Opinión

La crítica de la sonrisa crítica

Presos políticos

Hacer invitaciones a la lucha armada –que Gioconda Belli me atribuye– es una concepción subjetiva de la lucha política, posiblemente anarquizante



Gioconda Belli escribió un artículo en CONFIDENCIAL, el primero de noviembre, con el título: “La lucha que nos toca ahora”.

La lucha no nos toca de forma distinta ahora por el simple paso del tiempo, como nos correspondería un cambio de camisa según calendario. La lucha política es un proceso discontinuo, con etapas, que corresponden a saltos cualitativos coyunturales producto de cambios en la correlación de fuerzas entre los contendientes del conflicto social y político. Cambios que determinan el paso de una etapa a otra. La lucha, como es obvio, corresponde ahora a la actual correlación de fuerzas.

En su artículo, la señora Belli escribe: “No he podido evitar sonreírme al leer en la entrevista de Fernando Bárcenas en la Revista Domingo de La Prensa, sus propuestas para reformular la resistencia al régimen orteguista”.

O sea, las propuestas de Bárcenas son risibles para la señora Belli, y no necesita argumentar por qué son risibles, porque la sonrisa de algunas personas es suficiente argumento –fuera de la racionalidad y de la lógica- para descalificar propuestas.

¿Cuáles propuestas son risibles para Belli?

Propuestas como “hacer un periódico”, “hablar con el Ejército”, “traer a los luchadores de Costa Rica”, responde la señora Belli.

Todas ellas, son propuestas inscritas bajo la idea de un gobierno provisional. Bajo una alternativa de poder, que intentaría ahora restablecer la confianza nacional e internacional en la posibilidad política real de un cambio sostenible en el largo plazo, indispensable para reconstruir la nación. Rol que el orteguismo no puede cumplir, con sus paramilitares, dado que su modelo represivo es la fuente de la crisis de gobernabilidad.

Un periódico no es risible en sí mismo, es decir, como propuesta. En política, toda organización que lucha hace análisis de coyuntura con cierta coherencia ideológica, para despertar la conciencia de las masas al interpretar metódicamente los hechos. Un periódico, como instrumento de agitación y de propaganda política, se propone convertir las consignas de movilización en acción organizada, consciente.

Un periódico ayuda a comprender la realidad desde una óptica teórica, para superar, del proceso autoconvocado, su carácter espontáneo y disperso. Y para que las masas no sigan a ojos cerrados a personajes supuestamente confiables (por alguna extraña cualidad personal), sino, que se apresten a ser protagonistas directos de una lucha consciente.

La falta de razonamiento político

Nadie, antes de Belli, se ha mofado de la idea de elaborar un periódico de combate. ¿Por qué, entonces, criticar un artículo iluso donde el razonamiento político falta? Porque la falta de razonamiento político es caldo de cultivo del orteguismo, y de su modelo anacrónico.

Belli, en su artículo, me acusa de hacer una implícita invitación a la lucha armada. ¿Belli se percatará, desde su mundo irresponsable, que probablemente ha hecho una delación gratuita, que es la acción más deleznable posible?

Las formas de lucha de las masas, en uno u otro sentido, no dependen de la voluntad de nadie. De manera, que hacer invitaciones a la lucha armada –que Belli me atribuye– corresponde a una concepción voluntariosa, subjetiva, de la lucha política, posiblemente anarquizante. Corresponde a la misma concepción subjetiva que hace invitaciones a la lucha pacífica.

La crisis económica y política en aumento revela que ni Ortega, que ha impuesto desde el Estado absolutista una salvaje represión militar, ha logrado determinar, a voluntad, la forma de salir del conflicto en su provecho.

Cualquiera, en cambio, con un pequeño análisis objetivo puede constatar que la anarquía criminal del orteguismo y la tragedia humanitaria en ciernes, conducen probablemente a una guerra civil destructiva. Que no surge, ni se puede evitar, a voluntad, por medio de invitaciones.

Pero, toda previsión con sustento analítico, como la previsión meteorológica, debe servir para que los ciudadanos se preparen responsablemente ante una eventualidad matemáticamente previsible.

La propuesta de negociar con el ejército también hace sonreír a la señora Belli. Pero, negociar con Ortega no la hace sonreír. Sin embargo, el ejército es la única institución estatal que podría sobrevivir a la caída del orteguismo y que, obligado por su propia conveniencia, podría negociar con los dirigentes del cambio una alteración de la correlación de fuerzas entre el pueblo y la dictadura. El ejército podría desarmar a los paramilitares y capturarlos para que respondan por sus crímenes. Podría evitar que la degeneración de la dictadura nos lleve a una guerra civil más cruenta, y podría facilitar la liberación de los presos políticos y el retorno de los exilados.

Habrá que determinar bajo cuál escenario los intereses del ejército podrían coincidir, al menos, con la necesidad de una desarticulación radical del modelo orteguista.

Y traer a los luchadores desde Costa Rica es risible para Belli. Se trata de una demanda tan válida como obtener la libertad de los presos políticos. Sin embargo, la realización del sueño de estos luchadores de incorporarse nuevamente a la lucha contra la dictadura, desde una perspectiva de combate mejor conducida y más aguerrida, resulta risible para Belli.

Lo que hemos entendido es que la señora Belli es muy sonriente… sin razón alguna. Sigue, al parecer, una sugestión que dice a quién ríe sin razón, que él es quien controla los cambios en el mundo. Y Belli se lo ha creído.

¿Qué es la UNAB?

Escribe Belli: “Es patético que tantas personas de la UNAB hayan tenido que aparecer en la conferencia de prensa. Temen delegar en unos cuantos la autoridad del colectivo. Es hora que se nombre una dirección colegiada de cinco personas. Que se pongan de acuerdo sobre el rumbo que le ven a esta alternativa antidictatorial, o tendrán que reconocer que no hay bases para tal unidad. Es obvio que hay una puja entre el liderazgo que quiere asumir la Articulación y la difusa personalidad de la UNAB. En ninguna de las hojas de ruta hay una claridad posterior”.

Después de esas observaciones negativas, ¿qué concluye Belli sobre la UNAB?

Belli deja sueltas sus propias observaciones negativas, porque desconoce el método deductivo y el método inductivo de razonar, y no puede hacer una síntesis lógica, concluyente.

Si hay una puja entre algunas de las 43 organizaciones de la UNAB por el liderazgo de la unidad, es evidente que no hay una lucha entre líneas políticas de masas, sino, entre burócratas tradicionales, sembradores de apatía. Al pueblo le interesaría saber cuál es la línea de combate en esta etapa de reflujo, no si la unidad la lidera tal o cual organización, sin credibilidad propia.

Si tienen recelo o miedo de delegar en una junta directiva, es obvio que no existe la tal unidad, más que de nombre. Si no hay acuerdo sobre el rumbo de esta lucha por el cambio, es claro que no hay bases para la unidad. Es como si distintas personas, ajenas entre sí, se hayan puesto de acuerdo para tomar juntas el ascensor, cuando sube y cuando baja. Ya que el ascensor, en ningún caso, avanza.

¿Por qué no se debería desenmascarar este tipo de unidad superficial, incapaz de luchar, y que despierta recelo y desconfianza –según lo dicho por Belli- entre las mismas organizaciones que la componen? Al fin, liderar esta unidad burocrática no significa liderar al pueblo que lucha por un cambio político.

¿Es importante ejecutar los propósitos?

Otra muestra de una forma desordenada de pensar, que describe a Belli, se puede observar en el siguiente párrafo de su artículo: ¨Las alternativas de la lucha cívica se han dispersado, pero sorprendentemente no han perdido su vitalidad¨.

¿Por qué el fracaso de alternativas no incide en la vitalidad de los propósitos? Porque lo esencial –responde Belli- es el propósito, no el cómo de ese propósito.

Un propósito no ejecutable es una ilusión. Y las ilusiones, en la práctica, para cualquier persona racional, no tienen vitalidad ni validez.

Desarrollo de la lucha

Escribe Belli: “Logremos el consenso interno {en la UNAB) para saber para dónde vamos, cuál es la Nicaragua que nos proponemos construir”.

La transformación posible de la sociedad, es decir, el programa real de cambio, resulta de la forma que se derrote al orteguismo. Las transformaciones posibles [hacia dónde vamos] dependen de la correlación de fuerza en torno a intereses sociales conflictivos, no del consenso entre burócratas sin fuerza alguna.

¿Cómo se conforma un liderazgo capaz de conducir la lucha que tenemos por delante? Para Belli, se trata de delegar en personas confiables. En la realidad, la lucha genera sus propios dirigentes, y no al revés.

La lucha viene conducida por quienes, debido a su combatividad, se ponen al frente de las luchas de masas, no por una confianza al margen de la lucha. Irlanda, Medardo, Yubrank, Fajardo… son creíbles como dirigentes, por su combatividad, no porque alguien los haya electo como representantes por alguna cualidad desconocida. Luego, la lucha requiere una capacidad política para formular estrategias combativas. Capacidad que un periódico militante, antidictatorial, contribuiría a fomentar entre los combatientes.

*El autor es ingeniero eléctrico.