Política

Acumulación de poder, sucesión dinástica, fraudes y corrupción causan molestias dentro del partido

“Hay descontento dentro del Frente Sandinista”

Frente Sandinista

Victor Hugo Tinoco y Mónica Baltodano: Hay un “sentimiento antidinástico” en las filas del orteguismo



Diez años después de que Daniel Ortega regresara al poder en Nicaragua, exmilitantes del Frente Sandinista aseguraron en una entrevista en el programa Esta Semana, que la corrupción es un pilar fundamental en su mandato, así como la dinastía es la ventana para perpetuarse en el poder. El control familiar del Frente Sandinista, sin embargo, podría ser un factor de crisis para sus aspiraciones, porque causa molestias dentro del sandinismo y del grupo político orteguista.

“El sentimiento antidinástico es fuerte dentro de las filas del orteguismo”, dijo Víctor Hugo Tinoco. “Es aborrecido por amplios sectores del sandinismo, porque precisamente se luchó contra el somocismo en el pasado, contra un dictador”, agregó el exdiputado.

La corrupción y el enriquecimiento de algunas figuras aliadas al gobierno es otro punto que juega en contra de Ortega. Las bases del gobernante observan cómo algunos mejoran su nivel de vida con oscuros negocios, mientras ellos continúan en situaciones de pobreza, pese a su fidelidad.

“Hay otro factor que va descomponiendo la situación interna. Hay sectores amplios dentro de ese grupo que no están a gusto, viendo cómo se roban elecciones. Es que robar elecciones no estaba en la ética del sandinismo. Son varios los factores que tienen un potencial y desde ahí se puede impulsar un cambio”, argumentó Tinoco.

Tinoco fue vicecanciller en los años ochenta y diputado en tres períodos legislativos en la Asamblea Nacional: Primero por el FSLN (1997-2001) y después de su expulsión del partido, en 2005, fue diputado por el Movimiento de Rescate al Sandinismo (2007-2011) y por el Movimiento Renovador Sandinista MRS (2012-2017).

Nicaragua camina hacia el establecimiento del continuismo permanente y no existe, por lo menos a corto o mediano plazo, alguna alternativa diferente de un cambio democrático pacífico. La historiadora Mónica Baltodano sostuvo que a lo inmediato no hay posibilidades de un escenario distinto, pero indicó que es importante comprender qué significa que el orteguismo alcanzó su máximo nivel en el poder.

“Quiere decir que física y materialmente tiene que entrar en un proceso de deterioro y yo creo que aunque uno no lo perciba, los cambios están ocurriendo y se van a construir sobre una refundación de una propuesta progresista de izquierda en Nicaragua, que yo la veo vinculada a la refundación sandinista”, explicó Baltodano.

Baltodano fue comandante guerrillera del FSLN en la lucha contra la dictadura, ministra en el gobierno de la revolución en los años ochenta y diputada en dos períodos en la Asamblea Nacional: Por el FSLN (1997-2001) y después por el Movimiento de Rescate al Sandinismo, en oposición al gobierno del FSLN (2007-2011). E historiadora, autora de la trilogía Memorias de la lucha Sandinista, y del documental El camino de la Libertad, que se estrenó este martes en el programa Esta Noche.

El futuro de Nicaragua y Ortega

El reto de la oposición es complicado: aunque exista un descontento en las bases del orteguismo, y la masa ciudadana que apoya al comandante Ortega se mueva por el interés y el clientelismo, todavía no aparece una imagen confiable para la población.

Una parte de la base del FSLN cree que Daniel es la síntesis de ese sandinismo. Hay una especie de devoción casi mesiánica y eso ha sido explotado por el orteguismo. Por eso siguen hablando de Carlos Fonseca, aunque no pongan en práctica las propuestas que él tenía en términos de la distribución de riqueza y de un proyecto alternativo”, analizó Baltodano.

La exdiputada confesó que buena parte de la base sandinista no está contenta con muchas de las acciones del presidente Ortega, pero no expresan su malestar porque no tienen una alternativa en la que confíen para competir contra el régimen orteguista.

Tanto Tinoco como Baltodano destacan que la alianza que Ortega mantiene con la cúpula empresarial también podría verse afectada a largo plazo. “Lo que ellos piensan es que hay un hombre, un caudillo que se logró posicionar, entonces se entienden con él. Pero es hasta que las situaciones empiezan a complicarse que ellos se percatan del verdadero problema”, agregó Tinoco, quien refirió que la lógica del empresario es hacer negocios y obtener ganancias.

El escenario político para las próximas elecciones generales de 2021 es incierto. Se desconoce si Ortega seguirá administrando el poder o lo cederá formalmente a Rosario Murillo, vicepresidenta de Nicaragua. La imposición de un esquema dinástico cobra vida con el pasar de los años, pero no hay certeza de que la sociedad acepte ese modelo.

“Está entrando en un proceso rápido de inestabilidad. Hay posibilidades reales de golpearlo de manera significativa previo a las próximas elecciones nacionales. No tengo la menor duda de que la oposición, independientemente de sus diferencias políticas e ideológicas, se va a aglutinar para resolver el problema de la dinastía”, enfatizó Tinoco.

El proceso de cambio y de regímenes autoritarios históricamente se ha combinado con la presión popular, la inestabilidad económica y la política. También se ha apoyado de las fisuras internas dentro de la cúpula cuando no existe sostenibilidad.

El respaldo de la base sandinista y de ese sector de la población que sigue al comandante Ortega está dominado por el clientelismo, y en un contexto de crisis económica, esto se traduce en fragilidad. El interés podría flaquear y la disciplina y la subordinación derrumbarse poco a poco.

“Obviamente eso implica un esfuerzo de movilización, de protesta, de reclamos, desde afuera. Todo régimen autoritario evidentemente debe tener en sus momentos crisis internas y tiene que expresarlo y no dudo que la va a tener. Lo que pasa es que para ello se tienen que desarrollar alternativas”, finalizó Baltodano.

El ascenso de Ortega al poder

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Rosario Murillo y Daniel Ortega en la cuarta investidura del comandante. Foto: Presidencia.

La derrota electoral del Frente Sandinista en 1990 trajo consigo tres grandes momentos de debate que influyeron en por lo menos tres rupturas políticas. La primera fue en 1994 que dio paso a la creación del MRS y las reformas constitucionales de 1995. La segunda en el año 2001, después del pacto con Arnoldo Alemán y la última en el 2005, cuando el comandante Ortega expulsó a Herty Lewites para imponerse como candidato presidencial.

En todas las rupturas Daniel Ortega preservó el control del partido y lo ha convertido en lo que algunos llaman un “liderazgo familiar”. Mónica Baltodano, exdiputada del FSLN, aseguró que la construcción del caudillismo del comandante comenzó en los años ochenta, impulsada por la hegemonía del tercerismo y porque se depositó en él la responsabilidad partidaria y la presidencia.

“Fue toda una serie de factores. En primer lugar él mantuvo la representación del FSLN como secretario general y tenía el acumulado de haber sido presidente de la República. Mientras los otros miembros andaban buscando cómo sobrevivir, él tenía una pensión vitalicia, mantuvo el control del aparato, del presupuesto y fue construyendo su propio modelo al margen de la institucionalidad”, analizó Baltodano.

La salida de Víctor Hugo Tinoco del Frente Sandinista se produjo en 2005. Previo a su expulsión, dentro de las filas del sandinismo existían opciones de democratización política, basadas en el debate de los tres frentes que operaban independientemente. Sin embargo, la concentración de los recursos que realizó Ortega, fue un factor primordial para que consolidara su caudillismo.

“Ortega tenía una ambición personal de ser el caudillo desde el principio. Supo camuflarlo y ese fue otro factor. Inclusive toda la idea dinástica de darle la sucesión de poder a sus hijos y esposa, la fue impulsando en el 2005, que es cuando da el golpe. Ese fue un punto clave: la ambición personal”, continuó Tinoco.

La cultura caudillista del país aportó al ascenso de Ortega. Tinoco explicó que este tipo de fenómenos no solo se caracterizan por la popularidad de la imagen en los ciudadanos. Otra fortaleza son las regalías o prebendas que el caudillo ofrece a sus seguidores en un contexto de altos niveles de desempleo y pobreza.

El próximo 19 de julio se conmemoran 38 años del triunfo de la revolución popular que derrocó a la dictadura de Somoza. Un acontecimiento histórico que fue el resultado de una gran alianza nacional con la participación de diversos sectores que lideró el FSLN. Sin embargo esta fecha se celebrará el próximo miércoles como un acto partidario para rendir culto a la personalidad de Ortega y su esposa Rosario Murillo.