Nación

40 Aniversario con delegaciones de bajo perfil y un prófugo de la justicia

La condena internacional a Ortega el 19 de julio

Un senador-predicador de Trump, el presidente de la desconocida Osetia, y la vicepresidenta de Venezuela dominaron la puesta en escena de Murillo



Por primera vez en cuarenta años el comandante Daniel Ortega estuvo solo. Ningún jefe de Estado de una delegación importante del mundo acompañó al dictador en el cuadragésimo aniversario de la Revolución Popular Sandinista, una fecha bastante significativa. El caudillo se tuvo que conformar con la presencia del descnocido Anatoli Bibilov, jefe de gobierno de Osetia del Sur, un país apenas reconocido por cuatro naciones. Atrás quedó el arropo de Nicolás Maduro, de su amigo Evo Morales, de la premio nobel de la Paz Rigoberta Menchú, o de su “amigazo”, el expresidente de Honduras, Mel Zelaya.

“Ortega quedó en un aislamiento total este 19 de julio”, anota Dora María Téllez, historiadora y exguerrillera sandinista. “Pero hay un hueco adicional que no quedó demasiado claro en la plaza. No llegó la delegación de Bolivia. Rusia no mandó a nadie”, insistió. “Lo que tenía ahí Daniel era al vicepresidente cubano, que tampoco tiene demasiado peso, la Delcy Rodríguez, y pará de contar”.

A diferencia de la celebración del 38 aniversario de la Revolución al que asistió Miguel Díaz Canel, actual presidente de Cuba; Álvaro Colom, expresidente de Guatemala, y el exmandatario de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén, este año Ortega quedó relegado. Apenas lo acuerparon tres sacerdotes católicos que fueron a título personal y no en representación de la Iglesia. Además de pastores evangélicos, entre ellos Ralph Drollinger, un predicador ultraderechista allegado a Donald Trump.

“Antes venían presidentes y expresidentes como Martín Torrijos o Vinicio Cerezo. La premio nobel de la paz Rigoberta Menchú. Personajes que hoy brillan por su ausencia. Esto únicamente te revela que Ortega está cada vez más aislado de la comunidad internacional”, opinó Carlos Tünnermann, negociador de la Alianza Cívica y exembajador de Nicaragua en Washington. “Ortega se tuvo que conformar con representaciones de bajo nivel, incluso, más que una celebración política, aquello pareció una celebración evangélica”.

Para Téllez la celebración de Ortega alcanzó su punto más deplorable cuando el sacerdote Antonio Castro solicitó a Drollinger la cancelación de las sanciones de Estados Unidos. “Es una cosa tristísima para ellos. Tenían soledad internacional y mucha soledad nacional, porque la gente fue forzada a asistir a la plaza”, afirmó.

Solo un expresidente corrupto

A juicio de Téllez, la celebración del 40 aniversario de la Revolución, fue ninguneada, o mejor dicho, ignorada por el resto de países de la región. Su gran amigo, Juan Orlando Hernández, presidente de Honduras, tampoco asistió, ni envió a un representante de peso.

“El que andaba era el prófugo de la justicia salvadoreña, Mauricio Funes, y lo supimos porque se hizo un selfie. Lo que ves ahí es una crisis completa, es un Ortega solo en un acto para él, donde todas las canciones eran para él, incluyendo esas canciones de campaña electoral. Un acto completamente decadente. El que llegó a pinchar su juego fue el pastor de Estados Unidos, que luego se fue de la plaza. La Delcy llegó a hablar de Venezuela y montar su discurso que es trasnochado, porque Maduro está apunto de llegar a acuerdo”, analizó.

La condena y el repudio unánime a nivel internacional a las violaciones de derechos humanos del régimen de Daniel Ortega, es la principal causa del aislamiento político. La mayoría de países de la OEA han repudiado a su dictadura y de ninguna manera, los países latinoamericanos, se les “ocurre venir a verle la cara a un violador masivo de derechos humanos que no responde a sus actos”, expresó Téllez.

El doctor Tünnermann señaló que, aunque Ortega quiera ignorar los informes de los organismos internacionales de derechos humanos, no puede pasarlos por alto, pues estos han tenido una gran repercusión en la opinión pública internacional y en la Unión Europea. El ejemplo más claro es su abandono en la tarima en el cuarenta aniversario.

 “Aunque el Gobierno trate de ignorar estos informes no puede, porque son muy decisivos acerca de lo que ocurrió en Nicaragua el año pasado, que fue una represión violenta con armas de guerra contra una población que se manifestaba de forma civil pidiendo un cambio en el país ejerciendo un derecho constitucional”, añadió.

Culto al dictador

El aniversario número cuarenta de la Revolución fue percibido como un culto a la personalidad de Daniel Ortega, coincidieron Tünnermann y Téllez. Para la historiadora, el acto fue hecho a la medida del dictador, con canciones plan campaña electoral, y sin una sola pieza musical que recordara el triunfo de la insurrección del pueblo en 1979.

Una pancarta con las caras del Ché Guevara (i), Hugo Chávez (c) y Evo Morales (d) durante la conmemoración del 40 aniversario de la Revolución Sandinista en Managua. EFE

“Era un acto hecho para que Daniel Ortega terminara mostrando algo de fuerza. Sin embargo, terminó demostrando todo lo contrario. Mostró debilidad, desesperación por las sanciones, impotencia, y se mostró a la defensiva”, dijo Téllez. “El primer aniversario fue la celebración del derrocamiento de la dictadura y el triunfo de la Revolución. Aquí estás hablando de un acto hecho para Daniel Ortega. Ningún protagonista de la revolución estaba ahí y la persona que habló más fue Rosario Murillo, y ella no sé dónde anduvo, ella estuvo en Costa Rica haciendo radio”.

El doctor Tünnermann manifestó que desde hace varios años la celebración fue transformada para ensalzar a la pareja presidencial y rendir un culto a su personalidad. Señaló que, en los primeros años de la celebración de la Revolución, las personas participaban con entusiasmo porque significaba recordar la derrota del tirano, en el que el gran protagonista había sido el propio pueblo y no un partido o una pareja.

“Es irrepetible. Nunca va a existir otro primer año de celebración de la revolución, nunca se va a repetir. Ya eso terminó, son cosas irrepetibles. Es otra época, otro momento. Eso no se reproduce porque las celebraciones no tienen que ver con los días o los actos. Tienen que ver con lo que significan en ese momento y aquí dejó de significar algo en este plano actual. Lo que significa es un acto para Ortega, ya después de él, no sé qué va a pasar, finalizó T