Opinión

La dictadura en las regiones nebulosas de su “religión”

FSLN

Su grupo partidario funciona como un ejército político fanatizado, actúa con fe ciega en las órdenes dictatoriales, su disciplina es de tipo militar



La voluntad dictatorial de Daniel Ortega ha convertido al Estado en un ente con su estructura institucional reducida a los textos de la Constitución, sin valor real en la práctica, porque no funciona ninguna ley que él no desee cumplir.

La burocracia de los poderes del Estado no atiende ninguna ley que no sea su voluntad, por lo que toda actividad oficial, desde la jurídica a la policial (pasando por esa nulidad legislativa llamada Asamblea Nacional y su consejo de elecciones personales) carece de autonomía.

Su grupo partidario funciona como un ejército político fanatizado, actúa con fe ciega en las órdenes dictatoriales, su disciplina es de tipo militar, se comporta como un ejército armado cuando le ordenan reprimir y funciona como una iglesia en adoración permanente al dictador y su mujer.

Nada nuevo “bajo el nicaragüense sol de encendidos oros”.

Antes de cumplir su quinquenio como Comandante en Jefe del Ejército Nacional, Moisés Omar Halleslevens (2005-2010), aseguró que dejaba al ejército sobre cuatro pilares: “la profesionalidad, la institucionalidad, la modernización y la credibilidad”.

Pero Daniel Ortega los derribó  todos, y cuando le sustituyó con Julio César Avilés (2010) le dijo a este que le otorgaba el cargo, porque “Dios pone y quita reyes”, es decir, en ese momento Daniel no se consideraba “Comandante Supremo”, sino el “dios” y a Julio César Avilés el nuevo “rey” del Ejército a quien estaba coronando.

Cinco años después (2015), cumplido el mandato de Avilés, Daniel volvió a su cargo de “dios” y lo reeligió contra la institucionalidad del Ejército para lo cual, previamente, en 2013, había mandado a “honroso retiro” al general Óscar Salvador Balladares Cardoza, Jefe del Estado Mayor y siguiente en el cargo de Comandante en Jefe, nombrando Jefe del Estado Mayor al general Mojica, quien nunca repararía en asuntos “institucionalistas”.

Después, “dios” hizo lo mismo en la Policía Nacional, reeligiendo a la Comisionada General Aminta Granera, quien, al parecer, no aguantó sentirse culpable de esta violación al orden institucional de la policía y “se hizo humo”, pues aún hoy se desconoce en donde está.

¿Con quién la sustituyó?  Con alguien más cercano y en familia: ¡su consuegro!

Ahora que tienen una policía entre sus feligreses, los dictadores ya no hacen discursos políticos, sino invocaciones a las divinidades, remontados “a las regiones nebulosas del mundo de la religión”, de su “religión”, la cual define dos formas enajenadas de comportamiento: con fanatismo político represivo, y fanatismo “religioso” justificativo.

Durante once meses de represiones físicas y una macabra producción de muertes se las atribuyeron a infieles “terroristas” y “golpistas” y, al mismo tiempo, víctimas del dueto “sagrado”.

Sus palabras tienen categoría bíblica para sus fanáticos que reprimen y encarcelan a periodistas “vandálicos”, porque “solo dicen mentiras” y estimulan “el terrorismo”, por lo cual sus dogmas les prohíbe a sus fieles, para salvación de sus almas, ver la televisión, oír las radios y leerlos los periódicos independientes.

Los dictadores, sin reparo de ninguna clase, con sus invocaciones  “religiosas” han creado su propio mundo habitado por gente  enajenada, en absoluta desconexión con el mundo real.

Como fieles creyentes, solo creen en lo que dice la voz única –y la única voz del orteguismo es la de Rosario Murillo— a la que escuchan con respetuosa religiosidad sus diarias invocaciones a través sus medios de comunicación privados… aunque todo el pueblo deberá pagarlos cuando Venezuela cobre lo suyo.

De forma simultánea, en el otro mundo, el mundo real, las bombas lacrimógenas de su policía atosigan los pulmones de los manifestantes, se entierran a sus víctimas en medio de la represión policial y las ofensas de sus parroquianos se confunden con el llanto de las madres que demandan justicia.

En las inmediaciones de su “palacio de justicia”, sus guardianes armados de fusiles y de la fe, cuidan que ningún pariente de los enjuiciados se acerque, para que sus gritos pecaminosos no perturben la sagrada misión condenatoria de sus esbirros judiciales.

En su mundo paralelo se manifestaron en total contradicción con el otro mundo, el jueves 21/03/19, y como todos los días, sus medios publicitarios reprodujeron el discurso místico de quien pasa de “dios” a pastor de almas, en el acto inaugural de un paso a desnivel que, según se informa, nació con su presupuesto desnivelado…

El señor pastor, señalado mundialmente como autor de crímenes de lesa humanidad en perjuicio de ovejas rebeldes, no dijo nada a sus fieles creyentes sobre lo que ocurrió el día anterior en el mundo real.

El pastor les ocultó a sus hermanos los asuntos más importantes que interesan y afectan a toda la parroquia nacional: la condena que recibió de parte del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, y su inclusión en la lista negra (¿por qué no lista blanca?, ¡racistas!) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Parece que el pastor no les comunicó nada, fundado en su “patriótico” rechazo a toda injerencia extranjera (“patriotismo” que le vale ante Wang Jing), aunque al menos debió comunicarles una cuestión de factura nacional:

Que el día anterior, había mandado a sus comisionados a sentarse con la “vandálica” Alianza Cívica y sus “caínes” y “demonios” para que les prometieran que dejará libres a los presos políticos, junto a una serie de puntos que, de cumplirse, marcarían su derrota política más importante, después de sus derrotas morales en los últimos once meses.

¿Qué cosa pudo haber motivado que el pastor ocultara a sus fieles la decisión de ceder (pero hasta solo una promesa) ante el viejo y permanente reclamo popular de libertad para los secuestrados?

No necesito responderme, porque todos sabemos que son dos los  motivos: la heroica resistencia pacífica del pueblo auto convocado, y la presión internacional.  Además, sabemos que nunca pudo haber sido gracias a su sacra voluntad dictatorial.

¿Pero qué saben las ovejas de su secta, al respecto?

Por parte de sus pastores no sabrían nada, pero si aún tienen la posibilidad de pensar un poco con criterio autónomo, descubrirían que sus víctimas no son solo los muertos, los secuestrados y los desaparecidos, sino también ellos mismos, aunque siempre serán los más perjudicados, porque…

*A diferencia de los asesinados por la dictadura que serán eternamente recordados, ellos serán señalados como cómplices, culpa que podrán esconder ni ante sus propias familias.

*Los heridos físicos y morales de la dictadura serán reivindicados y respetados, mientras los cómplices y los falsos indiferentes algún día serán conscientes de sus culpas, como incurables heridas morales.

*El pueblo auto convocado asumirá el deber y el honor de reconstruir a su país en todos los terrenos, con la frente en alto, entre tanto ellos estarán obligados a reconocerse como lo que han sido, para poder reivindicarse socialmente (aunque ¡quién sabe!).

Para que, en definitiva, todos los nicaragüenses que de verdad quieren vivir en una clima social lo más pacífico posible, será inevitable darles cabal cumplimiento a uno de los puntos convenidos en el INCAE: el que tiene relación con la aplicación de la justicia a los culpables y nunca más la repetición del drama nacional del cual apenas comenzamos a imaginar su final.

El fin de ese drama, será posible solo si todos nos comprometemos a cumplir con la democratización de la vida social nicaragüense…

Así sea.