Confidencial

Grito por la libertad de los presos políticos

Los 400 reos políticos encerrados en distintas cárceles de Nicaragua volcaron a miles de centenas de ciudadanos a las calles de Mangua este miércoles para demandar al gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo su liberación. Después de semanas de retraimiento de la protesta social debido al terror infundido por los paramilitares y las detenciones arbitrarias de la Policía Nacional, las consignas rebeldes y las banderas azul y blanco regresaron sin recato en una marcha nacional, que partió desde la rotonda Cristo Rey, atravesó los golpeados Barrios Orientales, y concluyó en la rotonda la Virgen con el grito “¡Libres se los llevaron, libres los queremos!”.

La marcha nacional inició a las diez de la mañana, al mismo momento que el líder campesino Medardo Mairena –uno de los presos políticos más conocido– era presentado ante un juez. El grito por Medardo, el campesino que ha luchado contra el proyecto canalero y organizó los tranques durante esta rebelión cívica, tronó en la masiva manifestación. Pero también tronaron los nombres de Irlanda Jérez, la comerciante que instó a sus compañeros del mercado Oriental a la desobediencia fiscal; los de Cristian Fajardo y su esposa María Adilia; y los de Brandon y Glen, acusados por el asesinato del periodista Ángel Gahona. Guadalupe Sánchez también gritaba el de sus dos hermanas, Yolanda y Patricia, a quienes los paramilitares capturaron el siete de julio.

“Las exhibieron en todos los canales de televisión del gobierno. Ahora han pasado tres audiencias y han sido suspendidas porque no hay pruebas de nada. Las acusan tenencias de armas y terrorismo”, aseguró Guadalupe Sánchez. “Mis hermanas andaban dejando una comida donde unos sobrinos, y las bajaron de la ruta 111 y la agarraron los paramilitares”.

Patricia Sánchez Moraga y Yolanda del Socorro Sánchez fueron presentadas por la Policía Nacional el 12 de julio como responsables del delito de tenencia ilegal de armas de fuego, y luego también fueron acusadas por terrorismo.
Guadalupe, la hermana de las detenidas, refuta la versión policial y aseguró que se trata de una detención con motivos políticos. Según esta mujer, sus hermanas sufrieron malos tratos en las celdas de El Chipote.

“Me gustaría que Daniel Ortega tuviera a sus hijos allí (en la cárcel) para que sintiera el dolor de andar buscando a tus familiares”, reclamó Guadalupe Sánchez. La mujer encabezaba la marcha junto a otros familiares de presos políticos.

De los más de 400 políticos que hay en Nicaragua, al menos 137 presentan cargos judiciales de acuerdo al seguimiento de los casos de la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH). Los delitos imputados se repiten en todos los casos: Terrorismo, asesinato, robo agravado, secuestro simple, entorpecimiento servicios públicos, entre otros.

María Dávila tiene preso a su esposo, un obrero de zona franca, que según ella nunca participó en las protestas contra el gobierno. El hombre fue apresado en una redada hecha en Tipitapa y ahora es acusado de “terrorismo”.
“De eso (terrorismo) están acusando a todos los jóvenes inocentes”, dijo Dávila, una mujer de origen humilde. “Aunque mi marido nunca marchó, ahora yo salgo a las calles a demandar su liberación y de los presos políticos”, afirmó.

En la marcha nacional confluyeron personas de todos los extractos sociales. El Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) alentó a sus agremiados a permitir a sus colaboradores asistir a la marcha. En el trayecto por los barrios Orientales de Managua, golpeados por el fusil paramilitar, las familias se sumaban a la manifestación desde sus casas. Niñas salían vestidas de güipil y bailaban al son de una marimba de arco que se movía entre la multitud. Al otro lado del cauce del barrio el Edén, unos niños ondeaban banderas de Nicaragua a la par de su precaria vivienda.

“Es la libertad de nuestros niños. No es justo esta persecución. Nosotros tenemos libertad de salir a las calles, es nuestro derecho y ellos también”, dijo Melany Uriarte, que salió a una de las esquinas del barrio Costa Rica con su sobrino recién nacido entre los brazos. El bebé iba cobijado por la bandera azul y blanca. “Me duele toda la represión que vive mi país”, agregó la estudiante de secundaria.

La marcha siguió sin mayores contratiempos hasta la rotonda La Virgen. En ese trayecto, los ciudadanos refutaban a nueva cuenta los diminutivos descalificativos de la vicepresidenta Rosario Murillo. La primera dama descalificó la rebelión cívica la noche de este lunes 13 de agosto en el acto del 38 aniversario de la Fuerza Naval.

“Lo más increíble es que todavía ese puchito de golpistas, terroristas y criminales, sean insistentes en seguir asesinando a nicaragüenses, y pretender seguir destruyendo la economía nicaragüense”, espetó Murillo con sobresalto al igual que en los días de abril, cuando llamó “minúsculos” y “chupasangre” a los manifestantes. “¡Qué terrible! y ¡Cuánto tóxico debe de haber en esas almas! ¡Cuánto odio! ¡Cuánto veneno!, en esos ‘puchitos’ que quedan por ahí que quieren ver a nuestro pueblo infeliz; porque ese es el propósito: vernos infelices”, insistió la vicepresidenta con azoro.

En la marcha por los presos políticos la respuesta ciudadana estuvo en camisetas y consignas, que retaban y se burlaban de los diminutivos a los que es adicta la vicepresidenta: “Rosario Murillo, aquí pasamos los puchitos”, dejaron escritos los manifestantes sobre el pavimento que escaldaba bajo el sol de mediodía.

Policía dice que “terroristas” atacaron pozo de Enacal

Al final de la marcha, en la zona de la rotonda La Virgen la entonación del himno nacional fue suspendida por una estampida de ciudadanos. “Están atacando”, advirtieron. Las balas venían de los pozos de la Empresa Nacional de Acueductos y Alcantarillados (Enacal), según los manifestantes. Los más jóvenes lograron capturar al supuesto autor de los disparos al aire. Se trataba de un tipo vestido de civil, que portaba un carné que hacía constar que es parte de la Policía Nacional.

La Policía Nacional informó poco después de concluida la marcha por la liberación de los presos políticos que fueron los manifestantes quienes atacaron los pozos de Enacal, “poniendo en peligro la vida de dos guardas de seguridad”.