Nación

El Preso 198, un perfil de Daniel Ortega, por Fabián Medina Sánchez

“La cárcel marcó a Daniel Ortega”

El Preso 198

El dictador incubado en un joven retraído y poco sociable, definido por siete años de prisión, sus reacciones violentas y su dependencia de Murillo



¿Quién es Daniel Ortega y cómo se convirtió en el hombre omnipresente en la historia reciente de Nicaragua? Esta pregunta motivó al periodista y escritor Fabián Medina Sánchez a un proyecto periodístico de cinco años, que ha culminado con la publicación de su tercer libro El Preso 198, un perfil de Ortega en el cual detalla cómo los siete años de cárcel bajo la dinastía somocista marcaron al nuevo dictador de Nicaragua, que ahora dirige una represión con un saldo de al menos 320 muertos confirmados desde el pasado 19 de abril.

Medina (Quilalí, 1965) asegura que Ortega padece un “síndrome de prisionero” que acentuó el carácter retraído y poco sociable que ya había mostrado en su juventud. “Su forma de tratar a las personas, su forma de manejar el poder, de llevar sus iniciativas adelante, están determinadas por un comportamiento de prisionero”, describe el autor, en una entrevista con el programa de televisión Esta Semana, transmitida este domingo 16 de septiembre.

Por ese síndrome de prisionero, explica Medina, es que Ortega es incapaz de manejarse en un público que no controla, al extremo de llegar a arrebatos que finalmente lo alejaron de los espacios públicos tradicionales para cualquier persona. “A Ortega no lo vas a ver en algún restaurante, o en el cine”, detalla.

Daniel Ortega fue encarcelado en noviembre de 1967, acusado por el asalto a un banco y robo con intimidación. En 1963 se había unido al Frente Sandinista de Liberación Nacional, después de abandonar sus estudios de Derecho en la Universidad Centroamericana (UCA). Fue liberado hasta diciembre de 1974, en un intercambio exigido por guerrilleros sandinistas tras la toma a la casa de José María Castillo.

El Preso 198
El Preso 198, de 250 páginas, es el tercer libro del periodista Fabián Medina Sánchez. Foto: Carlos Herrera | Confidencial

Medina asegura que también de esos aquellos años de cárcel, Ortega cultivó ciertas costumbres, como comer de pie, o crear en sus oficinas una especie de celda oscura, donde suele pasar la mayor parte del tiempo.

Además, precisa que su primer grupo de escoltas estaba integrado por tres de sus excarceleros y exguardias nacionales, y su círculo cercano de amigos es el que formó durante esos años en prisión: ocho personas –dice Medina– con las cuales hasta el día de hoy –los que están vivos– son sus amigos íntimos: José Benito Escobar (asesinado por la Guardia en julio de 1978); Manuel Rivas Vallecillo, Lenín Cerna, Carlos Guadamuz (asesinado en febrero de 2004), Jacinto Suárez, Julián Roque (asesinado por la Guardia en 1976) y Óscar Benavides.

En su libro, Medina relata un episodio ocurrido cerca de 1982, cuando una persona que le gritó asesino a Ortega, cerca de Camino de Oriente, fue golpeada por sus escoltas. “En algún momento de su vida, Ortega decidió: ‘ya no voy a hacer esto’ (de salir a lugares públicos), porque reaccionaba muy mal”, asegura Medina.

A juicio del autor, esa misma incapacidad para estar ante un público que no domina es la que Ortega habría experimentado durante el primer día del Diálogo Nacional –ahora suspendido–, cuando el estudiante Lesther Alemán le gritó asesino y demandó justicia por los jóvenes asesinados por la represión oficialista, que entonces aún no eran más de ochenta.

Nicaragua estudiantes diálogo nacional
Estudiantes gritan a Ortega y Murillo consignas contra la represión en la mesa del Diálogo Nacional. EFE | Jorge Torres | Confidencial

Cuando estalló la rebelión de abril, Medina ya estaba por concluir su libro, que básicamente retrata más al Ortega antes de ese momento. Sin embargo, el autor hace mención a estos hechos y asegura que él no esperaba una reacción semejante en Ortega.

En la entrevista con Esta Semana, Medina valoró que hay una “disonancia entre el Daniel Ortega de los últimos años, aún con todos sus defectos, y el Ortega fuera de sí que hemos visto“, después del 18 de abril.

Ortega se ha negado a llamar al cese de la represión y la desarticulación de los grupos paramilitares que han impuesto terror, muerte y persecución en los municipios nicaragüenses. En una inédita serie de entrevistas con medios internacionales y agencias de noticias, Ortega incluso ha justificado, en medio de varias contradicciones, el actuar de estos grupos contra una rebelión que insiste en calificar como un “intento de golpe criminal y terrorista”.

Daniel Ortega y Rosario Murillo, en un acto con simpatizantes sandinistas, en Managua. EFE | Confidencial

Su relación con Rosario Murillo

Además de sus siete años en prisión, la vida de Daniel Ortega también está marcada por otros momentos importantes que determinan su personalidad y también la relación con su esposa y vicepresidenta Rosario Murillo, asegura Medina: la derrota electoral de 1990, el infarto que sufre en 1994 y la denuncia por abuso sexual de su hijastra Zoilamérica Narváez en 1998.

“Su relación con Rosario Murillo no siempre fue así. Fue una relación que fue evolucionando en la medida en que él sufre esos golpes. De hecho hay etapas de bastante distanciamiento, incluso se separación entre los dos”, afirma. Una de las más conocidas fue cerca de las elecciones de 1990, que supuestamente Murillo le advirtió a Ortega que iba a perder, mientras él la apartaba por completo de su campaña. Desde aquella derrota, que Ortega no se esperaba, él se refugió en ella y eso aumentó con el infarto y la denuncia por abuso sexual.

El libro de Medina parte de la descripción del preso número 198 hasta el binomio político de Ortega-Murillo como un elemento inseparable para entender al dictador. Sin embargo, el autor opina que Murillo no tiene capacidad de poder propio, pues su cuota y figura es insuficiente para liderar el FSLN sin él.

“Daniel Ortega siempre ha buscado una persona gestora, para que hagan las cosas, y él presentarse como una persona algo ajena a lo que pasa”, asegura Medina. Así estima que ocurrió en los ochenta, con la vicepresidencia del escritor Sergio Ramírez Mercado.

Según Medina, Ortega el dictador fue incubado también en la cultura política nicaragüense. Sin embargo, explica que “yo no estoy diciendo que no podemos evadir el destino de tener un dictador como jefe, sino que tenemos que estar atentos precisamente a estas historias, para ver cómo es que se forman estas personas y esa búsqueda de depositar el poder en alguien para que nos solucione los problemas a nosotros”.

Para Medina, también autor de Secretos de Confesión (2002) y Los días de Somoza (2009), aún está por contarse la historia completa de Ortega, y estima que a los periodistas no les corresponde vaticinar sobre el futuro, sino contar los hechos para que la gente se forme su propio criterio.

No obstante, considera que “el problema es que Daniel Ortega ya se manchó las manos de sangre en su Gobierno“, igual que lo hizo Somoza. Y aunque señala que en los ochenta ya había muertos, aquellos fueron en el contexto de una guerra, y esta vez se ha tratado de gente que en su mayoría estaban desarmadas.

El autor explica que su libro no es un texto a favor o en contra de Daniel Ortega, ni tampoco pretende ser un libro de historia. “Es solo un perfil periodístico que busca mostrar cómo se construyó el hombre que se convirtió en un dictador en Nicaragua. Con sus luces y sombras”.

El libro de 250 páginas estará disponible en las principales librerías del país a partir de este 18 de septiembre, pero ya se puede adquirir en la tienda de Amazon.