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Universitarios demandan salida del Gobierno Ortega - Murillo

Grito universitario: “Que Ortega deje el país para que podamos mejorar”

Universitarios

A 59 años de la masacre estudiantil de la Guardia somocista, miles de estudiantes exigen justicia por los casi 300 asesinados del Gobierno de Ortega



La voz de los muchachos se escuchó al unísono: “Que se vayan, que se vayan”. También gritaron: “No somos uno, no somos diez, Chamuca pendeja, contanos otra vez”. Sin miedo, con mucho valor, y ondeando banderas azul y blanco, miles de ciudadanos y universitarios conmemoraron el Día del Estudiante, marchando desde la rotonda Jean Paul Genie hasta la Rubén Darío, exigiendo la salida del presidente Daniel Ortega y de todo su gabinete de trabajo.

El día del estudiante en Nicaragua se conmemora por la masacre estudiantil de León, realizada en 1959 por la guardia somocista. Este año los universitarios y ciudadanos recuerdan este hecho en medio de la situación que actualmente viven los estudiantes, de persecución y muerte, por protestar contra el régimen Ortega Murillo.

La movilización fue convocada a las 2:00 de la tarde, pero los estudiantes decidieron arrancar una hora más tarde, luego de cantar el Himno Nacional y guardar un minuto de silencio por los más de 280 ciudadanos que han sido asesinados en las protestas contra el régimen Ortega Murillo.

La marcha era encabezada por unos cuarenta motorizados. Detrás de ellos, dos largas mantas cargadas por los estudiantes, dirigían a los caminantes. Más al fondo, unos muchachos cargaban doce cruces, manchadas de sangre y con una mochila en la parte más alta de cada una, en representación de los estudiantes que han sido asesinados, por francotiradores y paramilitares.

El último ataque que realizaron los grupos armados fue a los estudiantes atrincherados en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua). Ese trece de julio los muchachos fueron atacados con armas de alto calibre, y aunque abandonaron la universidad y se refugiaron en la parroquia Divina Misericordia, los disparos continuaron por más de quince horas, hasta cobrar la vida de dos jóvenes.

“Ellos nos intimidaron con armas de alto calibre para sacarnos de la UNAN. Usaron M 16, Dragunov, porque sabían que nosotros como estudiantes no nos íbamos a dejar vencer por ellos, aunque fuera con morteros”, expresó un joven durante la marcha, quien estuvo atrincherado dos meses y medio en el recinto universitario.

Los manifestantes marcaban el paso sobre la carretera hacia Masaya, con tambores, pitos, vuvuzelas y vestimentas negras. Desde lo alto de uno de los puentes ubicado en las rotonda Centroamérica, relucían las banderas de Nicaragua. El azul, que tan buena combinación hace con el blanco, se movía de un lado al otro.

Quienes no pudieron sumarse a la marcha por cuestiones de trabajo, salieron de sus oficinas para mostrar su apoyo a los estudiantes y demás ciudadanos. Algunos, como Emilio González, llevaba consigo una bandera y una matraca, que según él ha utilizado en otras manifestaciones.

“Hay que apoyar, ellos son el futuro de nuestro país, y si no nos podemos salir del trabajo, pues hay que pedir permiso al jefe, para que los chavalos y las otras personas sientan el calor que uno puede dar. El mensaje que tenemos todos los nicaragüenses es uno, que Daniel se vaya y que deje el país para que podamos mejorar”, insistió González.

Algunos estudiantes, como el “atrincherado” llevaba consigo utensilios que regularmente ocupaba en clases antes de que estallara la crisis en el país. Una calculadora, unos circuitos eléctricos y varios cuadernos.

“Daniel Ortega me quitó esto, continuar con mis estudios. Me lo quitó porque empezó a reprimir al pueblo, a mis compañeros de universidad. Ahora no podemos regresar a clases porque estamos siendo cazados, por eso es que pedimos que se vaya, que nos deje en paz, que ya no lo queremos más”, recalcó el joven de 23 años, quien cursa el último año de su carrera.

José Mendoza, de tan solo 13 años, asistió a la marcha en compañía de su madre y hermana, Agustina Mendoza, estudiante de Biología. “Estoy en secundaria, pero quiero apoyar, porque no es justo que Daniel esté matando a los universitarios”, expresó el adolescente.

Agustina relató que su hermano había querido asistir a las protestas desde que empezaron. “Se quería ir a tirar morteros”, cuenta en medio de risas. “Pero no lo dejamos porque es peligroso. Él se puso muy triste cuando murió Alvarito (Conrrado) porque decía que era casi de su edad”, afirmó.

José aseguró que si le llegara a “tocar” defender su patria, lo haría sin “pensarlo”. “Es que no puedo quedarme viendo, no podemos quedarnos viendo, hay que salir y pelear, nos están matando, nos están matando”, insistió.

El cambio de ruta

La marcha de los estudiantes estaba supuesta a finalizar frente a la Universidad Centroamericana (UCA), sin embargo, el anuncio de una contramarcha organizada por simpatizantes sandinistas de la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN), y la fuerte presencia policial en el sector de los semáforos de Enel Central, provocó que los muchachos decidieron, por seguridad, culminar en la rotonda Rubén Darío.

A través del micrófono se hizo el anuncio. “Esta es una demostración más de una marcha pacífica, no caigamos en las provocaciones”, se escuchó a través de uno de los parlantes. Muchos aplaudieron la decisión. Otros bailaron al son de los tambores, el güiro y la marimba.

Los motorizados continuaron guiando la marcha hasta la rotonda Rubén Darío. Estando en ese punto, muchos empezaron a subir a la estructura de la fuente que está en medio del lugar. Con sus banderas azul y blanco, desde lo alto de la edificación, movían la preciosa tela de un lado a otro.

“Que se vayan, que se vayan, que se vayan”, empezaron a decir los muchachos. A medida que el tiempo transcurría, los demás jóvenes hicieron lo mismo: subir a lo más alto de la fuente. Desde ahí entonaron el himno nacional y aplaudieron la hazaña.

Cuando el sonido, compuesto de cuatro parlantes y dos micrófonos, llegó a la rotonda, se rindió un homenaje a todos los caídos. Los jóvenes guardaron un minuto de silencio, y mientras lo hacían, levantaron sus manos hacia el cielo, para demostrar que su lucha está libre de armas.. Algunos lloraban de la emoción. Otros tenían los ojos vidriosos. Cuando el tiempo pactado pasó, todos aplaudieron por espacio de cuarenta segundos.

“Ahora vamos a cantar el Himno Nacional para despedir esta movilización. Que vivan los estudiantes, que viva Nicaragua y que viva Monimbó”. Acto seguido todos, viendo hacia la bandera que está cerca a la rotonda Rubén Darío, entonaron las notas, con mucha emoción y pasión.

Aunque algunos motorizados llegaron a la UCA para cumplir con la idea inicial de la marcha, la mayoría de las personas abandonaron la rotonda a eso de las cuatro de la tarde. En medio del bullicio, un grupo de muchachos gritó una y otra vez: “Desobediencia fiscal, paro nacional. Desobediencia fiscal, paro nacional”.