Opinión

La devaluación de las palabras

Daniel Ortega

Los escritores y poetas —por su mismo oficio—deberían ser los encargados de remediar la inflación de la lengua.



Desde donde Winston se hallaba, podían
leerse, adheridas sobre su blanca fachada, en letras
de elegantes forma, las tres consignas del partido:
La guerra es la paz
La libertad es la esclavitud
La ignorancia es la fuerza
George Orwell—1984

1- Consignas y lugares comunes

El uso y abuso sistemático de ciertas palabras ha precipitado su pérdida de valor. Entraron en un estado similar a lo que pasa con el córdoba. Cada día valen menos. Mientras algunas palabras rejuvenecen otras padecen de arterioesclerosis. Son asfixiantes; continúan utilizándolas sin percatarse que estas quedaron vacías de significado. ¿Perdieron toda conexión con el piso? ¿Por qué aferrarse a ellas? ¿La obcecación impide ver que están desvariando? La contaminación acústica hace rechinar los oídos.

Manuel Martín Serrano, profesor de la Complutense de Madrid, distingue el uso que hacen políticos y poetas de ciertos vocablos. Los primeros los machacan una y otra vez. La habilidad consiste en dosificar su uso. La insistencia por reiterarlas hasta el delirio, puede provocar rechazo y resultar contraproducente. A diferencia de los políticos, los poetas han sido siempre los encargados de renovar el lenguaje. Lo fortalecen y dan vida. Evitan que las palabras se fosilicen, acaben agonizando o hasta muriendo.

Los creadores se esfuerzan para que el lenguaje permanezca vivo y no desfallezca. Cuidan las palabras como los médicos previenen las enfermedades. Las revisten de nuevos significados. Constituyen su materia primigenia. El habla popular está llena de vitalidad. Las palabras salen disparadas en conversaciones sostenidas en cantinas, mercados, galleras y buses. Pocas veces surgen en los laboratorios de los centros de enseñanza. Los lingüistas se esfuerzan por arroparlas. Los gramáticos casi siempre van a la zaga.

Cuando el somocismo entró a su recta final, el poeta José Coronel Urtecho desertó de sus posiciones derechistas. Se ubicaba a la izquierda —dijo— porque ya no se sentía cómodo en la derecha. Coronel era un interlocutor válido para los empresarios. En 1973 los tuvo frente a sí —muy atentos— escuchando su Primera Conferencia, donde es ahora el Supermercado La Colonia, Camino de Oriente. Tal vez influenciado por Orwell, inició sus 3 Conferencias a la empresa privada (1973), con una disertación sobre Los intelectuales y la empresa privada.

El poeta Coronel habló de cuatro lenguas especiales —todas para él ininteligibles— utilizadas por las instituciones de enseñanza y crédito, relacionadas con la empresa privada. Lenguas, aunque necesarias, usadas por especialistas con personas ajenas a sus disciplinas en lugar de aliviar, agravarán, no cabe duda, las consecuencias de la crisis general de la lengua, en Nicaragua. Una crisis profunda.Un tumor sobre el cuerpo social. Jergas que si no hacían imposible, al menos falseaban y dificultaban la comunicación en casi todos los niveles.

En periódicos, radio, televisión, propaganda política y comercial, manifiestos y manifestaciones, Asamblea Nacional Constituyente, Poder Legislativo, Comité de Emergencia en los papeles oficiales y lugares de reunión de la empresa privada, las palabras no significaban lo que significan o en que sin previo aviso cambian de significado o lo tienen distinto para cada individuo, lengua compuesta solo de lugares comunes o frases hechas o frases de cajón, de clichés… apunta Coronel. Vivimos un momento parecido. Muchas palabras han sido devaluadas.

Los escritores y poetas —por su mismo oficio—deberían ser los encargados de remediar la inflación de la lengua. Las palabras en Nicaragua —hoy también— carecen de valor según quienes las digan. Padecemos una inflación galopante. Coronel hizo el diagnóstico y propuso la cura. Indicó quiénes debían sanar y vivificar la lengua. Correspondía a intelectuales, empresarios y ya no digamos el pueblo, que es en definitiva  el verdadero propietario de la lengua, agregó el panida. La pérdida de valor de ciertas palabras está de regreso.

El FSLN ha nutrido a los jóvenes a base de consignas y lugares comunes. Era de esperarse que llegado un momento ese palabrerío cayera en crisis. Jóvenes adoctrinados en repetir frases, se les anuló toda posibilidad creativa. El estilo de ordeno y cúmplase esclerotizó sus mentes. Esquematizaron su pensamiento. Terminaron formateándolo. Desestimularon su imaginación. En vez de argumentar, sus respuestas son a base de consignas. No hay que extrañarse. Todos fueron pasados por el mismo cartabón.

Una misma letra saturó la documentación oficial y partidaria; nunca permitieronque otros actores ensayaran otras propuestas. La gravedad de la situación no ha servido de estímulo para experimentar nuevas formas de comunicación y argumentación. Cortados con la misma tijera ¡carecen de voz propia! Son el eco de otra voz. Se escuchan lejanos. Las redes —mejor que cualquier otro escenario— muestran a todos hablando de la misma manera. Aprenden y repiten de memoria los mismos adjetivos. Perdieron frescura y capacidad improvisativa.

Durante las primeras sesiones del Diálogo Nacional el corsé que apretujaba su garganta, resulto evidente. Uno que otro tuvo la osadía de salirse del libreto para retomarlo inmediatamente. El autoritarismo sirvió como caldo de cultivo para castrarles el pensamiento. Siguen recitando consignas. Muestra palpable de su falta de autonomía, fue decidir que el comandante Ortega —y nadie más— escogiese a todos los candidatos a diputados, para las elecciones de noviembre de 2016. La inercia política del FSLN salta a la vista.

2- Pérdida de credibilidad y empatía

La lucha no es solo en las calles, se libra también a través del lenguaje. El humor estalla por dentro la adjetivación utilizada para desacreditar al adversario. Cuando la credibilidad de una persona o dirigente viene en picada palabras y argumentos hacen crisis; pierden empatía. Canta-autores, escritores y periodistas, las incluyen en sus canciones y escritos. Las cargan de nuevos significados, una forma de ratificar que los intentos por desprestigiar a sus oponentes carecen de impacto. Son infructuosas por tardíos.

Con su ingeniosidad característica, muchos nicaragüenses se han dado a la tarea de resaltarla camisa de fuerza que aprisiona el cerebro de la nueva membresía sandinista. Permanecen postrados ante ciertas consignas. El lingüista Antonio Gramsci interroga, ¿Quién soy finalmente? ¿Lo que digo o lo que hago? Somos lo que hacemos, no lo que decimos ser. La escalada de violencia y la masacre perpetrada por fuerzas afines al gobierno el Día de las Madres (30 de mayo), demuestra que uno es su discurso y otros son los hechos.

A través de las redes muchos usuarios han coleccionado buena parte del palabrerío usado por los sandinistas. Una que ha pergeñado el tema es Constantine Mena. La primera vez recogió veintiún palabras. En la segunda agregó doce. Con reminiscencia orwelliana, apunta: “Hola amiguitos y amiguitas, debido a que el oficialismo, al igual que la Real Academia Española, actualiza su diccionario y agrega nuevas palabras por su uso recurrente, he aquí la nueva edición: Diccionario de periodismo oficialista:

  1. Golpe de Estado
    2. Odio
    3. Tranques
    4. Amor
    5. Golpe de Estado
    6. Daniel
    7. Tranques
    8. Paz
    9. Golpe de Estado
    10. Rosario
    11. Tranques
    12. Compañeros
    13. Golpe de Estado
    14. Bla, bla, bla
    15. Tranques
    16. Vandálico
    17. Golpe de Estado
18. Derecha
19. Tranques
20. MRS
21. Golpe de Estado
22. Derecha Golpista
23. Minúsculos
24. Plaga
25. Golpe de Estado
26. Azuzar
27. Imperialismo
28. Yanqui
29. Golpe de Estado
30. Intervencionismo
31. Financiamiento
32. Injerencia
33. Golpe de Estado

Concluye: “Posdata: Si hace falta alguna, escríbanla debajo de esta publicación y seguiremos aportando al enriquecimiento lingüístico de nuestros hermanos trabajadores del Estado, que dicen ser periodistas. 😀 #HoyPorEllosYMañanaTambién”.

Las palabras seleccionadas por Mena, originaron múltiples Memes. La picardía nicaragüense las cargó de nuevos giros. Con sorna les restó vigor. La palabra Vandálicos (adjetivo utilizado por el fundador de la dinastía, Anastasio Somoza García, paracalumniar a Sandino), para quienes apoyan las protestas tiene una connotación positiva. Envían saludos vandálicos, abrazos vandálicos; hablan de matrimonios vandálicos, de la derecha vandálica. Madre vandálica llama Luis Enrique Mejía Godoy a su canto–homenaje para las Madres de Abril.

El argentino Martín Caparrós, en su crónica El misterio de las revoluciones —publicada por The New York Times— aprecia que la magnitud de la contienda en Nicaragua, tiene un frente de lucha en la reapropiación y resignificación de las palabras. Magias de la palabra: por algunas se pelean, de otras rehúyen, constata Caparrós. Los jóvenes repudian a los políticos y que les llamen políticos, aunque —explica el argentino— la toma de las calles es para voltear al régimen, pura política en acción. La coherencia entre lo dicho y lo hecho enaltece a los estudiantes.

El gobierno reaccionó mal al aducir que las protestas formaban parte de una conspiración. La simultaneidad con que ocurrieron les agarró desprevenidos. El señalamiento de los sectores gubernamentales, afirmando que las protestas forman parte de una conspiración nacional e internacional, resultó poco creíble y un tanto disparatado. Sus más fieles seguidores siguen repitiendo el estribillo. Igual pasó con la palabra tranque. El imaginario popular la ha cargado de nuevas connotaciones y resonancias.

Para el gobierno y afines tranque significa rebeldía, impedimento, herejía, incordio, pérdida de poder, terquedad, empecinamiento, etc. Para quienes le adversan posee un significado negativo. Un autor (a) cobijado en el anonimato, ofreció doce definiciones de Tranque: Cuando el presidente se queda en el poder once años y quiere otros once; cuando vas a votar y se roban tu voto; cuando nadie se puede expresar libremente sin ser señalado o sin que tenga consecuencias; cuando tu amigo, familiar o político te aparta o aísla porque no piensas igual; y otras ocho más.

Las palabras Amor/Odio experimentaron una profunda metamorfosis. Según quienes las usen son equivalentes y hasta intercambiables. Propagandistas gubernamentales creen que modificando el significado de las palabras, la realidad cambia. Siguen sin comprender que las palabras mudan de sentido, únicamente cuando la realidad que dan cuenta ha sido trastocada. Los cambios sociales, políticos y culturales, reclaman un nuevo lenguaje. Este es el asunto y no otro. No hace falta decir más. ¿O sí?