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Hermanos de Amaya Coppens fueron agredidos por turba orteguista en Chinandega

Los sujetos golpearon y amenazaron a los hermanos de la presa política, luego se los entregaron a la Policía

Dos hermanos de la presa política Amaya Coppens Zamora fueron golpeados por una turba orteguista en el departamento de Chinandega. La agresión tuvo lugar cuando Diego Luis Coppens Zamora, de 28 años, y Santiago Amaru Coppens Zamora, de 16, visitaban a sus abuelos durante la nochebuena, pero fue hasta que los agresores divulgaron algunas fotografías de sus víctimas que el hecho se hizo público.

Tamara Zamora, madre de los jóvenes agredidos, explicó a los medios de comunicación que Diego y Santiago andaban junto a otros parientes pegando calcomanías en el parque de esa ciudad, como parte de su demanda de “Navidad sin presos políticos”. Cuando decidieron regresar a casa de sus abuelos –a eso de las seis de la tarde- fueron interceptados por la turba orteguista en la calle de La Sanidad, luego los sujetos armados los rodearon y los agredieron.

“Nos golpearon y nos apuntaron con las armas”, relató una de las víctimas al Centro Nicaragüense de los Derechos Humanos (Cenidh), organismo que conoció y condenó la agresión. Mientras los jóvenes estaban reducidos en el suelo también fueron amenazados de muerte, “si corrés, son tres plomazos que te vamos a pegar”, “ya voy a llamar a mi hermana para que te venga a turquear”, les decían.

Los agredidos precisaron en su denuncia ante el Cenidh que: “Hubo gente que nos quiso apoyar… un taxista, quiso ayudarnos y ellos estaban armados… les dijeron a todos que se fueran, que no dijeran nada o les iban a disparar. Dispararon el aire”.

Luego de la golpiza los paramilitares trasladaron a los jóvenes a la estación policial de Chinandega. “Aquí los traemos”, habrían dicho a los oficiales que estaban de turno. Cuatro horas pasaron los agredidos en la estación policial, finalmente, fueron llevados, como a eso de las once de la noche a casa de sus abuelos.

Por otro lado, los agredidos dijeron que la Policía les ordenó que dijeran a sus familiares que ellos no les golpearon y que les habían llevado a paramédicos para brindarles los primeros auxilios, ya que producto de la agresión tienen puntadas, moretones y fuertes dolores en varios partes del cuerpo.

Profundización de la impunidad

Para el Cenidh, la agresión a los hermanos de la presa política Amaya Coppens es una muestra de que “en Nicaragua hay una profundización de la impunidad y recrudecimiento de la represión”. Es así que “las turbas y grupos paramilitares actúan con la aquiescencia de la Policía Nacional, de hecho, es evidente que operan juntos”, dice un comunicado del organismo.

Asimismo, los defensores de derechos humanos advirtieron que se trata de “agresiones selectivas”, puesto que los policías, paramilitares y turbas sabían que lo agredidos eran hermanos de Amaya Coppens, quien es referente de resistencia a nivel internacional.

“Observamos que, con este tipo de agresiones, el régimen quiere atemorizar a quienes le adversan, estos hechos son mensaje de que “ellos y solo ellos tienen el poder”, además, esta es una nueva estrategia represiva, donde la Policía quiere “lavarse la cara”, por los crímenes que realizan a diario”, concluye el Cenidh.

Régimen se ensaña con Amaya

Este mismo jueves los familiares de 16 “presos políticos” encerrados en el Nuevo Chipote, entre ellos Amaya Coppens, informaron que estos se encuentran en celdas iluminadas las 24 horas, sin acceso a aseo personal ni sábanas, con música alusiva a Ortega en alto volumen, bajo amenazas constantes y manoseos.

Coppens, quien ya había estado presa nueve meses entre 2018 y 2019, por participar en protestas antigubernamentales, fue encerrada nuevamente en noviembre, por intentar dar agua a un grupo de mujeres en huelga de hambre.

El caso de la estudiante se ha llegado a discutir en el Parlamento Europeo, que recientemente aprobó una serie de acciones para convencer a Ortega de restablecer el orden constitucional en Nicaragua.

El Cenidh exigió la investigación inmediata del caso de los hermanos Coppens y el castigo a los responsables, así como el “cese de la represión, el desarme de las fuerzas paramilitares, y el respeto a la integridad física y psicológica de todos los nicaragüenses”.

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