Opinion

La coalición: suceso lógico del proceso político

La Coalición la puede revertir en algo positivo si esta la estimula para dar la mejor respuesta a la cuestión política en tiempos de pandemia

Tengamos presente que las arremetidas abiertas o solapadas en contra de esta unidad, que no es perfecta y está en proceso de consolidación, pero es la más amplia y democrática, como no la hubo antes en contra de ninguna otra dictadura. Por eso, no solo hay que cuidarla de todo tipo de ataques, sin dejar de mejorarla y fortalecerla… ¡para que cumpla con las aspiraciones de los sacrificados por la libertad desde abril de 2018!

De cualquier forma o método que utilicemos, siempre nos interesa imaginar cuál puede ser el curso de los sucesos políticos cotidianos, y en qué momento pudiera encontrarse algún cambio en un futuro indeterminado y cómo se espera que ese cambio pudiera ocurrir. Es lo que nos pasa a quienes tenemos el oficio de escribir comentarios políticos.

No se trata de hacer cálculos matemáticos, tampoco de predicciones en el papel de oráculo de la política y menos de ponerse a especular con presagios, jugando a las cartas o mirando una  bola de cristal.

Nada de eso es funcional en política, sino la objetividad en la observación de los procesos políticos, pero no para precisar con exactitud el desenlace de los conflictos en los que participan las distintas fuerzas sociales y políticas.

Creyendo haber aclarado este asunto, haré referencia a qué obedece el interés en abordar el tema de los conflictos políticos iniciados con las truculencias del pacto Ortega- Alemán, y las descaradas aspiraciones reeleccionistas de Ortega desde el comienzo de haber retomado el poder en el 2007, hasta abril del 2018.

Un comentario en torno a eso lo que publiqué el 6 de octubre del 2009 (El pueblo no merece este gobierno ni esta oposición. END), sobre el comportamiento de Ortega, los partidos políticos, la oposición de entonces y lo que esperaba debería la oposición después, es decir, la oposición de ahora. Omito parte de mi juicio sobre los tres gobiernos por unos llamados democráticos, y por otros gobiernos neoliberales.

(Los subtítulos que siguen no son del artículo original)

Sobre la reelección:

“La pretensión reeleccionista de Daniel Ortega, está desbocada y arrogante, ante una oposición dispersa, medrosa y políticamente atrasada. Esto le permite al orteguismo impulsar su carro continuista sobre dos vías: la compra de votos y voluntades “opositoras”, y la evasión del obstáculo constitucional de la no reelección.

“En todo caso, lo haría con la complicidad de “liberales” del PLC y de ALN. Entre tanto, tiene embobado a un sector del pueblo, haciendo demagogia con su “revolución”. Y no es que este sector vea mucho progresos y justicia social, sino porque el orteguismo le manipula sus aspiración de alcanzar sus reivindicaciones históricas.

La oposición tradicional:

“La oposición de derechas, por un lado, ni siquiera por demagogia  habla de alcanzar las aspiraciones populares, no solo porque nunca les ha interesado, sino porque se ha quedado entumida con sus concepciones políticas ideológicas. En su discurso político aún hace gárgaras con el viejo léxico anti comunista y con los valores de la democracia y las libertades, como si solo proclamarlos fuera suficiente para adquirir imagen y liderazgo. En la derecha se habla como si pueblo y burguesía tuvieran iguales intereses o compartieran los mismos postulados ideológicos. (…)

“Lo que une, tangencialmente, a la derecha con los sectores democráticos, populares y la izquierda crítica, es ser víctimas por igual de las medidas represivas del gobierno. Para la derecha, eso parece ser menos importante que sus prejuicios anti revolucionarios, y han creado obstáculos a la alianza amplia frente al orteguismo, con lo cual este sale favorecido, a pesar de que en términos de votos, la oposición es mayoritaria; eso ha quedado demostrado en todas las elecciones, desde 1990.

“Las tendencias liberales se revuelcan en sus vicios, dificultando su unidad. Y en esta situación, la unidad no es la única que sale postergada, sino también un proyecto político alternativo al orteguismo que no se parezca a lo que sus gobiernos pusieron en práctica” (…)

Un pueblo adormecido:

“En medio de todo, el pueblo, desorganizado en su mayoría, se debate ente una pobreza creciente, la amenaza del autoritarismo a perpetuidad y de un gobierno de oportunistas que le habla de revolución mientras se enriquece a la sombra del Estado. En el lado de la izquierda crítica, también atomizada por diferencias de matices ideológicos, los partidos que la representan aún no aglutinan a todo el sandinismo no orteguista.

Una izquierda por las alianzas:

“Un sector de la izquierda hizo causa común en la lucha electoral con la oposición de derecha (municipales 2008) y esta, por pr0ejuicios antisandinistas, no ha valorado su aporte a la lucha por la democracia, pese a que el partido MRS, ha sufrido la mayor represión del orteguismo, y la posición política de su pequeña representación parlamentaria se define en pro de los derechos  democráticos de todos, sin sectarismos, como debe ser el papel de los que se consideran representantes del pueblo.

La necesaria coalición

“La necesidad de construir una coalición, sin pretensiones de permanencia, sino para no permitir la perpetuación de un régimen represivo y corrupto que, cobijado bajo las banderas de una revolución que no existe, afectaría aún más el ejercicio de las libertades y los derechos democráticos de todos los nicaragüenses. A esta unidad opositora amplia, la derecha antepone su tendencia a negociar con el orteguismo…”

Pero –lo recuerdo ahora— esa tendencia colaboracionista en el curso del proceso político, inmediatamente anterior a las elecciones del 2011, quedó socialmente despreciada. Los otros partidos hicieron un esfuerzo unitario, con vistas a respaldar la candidatura de Fabio Gadea Mantilla. Esa experiencia, más el gran fraude electoral del 2011, sería como el preámbulo de futuros sucesos políticos, hacia un tipo de unidad opositora superior.

El artículo concluyó interesado en esa posible nueva alianza:

“Pero esa derecha no es toda la oposición ni la única alternativa. Está la juventud sin partido, las organizaciones sociales, los habitantes sin partido de los barrios y la izquierda en general, más la derecha no pactista, con los cuales priorizar la lucha por los derechos democráticos, pues aún no asoman las condiciones para plantearse objetivos más profundos”.

El curso del proceso político y con el crecimiento de las contradicciones con la dictadura, se acabó la etapa de la pasividad… ¡y surgió la auto convocada rebelión cívica del 18 de abril del 2018, y emergió la Alianza Cívida y la Unidad Nacional Azul y blanco!

Fue el suceso divisorio entre una etapa y el nacimiento de otra que aún espera su final, en la que están empeñadas las nuevas fuerzas sociales indicadas… la juventud y la población sin partidos, las organizaciones sociales (la iglesia católica, entre ellas) y los partidos políticos.

Los partidos de la oposición tradicional fueron superados por las fuerzas emergentes, y la parte del empresariado rompió su colaboración con la dictadura. Cierto es que algunos partidos políticos, no están totalmente liberados de los prejuicios anti, ya caducos, pero se declaran convencidos de la necesaria unidad frente a la dictadura, aunque parecen resentir no poder ejercer ninguna hegemonía. Por eso vacilan en llegar a la unidad más amplia.

No podían faltar los sabotajes mal disimulados de los agentes de la dictadura, para evitar que la coalición se consolide. Tampoco podía evitarse que surgieran las voces exigentes, que reclaman perfección en su unidad y la inmediatez del triunfo, aunque ni siquiera aportan  su presencia, menos la representación de alguna organización verdadera. Pero toda crítica de donde venga, la Coalición la puede revertir en algo positivo si esta la estimula para dar la mejor respuesta a la cuestión política en tiempos de pandemia.

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