Opinión

La guerra en las redes

Redes

Cada vez que el Gobierno ha pretendido violentar la realidad para acomodarla en su beneficio, las redes se oponen a la tergiversación de la realidad.



“La verdad siempre
ha sido revolucionaria”.
Antonio Gramsci

1.- Ubicando el tema. En la lucha por la conquista de la mente y los corazones, los medios de comunicación en su sentido pleno —prensa, libros, revistas, comics, radio, televisión, cine, satélites, redes sociales— juegan un papel decisivo. Con el paso del tiempo se han convertido en las plataformas de socialización más importantes. Desde sus orígenes entraron de lleno en los juegos de poder. Sus aportes y acompañamiento en guerras y disputas políticas son muy valiosos. Constituyen el poder blando, para utilizar la definición de Joseph Ney. Son los encargados de forjar las imágenes del mundo, como adelantó en su momento, el estadounidense Walter Lippmann (1922). Nada de lo que ocurre en la sociedad contemporánea le es ajeno.

Al despuntar los sesenta del siglo veinte, las investigaciones de Donal Shaw y Maxwell McCombs, fueron concluyentes. A partir de lo que leen las personas en los periódicos, escuchan en la radio y ven en la televisión, son conscientes o ignoran, prestan atención o descuidan, enfatizan o pasan por alto, un sinnúmero de acontecimientos. Imponen la agenda. En su discurrir histórico los medios tienden a rejerarquizarse. El más avanzado desplaza al que ocupaba el primer lugar. Los desplazamientos no implican que los demás medios dejen de cumplir sus funciones. Solo se reposicionan. La radio llegó después del periódico, la televisión y las redes después de la radio. No supuso su desaparición, solo una nueva rejerarquización.

Los medios constituyen un sistema. Unos y otros tienden a reforzarse o repelerse, a ratificarse o desmentirse. A los medios apasiona hablar de sí mismos, explica el francés Edgar Morin. Su narcisismo queda desfondado cuando la demanda masiva de información alrededor de determinados temas —especialmente cuando los poderes establecidos son desafiados— se convierte en una exigencia apremiante. Todo el sistema mediático queda interpelado. Comienzan a funcionar al unísono. Radio, televisión, periódicos y redes son compelidos a asumir una agenda similar. De no hacerlo se verán rebasados por los hechos. O dan cuenta de lo que sucede o dejan de gozar de la aprobación ciudadana. Un requerimiento difícil de eludir.

En Nicaragua —a diferencia de lo que ocurre en el contexto internacional— los medios gozan de aceptación. En diversas partes del mundo desconfían de su trabajo. La polarización política lo que hizo fue definir de qué lado se ubicaban. El gobierno del presidente Daniel Ortega estimuló el deslinde. A partir de su retorno al poder en 2007, creó los Foros de Periodistas Sandinistas (FPS). Un regreso a prácticas de encuadramiento partidario. La decisión gubernamental abrió paso a las agresiones contra periodistas y el cierre de medios. Un retroceso. La determinación hizo que el ciclo de violencia persistiera. Los periodistas son asediados y vejados, con resultados fatales. Se ven imposibilitados de cumplir cabalmente con su trabajo.

2.- Una lucha intensa. El dilema más importante en la sociedad contemporánea radica en la calidad y solidez de las fuentes informativas. Informarse es y seguirá siendo una actividad dispendiosa. Informarse cuesta. Supone una conducta activa. En la era de los fakes news o de la presentación de hechos alternativos, utilizar las redes se vuelve una tarea apremiante. Su utilización viaja en dos direcciones. Permiten la difusión interesada de mentiras como también ayudan a rectificar tergiversaciones antojadizas. No se trata solo de acudir masivamente a las redes. Eso no basta. Lo vital continúa siendo escapar de la mentira. Estas, más temprano que tarde, se revierten en contra de quienes las publicitan. La verdad no soporta maquillajes.

La plasticidad de las redes y la imposibilidad que tiene el gobierno de interferir sus narrativas, resultan cualidades atrayentes. Durante estos meses de rebelión cívica, los usuarios han reiterado que se trata de su principal herramienta de combate. Los teléfonos móviles los usan para tomar conciencia y desencajar las mentiras oficiales. Cada vez que el gobierno ha pretendido violentar la realidad para acomodarla en su beneficio, las rectificaciones han sido contundentes. A través de las redes se oponen a la tergiversación de la realidad. Un escenario donde el gobierno no puede imponer la impunidad. Su pecado ha sido insistir una y otra vez —pese a los reveses recibidos— en instalar la mentira como mecanismo informativo. Una labor fallida.

Cuando funcionarios estatales señalaron en el Diálogo Nacional, que la muerte de los niñitos Mathías y Daryeli Pavón Raudez, había sido provocada por los manifestantes, la afirmación cayó por su peso. Las imágenes en las redes desmontaron la farsa. En el caso de Karina Navarrete y Nelson Gabriel Lorío, padres del niñito de catorce meses, Teyler Leonardo Lorío Navarrete, ocurrió algo parecido. Explicaron que fuerzas policiales eran las responsables de su muerte. Con esta versión echaron por tierra la constancia entregada por el Hospital Alemán Nicaragüense. El disparo recibido por la criatura en la cabeza, fue convertido por arte magia en “sospecha de suicidio”. La familia tiene como prueba los videos tomados por vecinos de Las Américas 1.

Igual pasó en Masaya el sábado 23 de junio. Carolina de los Ángeles Collado, empleada de la alcaldía municipal, recibió un disparo en el cuello. Sus familiares se negaron a recibir la corona enviada por las autoridades edilicias. ¿Cómo iban aceptarla si antes habían expresado que su muerte se debió a disparos realizados por policías y fuerzas de choque gubernamentales? Una vez más la narrativa oficial se tambaleo y vino a pique. Los videos en Facebook Live son pruebas irrefutables. Las tomas circulan en tiempo real y no hay manera que puedan ser editadas. No se trata nada más de asistirse masivamente de las redes cuando no se sustenta la verdad. El descalabro ocurre cuando se recurre a la mentira como arma de lucha.

3.- Las redes en la cima. El análisis del desarrollo mediático permite constatar sus recomposiciones jerárquicas. La revolución científico-técnica posee atributos que jamás habían tenido a lo largo de la historia el desarrollo tecnológico. Una novedad lúdica en expansión. El maridaje de los medios tradicionales con los satélites e Internet, sigue redefiniendo el paisaje. Su combinación ha incidido en la política, la economía, la cultura y la educación. Ninguna de estas actividades escapa a su influjo. Tampoco ha existido un solo momento en la historia de la humanidad, que los medios no hayan sido convocados por diversos actores, con la finalidad de sumarlos como parte de su arsenal estratégico. Son requeridos de forma permanente.

Las modificaciones en el campo político, poseen la misma intensidad que los cambios experimentados en el orden económico. La economía tiene la información como materia prima básica. Las redes sociales fueron incorporadas de inmediato —en diversas partes del mundo— como dispositivos para ganarse la voluntad de las personas. El afán gubernamental de coparlas, obedece a constituyen la avanzadilla de la insurrección cívica. Las disputas por conquistar el sentimiento mayoritario de los nicaragüenses se efectúan a través de estas plataformas. La decisión de la membresía sandinista de conquistar a los usuarios fue tardía. Con dos meses de retraso resulta difícil contraponer su discurso a millares de partidarios de la lucha cívica.

El uso de las redes venía siendo cuestionado en Nicaragua. En un país mayoritariamente constituido por jóvenes —41% es menor de diecinueve años— su uso crece de manera exponencial. Durante muchos años su utilización estuvo consagrada ¡al puro entretenimiento! Facebook alcanzó la cifra de dos millones setecientos mil usuarios y la cantidad de teléfonos móviles sobrepasa a la población nicaragüense (6.30 millones de habitantes), el esquema perfecto para que todos se lanzarán a poner las redes de su lado. Como aconteció en otras sociedades a lo largo del planeta, los nicaragüenses las utilizan ahora como dispositivos para viralizar sus luchas y desnudar abusos. El viraje ocurrió a partir del 18 de abril de 2018.

Las redes se posesionaron como instancias primordiales para desafiar la narrativa oficial y desmontar sus mentiras. Son los canales más significativos con que cuenta la insurrección ciudadana. Suscitan enormes controversias e imponen la agenda en una diversidad de temas. Son sus aliadas más efectivas e imprescindibles. ¡Una sinfonía de imágenes y voces clamando justicia! La forma temprana y la masividad con que fueron y son usadas por sus simpatizantes, hizo que desde el inicio ganaran la batalla a los usuarios gubernamentales. Dada su ubicuidad e inmediatez, jóvenes y viejos los utilizan para manifestarse y tomar partido. No quieren quedarse al margen de la batalla que se libra en todos los frentes por la democratización de Nicaragua.