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La caída del disfraz

Daniel Ortega lució visiblemente más delgado este 7 de julio, en su primer acto público tras otras cinco semanas ausente. EFE | Confidencial

El desmontaje de la democracia

Desnaturalización y partidización de las fuerzas armadas: policía y ejército. Fraudes electorales recurrentes, para lograr gradualmente, el control de todos los gobiernos municipales y el control absoluto de la Asamblea Nacional, con el fin hacer reformas electorales con el fin de consolidar el poder absoluto y eliminar los dos candados constitucionales a la no reelección consecutiva. Control de todo el aparato judicial, contraloría, mando directo, sin intermediación de civiles de los mandos militar y policial, gobierno corporativista con el sector privado que asegura estabilidad y crecimiento económico sostenido, paz y seguridad ciudadana.

El golpe final a lo que quedaba de la democracia, antes de las elecciones de noviembre del 2016, es el descarrilamiento el 7 de junio del mismo año, del principal partido de oposición el Partido Liberal Independiente (PLI), dándole el mando a un grupo de políticos colaboracionistas pactistas sin arraigo popular. Un mes después, el 29 de Julio se produce la destitución de 28 diputados propietarios y suplentes opositores, bajo la figura de que habían cometido el pecado capital del “transfuguismo político” al no rendir su rey ante las nuevas autoridades partidarias. Esto basado en las reformas constitucionales del 2014, que lograron pasar con mayoría calificada en la Asamblea Nacional, gracias al fraude electoral del 2011.

Así llegamos a noviembre del 2016 cuando Daniel Ortega es reelecto por tercera vez, contra el mandato expreso de la Constitución, que históricamente en todas ha estado la no reelección consecutiva, sin enfrentar una oposición verdadera y en unos comicios sin observación internacional. Una abstención de más de un 70% evidenció el rechazo popular a la farsa electoral y a la instalación de una nueva dinastía con la elección de su esposa como vicepresidente.

A pesar de todo, no hubo manifestaciones masivas de repudio al desmantelamiento de la democracia.
Por un año todos los miércoles algunos miembros del PLI protestamos en Metrocentro frente a los antimotines pidiendo elecciones libres, competitivas y observadas y la concurrencia fue muy escasa, 100 o 200 personas y fuimos reprimidos, pero nadie protestó.

La caída del disfraz

Se les cayó el disfraz, se quedaron desnudos. No eran religiosos, ni cristianos, ni solidarios, tampoco les interesaba preservar la paz, que no fuese la paz de la sumisión. Solo les interesaba preservar el poder a cualquier costo.

¿Cuántos costosos altares iluminados y enflorados fueron necesarios para esconder en un disfraz lo que hay detrás de una pareja que manda a ametrallar – durante 15 agonizantes horas – una Iglesia con cientos de personas indefensas adentro y no permite siquiera que las ambulancias puedan llegar a evacuar a los heridos, que mueren desangrados dentro de la misma?. Según el vicario de la Iglesia Jesús de la Divina Misericordia, Erick Alvarado Cole, solo en el techo se contabilizaron 130 orificios de bala.

¿Cuántos discursos por la paz y la reconciliación fueron necesarios para esconder, lo que hay dentro del disfraz, de personas capaces de ordenar a sus guardias disparar contra tantos jóvenes y niños estudiantes desarmados?.

Ahora ya no podrán caminar ante el mundo pretendiendo estar vestidos, como en la famosa fábula de niños del danés Hans Christian Andersen “El nuevo traje del emperador”, en la que el Rey, engañado por sus sastres, le confeccionaron un vestido elegantísimo, tan elegante que nadie podía ver, hasta que salió a las calles y caminó desnudo frente a los súbditos y entre la multitud, un inocente niño exclamó: “el rey está desnudo”.

Hoy todo el mundo ha visto el verdadero traje del Rey desnudo y se han desencantado: los nicaragüenses en primer lugar, el continente americano en segundo lugar, Europa en tercer lugar y los partidos, supuestamente afines, de la internacional socialista, nada quieren saber con un Rey y una Reina, que perdieron su disfraz.

El último elemento que faltaba para coronar la dictadura llegó en abril, yo sostenía que aún Nicaragua no se podía llamar una dictadura, porque faltaba el elemento común que tienen todas las dictaduras y es la represión. Si Ortega no hubiera reprimido brutalmente, nada de esto hubiera pasado y todo seguiría como estaba antes del 18 de abril. Con la represión se cayó el traje del Rey.

El AK-47 perdió el romanticismo

El fusil AK-47 perdió el glamour y el romanticismo revolucionario como “arma libertaria”, ahora es un símbolo de maldad y represión. No puede un símbolo de la muerte convertirse en un símbolo de la nueva República Azul y Blanco. Con la respuesta armada a la violencia de Ortega, el fusil perdió todo el glamour para nuestra juventud que ha demostrado una madurez insospechada. ¡El celular ha reemplazado al fusil de guerra!

En nuestros días de jóvenes, los barbudos armados esgrimiendo un fusil en lo alto nos parecían glamorosos. Fantaseábamos viéndonos como héroes en ese rol ante la tiranía somocista. Pero estos jóvenes están haciendo historia rompiendo el ciclo maldito de violencia de nuestra historia patria. Ya nunca más se verá como “romántico y valiente” el fusil de guerra, porque nuestra juventud lo convertirá para siempre en símbolo de la ignominia, de cobardía y de opresión.

El ejército no sirve para nada

Quedó demostrado también, que el Ejercito no sirve para nada en tiempos de crisis. Para nada sirven los tanques, los helicópteros, los aviones y lanchas patrulleras, cuando hay una situación crítica en la que el pueblo, al que se debe y ha jurado defender, está siendo masacrado.

No necesitamos tampoco un Ejército en tiempos de paz, porque ciertamente es un lastre para el presupuesto de una nación pobre y pequeña como Nicaragua.

Nuestros países no necesitan más que una fuerza policial eficiente y sobretodo, apolítica y apartidaria. Costa Rica y Panamá han dando el ejemplo a seguir en Centroamérica, para que estos recursos que hoy se invierten en una institución costosa e ineficaz, sean orientados a la educación y el crecimiento económico.

Habiendo sido Ministro de Defensa en una época en que el Ejército se preciaba por su institucionalidad y profesionalismo, lo que en su momento les fue reconocida por todo el pueblo, me duele reconocer esto, pero es la pura verdad.

Durante el desmontaje de la democracia en Nicaragua, hubo un retroceso institucional gradual, una reversión del camino andado.

Madurez cívica de todo un pueblo

Quedó demostrada la madurez cívica del pueblo nicaragüense, particularmente, la de los estudiantes que despertaron la conciencia nacional a pesar de su aparente estado de apatía hasta el 18 de abril.

El pueblo no se manifestó masivamente a lo largo de todo el desmontaje de la democracia de parte de Ortega, sino hasta que fue reprimido violentamente y ocurrieron las primeras muertes en los 3 primeros días de abril, 19, 20 y 21.

Vimos perplejos cómo cuando se dieron los saqueos en algunos supermercados PALI la gente los defendió y en algunos casos, se dieron a la tarea de devolver la mercadería que otros habían robado.

Recuperación de los símbolos patrios

Se recuperaron los símbolos patrios que habían sido suplantados y distorsionados por los partidarios y esotéricos que por 11 años impuso el régimen. Ej. El escudo nacional había sido caricaturizado, los árboles esotéricos que se convirtieron en un elemento indispensable en todos los informes oficiales, incluyendo el Presupuesto General de la República.

En la primera parte de la insurrección azul y blanco, cayeron estrepitosamente los árboles metálicos y esotéricos llamados popularmente “chayopalos”. También cayeron los rótulos monumentales levantados al culto a la personalidad de la pareja gobernante y el himno nacional y la bandera azul y blanco, se convirtieron, en cada esquina de los pueblos y ciudades, en los estandartes de la lucha cívica.

El mismo Ortega dejó a un lado su inseparable bandera partidaria rojinegra en las ultimas conferencias de prensa, haciéndose acompañar únicamente de la bandera azul y blanco, algo que nunca había hecho en el pasado.

La muerte de la censura: las redes sociales.

El gobierno perdió la batalla principal: el control de la libertad de expresión, tanto en la calle como en las redes sociales. Quedó demostrado que en la época moderna, las dictaduras por más sanguinarias y represivas que sean, no pueden controlar el flujo de información a través de las redes sociales, amplificado en los medios de comunicación.

Desde abril, durante “la insurrección azul y blanco”, cada ciudadano con un celular en la mano se transformó en un periodista espontáneo, reportando y documentando a escondidas – con su ínfima cámara de video del celular – para los medios de comunicación masivos, así como para los organismos internacionales de derechos humanos, la represión en todas sus formas.

Contra esto, la censura de prensa tradicional que conocimos y sufrimos en carne propia en los años 80 durante la primera dictadura de Ortega, resulta totalmente ineficaz y obsoleta, precisamente por eso, creo que ahora no ha sido aplicada.

La mentira no sirve para nada en un mundo de comunicación masiva e instantánea. El mundo observa todo cuanto acontece en Nicaragua, la mentira es obsoleta. La tecnología también dejó atrás el mundo de George Orwell en su novela 1984, que sí cayó como anillo al dedo, para la Nicaragua de ese año.

Ante la indefensión, lo espiritual y la religión

Ante la indefensión por la desproporción del uso de fuerza letal, con la utilización de armas que son exclusivas de los conflictos bélicos, la ciudadanía recurrió a lo espiritual, a la Iglesia Católica y sus pastores que supieron defender al pueblo de las fuerzas tenebrosas. Pero al cabo de cierto tiempo el disfraz de la segunda dictadura se terminó de caer cuando en su discurso del 19 de Julio, Ortega identifica a los obispos y a la Iglesia como sus enemigos, “por estar de parte de los golpistas y terroristas”.

El máximo “pecado” de la Iglesia durante la segunda dictadura de Ortega es haber interpretado el sentir del pueblo y haber abierto las puertas de las Iglesias para refugio de la población.

¿Qué hacer después de más de 350 muertos?

Creo en una combinación de factores: más marchas cívicas, reanudación del Diálogo Nacional siempre con la mediación y testigo de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) y con la inclusión de garantes internacionales como lo han pedido todas las cámaras empresariales. Estos pueden ser el SICA, la OEA, ONU, Unión Europea, con los siguientes objetivos fundamentales a corto y mediano plazo:

1. Cese inmediato de la represión, liberación de prisioneros, desarme y desmantelamiento de fuerzas parapoliciales.
2. Respeto absoluto a la libertad de expresión y movilización del pueblo nicaragüense.
3. Reformas al Consejo Supremo Electoral CSE ya, para que puedan haber elecciones creíbles y transparentes.
4. Elecciones anticipadas en 2019.
5. Observación nacional e internacional de todo el proceso electoral para asegurar la trasparencia y el respeto a la voluntad popular.

Una continuación del diálogo nacional, sin la mediación de los obispos, no tendría credibilidad ante el pueblo nicaragüense y la comunidad internacional, ya que estos se han ganado el respeto y el cariño de todo el pueblo, independientemente de su religión.

*Fragmento de una charla presentada en el Foro del Interamerican Institute For Democracy y la Asociación de Comunicadores Nicaragüenses en EE.UU. en Miami, 1 de agosto 2018