Opinión

La carta del poeta Cardenal a Pepe Mujica

Ernesto Cardenal

Ciertos gobiernos e izquierdas no solo ignoran –o fingen ignorar—, sino también reproducen las mentiras y el cinismo de los delincuentes del Gobierno



Desconozco si ha existido alguna relación personal entre nuestro poeta Ernesto Cardenal y el expresidente uruguayo José Pepe Mujica Cardano, antiguo combatiente revolucionario y exprisionero político, pero ni falta que hace saber si la hubo o no,  porque ambos son personajes reconocidos mundialmente como destacados exponentes de la izquierda democrática latinoamericana en sus respectivos campos de actividades. Actividad intelectual la del nicaragüense, y actividad política la del uruguayo, además de sus posiciones humanistas.

Ernesto Cardenal y líderes estudiantiles mandan carta a “Pepe” Mujica

Dentro de esa afinidad, el poeta Cardenal, en su carta del 19/06/18 –compartida con los estudiantes  de la Coordinadora Universitaria por la Defensa  de la Democracia y la  Justicia—, le expone a Mujica la situación crítica de  los derechos humanos en Nicaragua, causada por la represión sangrienta practicada por el binomio Ortega Murillo. Convocado Mujica a la solidaridad con nuestro pueblo, utilizando el trato de vos, tan uruguayo como nica, el poeta Cardenal, le reconoce como “…defensor de los derechos humanos, la lucha por la dignidad, fuente de inspiración para toda América Latina (y le reclama que) necesitamos que tu voz suene por nuestra causa digna y justa”.

Aparte de ese llamado a la solidaridad del poeta y de los estudiantes a Mujica, la carta toca, sin mencionarlo, el problema de la izquierda, respecto a la poca o ninguna compresión justa y objetiva que esta corriente política está expresando sobre la situación de Nicaragua bajo el régimen pseudorevolucionario de Daniel Ortega. Pero en la carta a Mujica se alude esa deslealtad con nuestro pueblo, cuando le dice que:

Ortega y Murillo no pueden seguir encontrando legitimidad en los movimientos de izquierda, a la que (ellos) sin escrúpulos, han traicionado.  Ortega y Murillo,  no pueden seguir encontrando legitimidad en los movimientos de izquierda a la que, sin escrúpulos, ha traicionado. Los héroes y mártires de la revolución sandinista no merecen que su memoria sea manchada por los actos genocidas de un dictador que los ha traicionado”.

En verdad, esa traición que ciertos sectores de la izquierda no conocen ­­–¡o no quieren conocer!— se les vuelve como un bumerán, porque con ello alimentan y estimulan la participación de gobiernos adversarios suyos –y por ende de todos— en nuestro conflicto como protectores de los derechos humanos de los nicaragüenses, cuando no todos  los integrantes de la OEA que condenan los crímenes de los Ortega Murillo, están solventes con sus respectivos pueblos. ¿Quién ignora la histórica agresividad de los Estados Unidos en todas las regiones del mundo, incluido nuestro país? ¿Quién ignora la criminalidad en México y Colombia, más la falta de democracia en Brasil, los estragos del neoliberalismo en Argentina y otros miembros de la OEA que están en deuda con la justicia social?

Sin embargo, sus voces diplomáticas en favor de que cesen los crímenes del orteguismo, puede ser simuladas, pero aun así, ayudan por lo menos a que se conozca en el mundo la tragedia y el dolor de nuestro pueblo, que la represión provoca sin distingo de clases, religiosos, políticos y sociales. Ni de edades… ¡porque han asesinado a niños de uno a quince años y a jóvenes de todas las edades!  De eso, ciertos gobiernos y movimientos de izquierda no solo lo ignoran –o fingen ignorarlo—, sino también reproducen las mentiras y el cinismo de los delincuentes en el Gobierno nicaragüense, quienes no reconocen sus crímenes y de remate las muertes se los atribuyen al movimiento popular.  Un movimiento del pueblo que, sin más armas que la dignidad, el valor y el derecho se ha insurreccionado cívicamente bajo viejas consignas revolucionarias y con un ¡patria libre y vivir! que no deja lugar a dudas sobre su soberana voluntad.

Gracias, Ernesto Cardenal, por tu larga vida dedicada a la cultura y la libertad de nuestro pueblo, y por este justo reclamo de  solidaridad a Pepe Mujica, quien pasó por el poder de su país, sin manchar sus manos de bienes ajenos, sin creerse dueño de la presidencia que los uruguayos le confiaron y por su ejemplo de vida sencilla y honesta.

También gracias, porque José Mujica –igual que Ernesto Cardenal—, sigue manteniendo su crítica a todos los que traicionan a sus pueblos y sus valores revolucionarios y humanos.  La defensa y práctica de todo eso, es lo que le sirvió al uruguayo ejemplar como mérito para que Daniel Ortega le prohibiera su visita a Nicaragua para recibir el título Honoris Causa de parte de la Universidad Nacional, ahora no autónoma, gracias a Ortega.

Esta misma Universidad, depositaria de la sangre y el sacrificio de vida de sus mejores estudiantes está ocupada por estos, como su forma de contribuir a la lucha por la libertad, se beneficiaría también de la solidaridad que Mujica pueda despertar hacia nuestro pueblo y que, a la vez, limpiaría la imagen de una izquierda ahora contaminada por la acción de los traidores.