Economía

Retirar córdobas del mercado, e inyectarlos al BCN, frena la actividad económica

La economía: “Una tortuga con los ojos cerrados”

Régimen logró superávit, restringiendo la inversión pública, lo que tendrá efectos directos en la recesión en los municipios y en todo el país



La economía nicaragüense “se mueve como una tortuga, que levanta lentamente una pata y luego otra”, compara el extitular de la Dirección General de Ingresos, Róger Arteaga. Por si eso no fuera suficientemente negativo, “la tortuga va con los ojos cerrados”, añade.

El Informe de Ejecución Presupuestaria del primer semestre de 2019, preparado por el Ministerio de Hacienda y Crédito Público (MHCP), reconoce que el Ejecutivo pudo generar un “superávit de carácter temporal… de 5237.8 millones de córdobas”.

Esa verdad estadística tiene al menos tres problemas. El primero es cómo se generó ese bolsón de recursos. El segundo, es que, haber alcanzado esa ‘victoria’, generará mayores niveles de recesión en la economía nacional. El tercero, es cómo se miden esos recursos.

El cómo se generó, está detallado en el informe en mención, y fue una combinación de aumento de la recaudación —gracias a la reforma tributaria— más la aplicación de “medidas de contención en la programación del gasto”, y el uso de “fondos rotativos desembolsados, pero pendientes de rendición a junio 2019”.

Recaudar más, implica quitarle dinero al público y a las empresas, para dárselo al Estado. ‘Contener la programación del gasto’, o sea, dejar de gastar —peor aún, dejar de invertir— significa que no le dará dinero a los agentes económicos en general.

Usar ese dinero para aumentar las reservas del Banco Central —medida por demás necesaria en el contexto actual— termina de asegurar que ese dinero estará bien resguardado en las bóvedas blindadas del Banco Central de Nicaragua (BCN), pero no donde se necesita: en la calle.

“El productor ya no puede comprarle a sus suplidores, y sus clientes ya no tienen cómo comprarle; los bancos y las casas comerciales están cerrando sucursales, subsidiarias, depósitos, despidiendo personal, o haciendo que el personal trabaje medio tiempo —y gane menos-— porque las empresas tienen que reducir al mínimo sus pérdidas”, sostuvo Arteaga.

Al economista le parece lógico que ocurra de esa manera, considerando que “los empresarios no están dispuestos a perder”, de ahí que el resultado de retirar el dinero de las manos del público sea que todas las actividades se reduzcan, como lo grafica otro ejemplo evidente: “Los centros comerciales están abiertos, pero no están vendiendo”.

¿Alguien en el Gobierno sabe qué están haciendo?

A su juicio, el resultado inicial es que “la economía se está pasmando”, porque la actividad, en vez de crecer, decrece, y este año a un ritmo mayor que el de 2018.

El crecimiento oficial de -3.8% observado el año pasado, será peor en 2019, oscilando entre el -5.4% que calculan los expertos de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides), y el -8.7% que pronostica Néstor Avendaño, presidente de Consultores para el Desarrollo Empresarial (Copades).

Arteaga compara a la economía con una tortuga con los ojos cerrados, porque “el BCN no ofrece estadísticas para que los agentes económicos tomen decisiones, así que no hay referencias certeras”, explicó.

Adicionalmente, observa que “los técnicos que toman decisiones parecen estar desorientados”, porque presentaron una reforma tributaria tan disparatada “que desde el inicio dijeron que tendrían que ajustarla tres meses después, para ver qué funcionó y qué no”.

“Néstor Avendaño ha sido claro al decir que después de la recesión viene la depresión económica, y salir de ahí cuesta más… y todo por una cuestión política”, lamentó.

Arteaga señaló que el cierre de las transferencias a las alcaldías “es una de las causas de la recesión: sin actividad, los municipios no ejecutan obras. Si no circula el dinero, no hay trabajo. Este gobierno decidió apretar el cinturón, pero a quienes llevan la iniciativa económica”, explicó.

Como era de esperarse, “se reducen las transacciones; los agentes económicos disminuyen su actividad. Tiene sentido que haya bancos que estén cerrando sucursales, si solo llegan dos clientes al día. No se puede continuar ofreciendo servicios donde no hay demanda”, sentenció.

Por su posición al frente de la Dirección General de Ingresos durante la presidencia de Enrique Bolaños, Arteaga sabe que recortar el grifo presupuestario en un escenario menos deprimido que el actual, “provoca inconformidad, descontento y reacciones negativas”.

En la realidad de la Nicaragua 2019, retirar el oxígeno a las alcaldías permite ‘gobernar’, pero “reprimiendo, para reducir las inconformidades que vayan surgiendo, como lo hizo Ortega al responder a balazos, a quienes participaron en la Rebelión de Abril, “sin intentar resolver las cosas a través de una negociación verdadera”.

¿Incremento de 2.63%? No, es menos 2.12%

El tercer problema que se relata en forma indirecta en diversos lugares de las 326 páginas del Informe de Ejecución Presupuestaria del Ministerio de Hacienda, es que la fanfarria desplegada para celebrar el crecimiento de 2.7% de la recaudación tributaria del primer semestre de 2019, no es más que una verdad estadística.

Los economistas consultados admiten que sí hay una recaudación adicional de 1088.4 millones de córdobas, al comparar el primer semestre de 2019, con idéntico periodo de 2018.

Lo que el Informe de Ejecución Presupuestaria no enfatiza es que el resultado está expresado en córdobas corrientes, porque si lo hubieran medido en córdobas constantes, el gran público confirmaría la verdad que muchos imaginan y (hasta ahora) pocos podían augurar con certeza: la recaudación se cayó.

La diferencia entre córdobas corrientes y constantes, es que el primero “mide el total de los impuestos a los precios vigentes en el período en el cual se recaudan y, por lo tanto, ese total incluye la inflación durante ese período”, mientras que para el segundo, se utilizan como unidad de medida “los córdobas de 2006”.

Al hacer esa diferencia, el economista Néstor Avendaño asegura que “el monto nominal de los impuestos, o en córdobas corrientes, recaudados en el primer semestre de 2019 aumentó apenas 2.63% en relación con la recaudación del primer semestre de 2018, pero el monto real, o en precios de 2006, disminuyó 2.12%”.

La razón es que “la tasa de inflación semestral fue del orden de 4.86% (con respecto al primer semestre de 2018). Se concluye entonces, que no se logró el aumento de los ingresos tributarios reales del Gobierno Central, que era el objetivo general de la reciente reforma tributaria”.

Avendaño rechazó que la recaudación de 4472 millones de córdobas más de lo que se había programado para el primer semestre del año en curso, sirva para demostrar que la reforma tributaria había sido un éxito.

El experto es directo al asegurar que “las premisas de las proyecciones oficiales no se sostenían”, al observar que a finales de junio se completó el cuarto trimestre de recesión técnica, “y al percibirse la ilusión monetaria de la [alta] recaudación nominal”, que se explica por el hecho simple de haberla medido a precios corrientes.

También como porcentaje del PIB

La decisión del BCN de mantener ‘ciega a la tortuga’ (usando la alegoría de Arteaga), impide tener certezas en cuanto al verdadero peso de las recaudaciones, si se mide como porcentaje del producto interno bruto (PIB), aunque Avendaño pronostica que los datos mostrarán una caída, también como porcentaje del PIB… y eso que el PIB ha disminuido.

“En 2018, según cifra preliminar del BCN, la presión tributaria fue igual a 15.57%, lo que significa que de cada C$100 de producción el Gobierno Central se apoderó de C$15.57 en concepto de impuestos; para 2019, Copades pronosticó una presión tributaria de 14.68%, que es menor que la del año anterior”, aseguró.

Un economista, con amplia experiencia en el estudio de las finanzas públicas, explicó que, a partir de junio 2018, los ingresos fiscales del Gobierno Central caen (porcentualmente hablando) más rápido que los gastos totales, “lo cual conduce a un crecimiento sostenido del déficit fiscal, que se financia, en medida creciente, con retiros de los depósitos del Gobierno en el Banco Central”.

El problema es que en 2019 ya no era posible seguir usando ese mecanismo de financiamiento del déficit, lo que habría obligado al Gobierno a implementar “un fuerte ajuste fiscal”, añadió.

La solución, implementada ya desde el primer trimestre de 2019, permitió generar un superávit, debido a que los ingresos fiscales cayeron 11% con respecto al mismo periodo de 2018, “pero el gasto total se contrajo mucho más, en 27.5%”, detalló.

Al repetir la fórmula en el segundo trimestre, añadiendo “el resultado de la drástica reforma tributaria que entra en vigencia en marzo”, los ingresos fiscales del semestre entero crecen 2.7% en términos nominales, mientras el gasto total se contrae en 8%, con lo cual el Gobierno continúa mostrando un superávit”, concluyó.