo, agroexportador de materias primas sin valor agregado, improductivo, burocrático, que involuciona el desarrollo de las fuerzas productivas, y que ha desperdiciado en gran medida el bono demográfico de la juventud.

Estas dos alternativas superficiales, entre la Alianza y la Coalición Nacional Opositora (propuesta por la UNAB), entretienen la política estéril del momento.

La conformación de un Estado dictatorial en miniatura

Sin embargo, la Alianza Cívica lanzó un comunicado el 16 de agosto, titulado “Fortaleciendo nuestra organización”. En él anuncia que se ha restructurado, y que ha creado seis comisiones de trabajo para que hagan propuestas al plenario, que las debatirá y, si es el caso, las aprobará o modificará, para que el Consejo Ejecutivo, de ocho miembros, las ejecute. O sea, un Estado en miniatura. Las comisiones vienen concebidas como pequeños ministerios. Y se ha nombrado, incluso, un primer ministro (llamado Director Ejecutivo) y un presidente honorario (llamado Coordinador General).

No es un partido político, es la copia a mano del esqueleto de un Estado burocrático químicamente puro, seguramente dictatorial, donde la voluntad de las masas no cuenta, llamadas únicamente a brindar apoyo como posibles comparsas.

Estas son las comisiones o ministerios:

  • Inclusión, para incorporar nuevos miembros y ampliar la representación de la Alianza Cívica;
  • Gestión política, encargada de alianzas y reformas electorales para alcanzar elecciones observadas, libres, transparentes y adelantadas;
  • Relaciones Internacionales, para coordinar la lucha en el frente internacional;
  • Comunicación y posicionamiento;
  • Administración;
  • Verificación y seguridad que atenderá los temas Justicia y Derechos Humanos para continuar la consecución de la justicia para las víctimas y sus familiares.

Es una organización neutra, estéril, políticamente no representa a nadie, como un club de lectores, posiblemente, con cierta membresía. Por equivocación, la Alianza hace mención a luchas en el frente internacional. Debó referirse a gestiones en el frente internacional, dado que la palabra lucha no cabe en su plan, visto que toda lucha obliga a adoptar una identidad de principios, unos objetivos, una estrategia. Y, cuando se debe luchar, las formas organizativas, por supuesto, no se anteponen, sino, que se adecúan a la estrategia.

La Alianza está clara que no se propone luchar. Por ello, piensa que se fortalece simplemente con una restructuración burocrática interna, que le dé la apariencia de una organización permanente. Y piensa que ampliaría su representatividad por inclusión, es decir, porque la gente adhiera a su organización (como a los viejos partidos de la oligarquía) sin identidad de principios, sin objetivos, sin estrategia de lucha.

No pretenden convertirse en un agente de las luchas de las masas. Por ello, piensan, que las masas se limitarán a adquirir un carné de la Alianza, para acatar, en algún momento, su llamado a votar.

Si mediante una encuesta se consulta al pueblo, se podrá comprobar que la gente se propone derribar a Ortega para refundar el país, no inscribirse en la Alianza para darle mayor representatividad.

¿A quién representan los miembros del Consejo Ejecutivo?

El Consejo Ejecutivo estaría compuesto por los siguientes representantes:

  • Del sector estudiantil;
  • Del sector laboral;
  • Del sector campesino;
  • De la Costa Caribe;
  • Del sector académico;
  • De la sociedad civil;
  • Del sector privado;
  • Del sector político

Salvo el sector campesino, que efectivamente está parcialmente organizado, y que cuenta con sus propios dirigentes; y salvo el sector de los grandes empresarios, que está organizado y que cuenta con sus propios dirigentes; el resto de sectores ni está organizado ni cuenta con representantes. De modo, que resulta demagógico, y hasta cierto punto es vergonzoso, que alguien se presente como representante del sector laboral, o de la sociedad civil, cuando han sido escogidos a dedo en su carácter estrictamente personal, por la propia Alianza.

Seguramente, el representante del sector campesino ha dado un salto político en las actuales circunstancias, y ahora tiene conciencia, con su gente, que representan un esfuerzo nacional por un cambio progresivo de sociedad, mediante la movilización combativa al lado de los obreros y de los pobladores.

Organizar de verdad a esos sectores, e incorporarlos de verdad a la lucha política, es la tarea por hacer, por medio de una estrategia y un programa combativo (*). La demagogia es una característica inequívoca de una agrupación zancuda, que intenta engañar políticamente al pueblo fingiendo que cuenta con una fuerza capaz de derrotar a la dictadura sin lucha alguna y, por lo tanto, sin estrategia.

Nunca un trabajador consciente puede compartir con un empresario una organización con fines políticos. Puede coincidir, separadamente, en un plan de acción.

Quien dice representar a los trabajadores en la Alianza, ¿qué representa? ¿La conciencia sindical de los trabajadores o la conciencia política? Porque, sindicalmente debería, entonces, enfrentar el modelo económico de la oligarquía y, políticamente, los trabajadores no delegan en nadie, sino, que se representan a sí mismos por medio de sus luchas, con sus propias organizaciones formadas expresamente para el combate (en las cuales, tienen presencia los partidos políticos con militantes que luchan desde el seno de las masas).

Este Consejo Ejecutivo ha sido concebido con el mismo criterio feudal que usó la Conferencia Episcopal para conformar a la Alianza. La representatividad sólo puede ocurrir mediante delegación expresa para alcanzar un objetivo, con rendición de cuentas hacia los representados, no hacia la Alianza que los escoge a dedo. He ahí, otra vez, la disyuntiva entre democracia combativa centralizada y dictadura burocrática.

*Ingeniero eléctrico
(*) Por espacio, este artículo no aborda ni la estrategia ni el programa de combate.