Economía

La conexión Tillerson con Ortega y Nicaragua

the United States Senate confirmed Rex Tillerson as the US Secretary of State for the new Trump administration.

El nuevo Secretario de Estado de EE.UU. era el CEO de Exxon Mobil en 2007, durante la toma de los tanques de la Esso en Corinto



A veces, el pasado vuelve, y aquellos a los que una vez venciste, regresan con más poder. No siempre sucede, pero eso fue exactamente lo que le pasó a Nicolás Maduro y a Daniel Ortega el pasado primero de febrero, cuando el Senado de Estados Unidos confirmó a Rex Tillerson como secretario de Estado de Estados Unidos en la nueva Administración Trump.

Aunque ni Ortega ni Maduro han visto nunca en persona a Tillerson, ambos saben muy bien quién es él, o menor dicho quién fue: el director ejecutivo (CEO) de Exxon Mobil Corporation, más conocida por su marca comercial Esso.

Desde luego, el recién nombrado secretario de Estado sabe muy bien quiénes son ellos: Maduro y Ortega encabezan los regímenes autoritarios de dos países que se confrontaron contra los intereses comerciales y financieros de la Esso cuando él era el ‘hombre fuerte’ de esa empresa.

En el caso de Venezuela, el entonces presidente Hugo Chávez decretó en 2007 la nacionalización de las empresas privadas que operaban en el sector de hidrocarburos, de modo que el Estado pasara a ser dueño del 51% de las acciones.

Después de un largo juego de juicios y negociaciones, la decisión tuvo un costo superior a los US$8,000 millones para la transnacional estadounidense, que prefirió salir de Venezuela.

La situación no fue tan dramática en Nicaragua, pero sí embarazosa: en agosto de ese mismo año, el nuevo régimen de Ortega, necesitado de instalaciones para almacenar el combustible que le ofrecía el socio venezolano, ordenó el secuestro de siete tanques de la Esso ubicados en Corinto.
La excusa fue el cobro de C$84.5 millones en impuestos presuntamente no pagados en los años 2003 a 2005, a lo que se añadía un reparo de C$17 millones, todo lo cual equivalía a US$5.5 millones.

El conflicto obligó a la Esso a elegir de entre sus hombres más experimentados y capaces de América Latina, y enviarlos a Managua para negociar con el régimen de Ortega.
De paso, la transnacional buscaría ayuda en la embajada de su país en Nicaragua, así como en el sector privado, con José Adán Aguerri, entonces novel presidente del Cosep, y César Zamora, presidente de AmCham, a la cabeza, además de acudir al entonces embajador de Nicaragua en Washington, Arturo Cruz, o ante las Cámaras Americanas reunidas en la capital estadounidense a finales de 2007.

‘Directo de su escritorio’

Aunque Tillerson no llegó a viajar hacia Nicaragua para enfrentar la crisis, sus representantes siempre fueron claros en indicar a sus interlocutores en el país que las propuestas que traían habían salido “directamente del escritorio del CEO (Tillerson)”.

Luego de varias semanas de intensas negociaciones en las que los pesos pesados latinoamericanos de la Esso se reunieron con funcionarios de la cúpula de Albanisa y del Ministerio de Energía y Minas, la transnacional y el gobierno de Ortega lograron un acuerdo.

Entre los elementos más importantes que llegaron a conocerse en su momento estaba que el gobierno devolvía los tanques a la Esso, la que a su vez se comprometía a alquilarlos a Petronic, a cambio de que se desmontara el juicio, como en efecto sucedió.

Aunque en su época hubo voces que opinaron que la Esso había sido humillada por el gobierno de Ortega, una fuente del sector energético consultada por Confidencial dice que la empresa fue “sorprendida, no humillada” por el ataque.

Posiblemente producto de esa negociación, la Esso obtuvo la autorización del gobierno de Ortega para encargarse de la importación del crudo venezolano, lo que hizo por los siguientes tres años, hasta que en marzo de 2011 la compañía vendió todas sus operaciones en la región, excepto Costa Rica, de donde ya habían salido unos años antes.

“La Esso salió feliz de Nicaragua, porque vendió bien en un mercado en el que ya no quería estar, para concentrarse en el negocio de buscar nuevas fuentes de petróleo”, dijo la fuente consultada.

Al vender la operación, Nicaragua dejó de ser un punto de interés en el mapa del CEO Tillerson. La confirmación en el Senado hará que tarde o temprano, Nicaragua vuelva a ser un punto de interés en el mapa del ahora secretario Tillerson, y entonces sabremos si el siempre poderoso hombre de Washington ya se olvidó del bochorno que le hizo pasar Ortega, o si aún lo tiene presente.