Opinión

La farsa, acepción cuatro

Constituyente

Es grotesco fingir ignorar que la agresión al gobierno de Venezuela tiene el objetivo de recuperar el privilegio de explotar sus riquezas naturales



Lo dramático, chabacano y grotesco de una farsa no tienen que ser características solo de una obra literaria, pues sin ejemplos en la vida misma –que es la obra madre— no existiría ninguna otra que no fuera su reflejo.  La vida de la humanidad no puede ser menos dramática, chabacana y grotesca, y no es producto de la imaginación de nadie ni es obra escrita por capricho, sino nacida del choque de intereses, de ambiciones, de toda clase de mezquindades individuales y colectivas.

La división entre poderosos y débiles, ricos y pobres, dominantes y dominados –la división entre clases sociales en fin—, se multiplica en todas las sociedades humanas y tratándose de países, unos pocos dominan al resto en escenarios que vienen desde la sociedad imperial antigua, la Edad, Media, el colonialismo neo capitalista hasta el capitalismo global de ahora. Lo dramático es que sus contradicciones es fuente de tragedias, explotación, hambre, ignorancia.  Pero de costumbre, se escucha esta negación: la lucha de clases no existe, proclaman sus ideólogos, todo se resuelve en paz y armonía.  Entonces, como las injusticias son frutos del pecado, el que quiera salvarse que busque a Dios…

Esta falacia se proyecta a las relaciones internacionales.  Los gobiernos de los grupos financieros, monopólicos y transnacionales de países ricos dominan a los pueblos con su poder económico, militar, cultural e informático.  Afinaron sus métodos de dominación en la medida que no pudieron contener el proceso de descolonización, y aunque obtuvieron una victoria sobre la versión socialista europea, y sobre algunas revoluciones tercermundistas, se les ha imposibilitado parar las luchas latinoamericanas y la consolidación de la revolución cubana en las costillas del imperio guía de la contrarrevolución.

Lo dramático, chabacano y grotesco tuvo su momento de esplendor en su coto privado de Centroamérica y el Caribe; en países de América del Sur impusieron un modelo democrático violento, con 70 bases militares gringas, y oligarquías alternándose en el poder, garantizando la explotación de sus recursos naturales, petróleo en especial.  Dictaduras sin máscaras en Paraguay, Brasil, Uruguay, Chile, Argentina.  Pero en ningún país el mal llegó a cien años, ni hubo pueblo que lo permitiera, y con sus peculiaridades avanzaron en unidad, relaciones de cooperación en igualdad sin su odiosa hegemonía…

Ante esa resistencia, vino el momento de iniciar la revancha con chabacano y grotesco libreto del viejo drama.  En Centroamérica y el Caribe, lograron frustrar triunfos anti dictatoriales en Guatemala, República Dominicana, Nicaragua, Panamá y reforzar lo suyo en el resto.  En el Cono Sur impusieron sangrientas dictaduras.  Después de liberarse de Pinochet a Chile le entibiaron la democracia, y aún se gobierna con la Constitución pinochetista que impone la privatización de la salud, la educación y las pensiones del seguro social.  Ese modelo pinochetista de la salud, con clínicas privadas previsionales, en Nicaragua lo adoptó un gobierno de los 90 y lo mantiene el gobierno de Ortega.

Continuó la contraofensiva conservadora. Al final de la dictadura en Argentina, el movimiento progresista de los Kirschner impulsó reformas sociales, pero se reinstaló un régimen neoliberal –polluelo de los “fondos buitres” gringos— con recortes presupuestarios en educación, salud, la inversión pública y su proceso de privatizaciones, la represión policial, rebajas de salarios y pensiones, más desocupación y mayores concesiones a las transnacionales. En Brasil después Lula y Dilma con sus gobiernos progresistas, de avances sociales inéditos se produjo lo grotesco de la farsa promovida por Washington para despojar a Dilma para revertirlo todo y lo tienen como el modelo que están pretendiendo instalar en Venezuela.

En el esquema de la OEA, la política exterior gringa y los ejes publicitarios del ejército mediático –tres en uno— con que funcionan los intereses de la burguesía en Brasil, no solo es tolerable como una expresión de mercado libre, con constitucionalidad cero.  Como quieren que lo veamos como algo ejemplar, el gobierno de facto de Temer figura entre los países que reclaman entre amenazas y la promoción del terrorismo, el restablecimiento de la “democracia” en Venezuela.  Grotesco, pero real.

¿Y cuál es el aval democrático del gobierno de Temer para asumir poses liberadoras, dentro de la OEA?  Todo el mundo sabe que Temer ascendió al poder utilizando la traición política, la conspiración de políticos delincuentes –como él mismo— con juicios pendientes con su propia justicia y los recursos mediáticos privados para violar la Constitución, despojar a Dilma de la presidencia, pasar por sobre la voluntad de más de cincuenta millones de ciudadanos que por ella habían votado, y revertir sus programas sociales.

Sin embargo, muestran asombro por el hecho de que en medio de todo tipo de agresión utilizado desde hace diecinueve años –cuatro de los cuales han sido aplicados sin un día de descanso contra Nicolás Maduro—, este recurra a todos los medios de defensa para evitar el derrocamiento de un poder revolucionario legitimado por dieciocho procesos electorales y la Constitución producto de la voluntad popular.  Lo grotesco: que Brasil, el peor ejemplo de violación a los derechos democráticos y sociales, quiere se repita su modelo en Venezuela.

Pero no es todo: la burguesía coimera de Venezuela, que en el 2002, en pocas horas de gloria desmanteló la Constitución, ahora echa lágrimas por ella, desde cuando anunciaron una Asamblea Constituyente… y el mundo entero se compadece de su “sufrimiento”.  En el mismo momento que el político derechista Ramos Allup tomó posesión de la Asamblea Nacional, proclamó que en seis meses derrocaría a Maduro, violando la Constitución, paro ahora el pobre sufre el desgarro “moral” que le produce la redacción de una nueva Constitución.  Sus lágrimas se las conjuga el sistema informativo del ejército mediático transnacional.

Viven tratando de ocultar que: 1) todo plan de acción es compartido por agencias de espionaje norteamericanas con los diversos grupos de la derecha, mantenida en unidad ficticia, pues cada uno se mueve según su patrocinador; 2) presentan la trágica situación económica del país, como resultado de una mala administración, sin relación con el sabotaje a la producción y de los dueños de las cadenas de distribución; 3) la actividad conspirativa del gran comercio vinculado a grupos financieros no existe; 4) omisión de todo esfuerzo oficial en pro de la producción y la distribución para resolver el problema, para dar la imagen de un gobierno indiferente, y hasta satisfecho por tener en problemas al pueblo.  Además, comete el crimen de rechazar la fácil solución que le ofrecen: ¡que les entregue el poder!

Junto a toda esa chabacanería, los ejes de propaganda internacional de desprestigios y descalificaciones personales buscan igual efectividad que la acción contrarrevolucionaria.  Se antepone lo trivial a lo básico, pues ningún defecto o asunto personal vale más que los intereses colectivos de una nación.  No me gustan cosas de Maduro, pero no son peores que los intereses que se ocultan detrás de las descalificaciones; y me gusta menos que se pretenda volver al pueblo venezolano al tiempo de sus aspiraciones postergadas y reprimidas, para que los parásitos sociales y sus aliados extranjeros recuperen sus privilegios.

Nunca me han gustado las invocaciones religiosas de Maduro en su discurso político, pero menos me gusta lo que detrás de las críticas ocultan sus agresores.  Soy crítico de la tolerancia de Maduro con lo que Ortega deshace con la colaboración petrolera, pero aún más crítico soy de los objetivos que las transnacionales persiguen con su derrocamiento, y jamás me identificaré con sus puntos de vista imperial derechista sobre el problema de Venezuela.

Es grotesco fingir ignorar que la agresión al gobierno de Venezuela tiene el objetivo de recuperar el privilegio de explotar sus riquezas naturales, comenzando con el petróleo, después de lo cual echarán a la basura los intereses del pueblo –como ya lo hacen con el brasileño y el argentino—, cuando apenas ha comenzado a satisfacerlos, como con el millón y medio de viviendas, una de las tantas cosas que ocultan.  Cubrirse con argumentos “democráticos” absolutamente retóricos, no deja de ser grotesco.

 Ruperta y Ruperto:

–El FMI está cobrando sus elogios a la macroeconomía orteguista a costa de los trabadores, Rupertó, pues ya está exigiendo aplique sus medidas neoliberales…

–Será una exigencia para que su gobierno les ceda algo más a los Cosep, Rupertá…

–Tenés razón, Rupertó, porque el Seguro Social ya está privatizado, la amenaza de elevar la edad para jubilarse y cobrar más cuotas a cada afiliado, ya son viejas amenazas del orteguismo…

–¿No será, Rupertá, que el FMI está buscando con Daniel su tajada del “Canal interoceánico”?