Jóvenes

La apatía de los jóvenes y el diálogo intergeneracional

La Generación Yo tiene en común un bajo autoestima y poco optimismo sobre “MI futuro”, uno que no se escapa de la mitología de la revolución

Al analizar la situación social en que se han encontrado las juventudes en diversos momentos de la historia de Nicaragua, la palabra “crisis” sale a relucir de inmediato. No sólo es una crisis económica por la excesiva pobreza, el desempleo, la falta de acceso a una educación de calidad y a un empleo digno, la violencia como método de resolución de conflictos, sino porque una gran masa de jóvenes preparados han estado migrando y el fundamento de la sociedad, “la familia”, ha estado fragmentado por la violencia de género a raíz del patriarcado.

Esta crisis social se traslada al ámbito político y conforman un círculo vicioso, en el que una alimenta a la otra. A mayor crisis social y carencias en la sociedad, las personas se incluyen menos en el ámbito político para tratar de incidir en él y transformarlo en algo más justo, puesto que priorizan la satisfacción de sus necesidades inmediatas, como buscar trabajo, estudiar, comer, es decir, “tratar de sobrevivir”; y a mayor crisis en el sistema político aumentan las desigualdades e injusticias sociales y el funcionamiento de la sociedad en su conjunto.

“(…) la desigualdad de ingresos genera y es generada por derechos civiles y sociales débiles, que a su vez obstaculizan los derechos políticos. Los bajos niveles de educación, la pobreza y la falta de acceso al sistema judicial afectan la capacidad de los ciudadanos de participar en la toma de decisiones políticas, más allá de votar, ya sea organizando y haciendo lobby o presentándose para un cargo político. A su vez, el acceso desigual a la participación política refuerza las desigualdades sociales y los desequilibrios de poder.” (McCoy)

Por ello es interesante intentar comprender a una parte de una generación que a gritos demanda a otra un actuar “más comprometido” mediante su participación política para con el desarrollo del país, para salir de la situación caótica en la que nos encontramos, principalmente al entendiendo que la herencia que dejaron a esta generación es un país que está dentro del Top Rank de países pobres, obteniendo, ni más ni menos, el 2do puesto a nivel de Latinoamérica después de Haití, donde el 79% de la población vive con menos de $2 al día (C$ 56) y de este porcentaje el 45% vive con menos de $1 al día (C$ 28). Pero más allá de este indicador, también hay que reconocer que esta generación heredo un país con serias problemas de identidad, con una cultura política de la “vivarachada”, es decir, personas que viven de la corrupción y de engañar a otros aprovechándose de la buena voluntad y solidaridad de estos, así como una cantidad de traumas debido a las secuelas de la guerra de los 80´s, sin mencionar la gran cantidad de familias disfuncionales.

Entonces, si hablamos honestamente de participación política, a mi más que certeza de esa disque “participación” me deja muchas dudas, los “ciudadanos jóvenes” en la época de los 80´s vivían una situación adversa en términos de las condiciones mínimas para tener un nivel de calidad de vida digno, además de mucha represión con la “salvajada” del Servicio Militar Patriótico (OBLIGATORIO)… la mayoría de personas que conozco que en ese tiempo participaron, me han expresado que fueron obligados a tomar un fusil e irse a las montañas a defender una ideología que estaba enterrando lentamente las oportunidades de toda una genración, incluso mis padres. Tengo familiares lisiados de guerra, que no fueron por su voluntad. Y ni hablar la cantidad de personas que se fueron del país en ese tiempo. Al fin y al cabo ¿A quién le gusta ejercer su participación política mediante la GUERRA? (Me reservo la respuesta)…

Y supongo que en los tiempos de Somoza, existían muchas coincidencias con esto que menciono, no hace falta ser adivino para tener certeza de las condiciones adversas que se viven en una dictadura, y evidentemente esto genero la insurrección del pueblo contra un gobierno que no respetaba sus derechos y se enriquecía de manera ilícita dejando en una indefensión total a sus ciudadanos. Entonces percibo que esa participación se dio por la necesidad de “tratar de sobrevivir” a esos factores adversos en un contexto determinado muy parecido al actual. Y si vamos un poco más atrás en el tiempo, nos daremos cuenta que siempre han existido estas condiciones adversas y actores que viven de la corrupción y la “vivarachada” enriqueciéndose ilícitamente y de forma deshonesta utilizando de alimento al resto de ciudadanos. Los pactos para distribuirse la riqueza mediante el poder político y económico siempre han estado presentes.

Esto me lleva a pensar que los abordajes que hemos dado en estos días no son del todo objetivos, muchos ciudadanos de esta generación y de las anteriores estamos abordando la situación desde nuestras situaciones particulares, desde nuestros entornos de socialización y desde nuestros propios métodos de participación. Por ello definitivamente coincido con Elvira Cuadra, una de las personas que han alzado la voz en este debate informal que se ha generado en las redes sociales, cuando menciona que “en esta sociedad existen muchos mitos y prejuicios hacia la juventud, pero además en relación al país, al futuro que nos espera” y yo agregaría también, mitos y prejuicios al “compromiso”, “participación política” y “buen trabajo” de las generaciones pasadas en dejar cimentadas las bases para que las generaciones actuales continuaran con ese “trabajo” de la Nicaragua que se anhela: Prospera, con igualdad de oportunidades, con acceso a una educación de calidad y empleos dignos, con oportunidades para emprender y sobre todo una Nicaragua en libertad.

Y tomando como propio el sentir de Juan Zúñiga respecto a la “Generación YO”: “enfocarse en “MI título, MI carrera, MI vida” es en sí un acto más disruptivo y significativo que la “política” tradicional. Yo agregaría “MI empresa, MI familia, MI comunidad”. Si hay algo que esta Generación Yo tiene en común es un bajo autoestima y poco optimismo sobre “MI futuro”. Un futuro que no se escapa de la sombra mitológica de la revolución ni de sus imponentes templos en ruinas”…

Al fin y al cabo, este asunto NO es un asunto de edades… es un tema de compromiso y capacidades para construir condiciones dignas para seguir habitando y desarrollándonos en este espacio de tierra que compartimos que se llama NICARAGUA…

Más en Jóvenes

Share via
Send this to a friend