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Opinión

La evolución política 2007-2017

Los políticos que se apoyan en la madurez y experiencia saben que la política de Ortega es pendular que oscilará entre el autoritarismo y la dictadura



Desde el 2007, los sectores progresistas dentro del Estado y del partido de gobierno se vieron cada vez más desplazados y separados, como resultado de una serie de factores objetivos y subjetivos, tanto internos como externos. Al lado del presidente Ortega, por detrás y a veces inclusive enfrente de él comenzaron a ascender otros elementos, otras capas sociales, incluso sectores de la burguesía. Estos elementos si bien no se han apropiado del poder total mismo, ejercen una influencia cada vez mayor sobre él.

Estas capas sociales extrañas al proceso político de los años ochenta (funcionarios del estado, profesionales de los sindicatos, profesionales, comerciantes, intermediarios, etcétera) establecieron un sistema cada vez más entrelazados con sectores del capital local. Al mismo tiempo, dadas sus condiciones de existencia, hábitos y forma de pensar, estos sectores se alejan más y más de los principios, objetivos y teoría del sandinismo original. El plano teórico comenzó a pertenecer al dominio de la alquimia y la astrología.

También hay incluir entre ellos a los profesionales del partido, en la medida en que conforman una casta social cristalizada que asegura su supervivencia a través de los beneficios que obtienen del aparato del estado, más que del partido. El vínculo que se ha realizado entre los intereses materiales de determinados sectores del partido con los sectores del capital los hace permeables a las políticas neoliberales. De esa forma se inicia un desarme teórico y político del sandinismo gubernamental. Al inicio de su mutación todavía podían enmascarar su desacople con el sandinismo original, pero cada menos.

La labor de desarme teórico del sandinismo original se realizó aceleradamente en los últimos diez años bajo el disfraz de la revolución cristiana, socialista y solidaria. Las nuevas capas sociales, conservadoras, piensan que la revolución social de 1979 que las elevó a posiciones dirigentes ya ha cumplido con su misión. Algunos miembros de la antigua dirigencia política tienen razón al decir que la actual conducción gubernamental nos lleva, de manera inevitable, a la restauración del “somocismo sin Somoza”.

Por sus orígenes y tradiciones y por las fuentes de donde deriva su fuerza social, la base principal de su poder político del presidente Ortega sigue siendo los sectores pobres, aunque cada vez menos directamente; pero, a través de los sectores sociales enumerados, cae progresivamente bajo la influencia de los intereses del capital. Más se siente esta presión en la medida en que una gran parte del aparato estatal y partidario, también de los sectores militares y policiales, se van convirtiendo, si no en agentes conscientes, al menos en agentes efectivo de las concepciones y expectativas del capital.

Algunas concesiones fueron necesarias o inevitables, aunque fuera para pagar viejos errores. Las nuevas concesiones en si misma ha sido erróneas, perniciosas e incluso desastrosas para el desarrollo del país. Pero el principal error de los dirigentes ha sido presentar las nuevas concesiones (las políticas públicas neoliberales) como importantes avances triunfales del gobierno y los reveses como avances. Su ceguera le ahorra la necesidad de mentir.

La burguesía tradicional y la oligarquía local, por débil que sean, se sienten con toda razón parte de la clase capitalista centroamericana y sirven de correa de transmisión del capital internacional. Pero aun la base social subordinada de la burguesía local dista de ser despreciable. Y puesto que la agricultura se desarrolla sobre la base de economía individual de mercado, da lugar inevitablemente que una importante pequeña burguesía rural, los campesinos medios, etcétera; se conviertan en base social de los representantes del capital.

Estos son los orígenes sociales para explicar la mutación política de los miembros del gobierno del presidente Ortega. Desde el 2007, el gobierno ha hecho concesiones importantes al gran capital local e internacional. La política de concesiones fiscales y comerciales, por modestas que hayan sido, al inicio, tuvieron sus consecuencias prácticas, significó un serio revés táctico a nivel de los principios en beneficio del capital. En otras palabras las concesiones económicas contenían los gérmenes que sirvieron de base para facilitar la mutación política del círculo íntimo del poder.

A partir de las concesiones, el poder presidencial se ve obligado a tener en cuenta a los diferentes sectores de la clase dominante, a cada una según sus fuerzas a escala nacional e internacional, y debe hacerles más concesiones para mantener su dominación. El resultado final ha sido que miembros del círculo íntimo de poder se han enraizado en la filosofía capitalista.

He señalado muchas veces que esta regresión política social, para tratar de tener éxito, asumiría la forma política del autoritarismo, no de la democracia. Los políticos que se apoyan en la madurez y la experiencia saben que la política de Ortega es pendular que oscilará entre el autoritarismo y la dictadura.