Opinión

La esclavitud ayer y ahora

En pleno siglo XXI, algunas corporaciones maltratan a sus empleados, reprimen la expresión de criterios, pagan bajos salarios y permiten el acoso



La esclavitud ha ultrajado a la Humanidad desde la Edad Antigua hasta nuestros días. Investigadores estiman que durante la colonización de América, 65 millones de africanos fueron capturados en distintos lugares de ese continente y desde la costa oeste fletados como esclavos, falleciendo durante la travesía el 30% por hambre, maltratos y enfermedades. Cerca de 25 millones llegaron al Caribe y fueron distribuidos en países de América, para trabajar en plantaciones agrícolas, comercio, trabajos domésticos y otras ocupaciones.

Durante la época colonial el comercio esclavista de africanos, manejado principalmente por europeos, constituyó un negocio lucrativo por su reducido costo de compra. Por su gran fortaleza física éstos eran útiles sólo para producir. Aparte de eso su valor era cercano a cero, pues los consideraban como animales, sin capacidad de pensar y sin ningún derecho ni amparo legal. Los colonizadores de América también esclavizaron a nuestros aborígenes, obligándolos a trabajar en el campo, el comercio, de sirvientes, y como guerreros en las aventuras militares de los conquistadores para adueñarse de otros territorios. Miles de indígenas perdieron sus vidas, por la mala alimentación, condiciones insalubres y maltrato.

La esclavitud fue una institución jurídica en la que el esclavo era “propiedad” de un amo, siendo absoluta su subordinación y obediencia. España, Portugal, Inglaterra y Francia abolieron la esclavitud en los siglos XVIII y XIX. Abraham Lincoln la abolió en EEUU en 1863. Desde sus orígenes, la esclavitud estuvo vinculada con la producción y la transformación de las economías, y ha sido esencial en la constitución de capitales.

Aunque el Artículo 4 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1949 establece “que nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre”, en la actualidad hay distintas formas de esclavitud, basada como en el pasado, en racismo y segregación. Hoy, 34 millones de mujeres, hombres y niños viven en esclavitud: 2 millones en Europa, América del Norte, Japón y Australia; 23 millones en Asia y 1.3 millones en Latinoamérica. El 20% son víctimas de explotación sexual, y el 78% están sometidos a trabajos forzados. El negocio de la esclavitud genera ganancias por 150.000 millones de dólares anuales.

El papa Francisco ha mencionado que las causas de esclavitud moderna son: la pobreza, el subdesarrollo y la exclusión, combinadas con la educación inapropiada y/o inaccesible y las reducidas fuentes de trabajo.Es la pobreza extrema y suscondiciones deshumanizantes, las que afectana diariola salud, educación y dignidad de las personas, hasta perder su capacidad de discernir y aceptar cualquier empleo, con salario y condiciones indignas de un ser humano. La dependencia de su empleador es un paso previo a la condición de esclavo. Másde 3 mil millones, de los 8 mil millones de habitantes del planeta, viven con menos de US$2.50 diarios. En contraste el 1% de la población poseen el 46% de la riqueza del mundo.

Algunas formas de esclavitud moderna son: niños traficantes; niños y adultos en trabajos forzados; trata de personas y esclavitud sexual comercial; trabajo en las minas; servidumbre a cambio de pago de deudas; matrimonios forzados; industria de mariscos; fábricas de medicinas y drogas adictivas; vigilantes; trabajadoras del hogar y de fincas de café.

En pleno siglo XXI, algunas corporaciones maltratan a sus empleados, reprimen la expresión de criterios, pagan bajos salarios, y permiten distintas formas de acosamiento. Los jóvenes profesionales no hallan suficientes plazas de trabajo relacionadas con la carrera estudiada, y en busca de trabajo pasan meses, hasta aceptar cualquier cargo con bajos ingresos; trabajando horas extras que muchas veces no les pagan, haciendo tareas que no corresponden a su cargo, y sin poder expresar sus criterios. La necesidad los transforma en personas sumisas, en esclavos de las empresas donde laboran. Esta situación es aplicable también a quienes tienen años de experiencia, quienes por conservar sus empleos, evitan expresar sus opiniones profesionales, y centran su comportamiento en complacer a supervisores y dueños de la empresa.

Todas las esclavitudes constituyen un comportamiento de dependencia, y generan esclavitud psicológica. Esta se expresa cuando nuestra manera de pensar, sentir y comportarnos está sujeta a la autoridad de otra persona, grupo social, empresa,o partido político. Consecuencia de tal sumisión, las personas pierden el sentido del ser humano digno y respetuoso de los demás,y su libertad de pensar y actuar, alejándose de sus principios éticos y valores morales.

Este tipo de dependencia nos puede convertir en una sociedad de individualistas egoístas y violentos, abusadores, delincuentes, mentirosos, virus que tarde o temprano destruirán nuestra comunidad, y harán de éste un mundo imposible de vivir, donde la armonía y el amor entre los seres carecerán de espacios. Sumado a esas condiciones, enfrentamos la obsesión consumista, la idolatría al dinero y al poder, el fanatismo a partidos políticos,sin amor patrio, honestidad y coexistencia social, y empresas ajenas a las necesidades de la comunidad.

Es necesario que cambiemos de horizonte, para alejar de Nicaragua la amenaza de la esclavitud moderna. A nivel de país se deberá trabajar en la eliminación de la desigualdad económica y social, así como crear fuentes de trabajo digno; en el área educativa, deberemos diseminara todos los niveles escolares la historia y los vejámenes de la esclavitud; y finalmente, sensibilizar a la comunidad para que desde sus hogares se eviten prácticas esclavistas.



1 Comentario


  1. Los colonizadores españoles no podían esclavizar a los nativos, ahí están las Leyes de Burgos de 1512 y las Leyes Nuevas de Indias de 1542 que lo prohibían expresamente, excepto aquellos nativos que incurriesen en delitos o atacasen a los españoles.
    Y la esclavitud ya existía en el continente americano en su época prehispánica. Que se lo digan a la Malinche…