Opinion

La hora de la ciencia ante la pandemia

Hay coincidencia en que la estrategia del Gobierno Ortega-Murillo es la que se ha conocido como “la inmunidad del rebaño”

“No es sana una sociedad de una única voz”
Lin Meyling, oftalmólogo chino, el primero en alertar sobre el coronavirus.

Si algo está dejando claro esta pandemia del coronavirus es la importancia del conocimiento científico y de su aplicación. Es increíble la proliferación de investigación a que ha dado lugar en tan corto período de tiempo.  La ciencia ha debido responder o al menos está haciendo enormes esfuerzos para entender la naturaleza de este virus, cuya capacidad destructiva ha logrado paralizar al mundo, por el contagio a más de tres millones de personas y llevar a la muerte a un número que crece cada día.

Para el mundo también han quedado claro otros aspectos, como la importancia de los sistemas de salud pública y cómo estos han tenido que responder a la demanda acrecentada de servicios. Aquellos países en que sus sistemas de salud en las pasadas décadas fueron reducidos o debilitados por razones presupuestarias o de privilegio a los mercados han tenido que reconocer que esta estrategia fue equivocada.  Las restricciones presupuestarias a los equipos de investigación científica también están pasando la factura. Igualmente ha pasado con la globalización y especialización en ciertas zonas del mundo como China de la producción de insumos médicos, lo que ha llevado a países con industrias sólidas a enfrentarse a verdaderas crisis de suministro de insumos y equipos. Es muy posible que estas situaciones tengan que ser modificadas.

Para enfrentar la pandemia, los gobiernos de la mayoría de los países rápidamente se auxiliaron de hombres y mujeres de ciencia para impulsar planes de acción encaminados a responder a las necesidades su avance ha exigido. Es una realidad que aquellos países que más éxito han tenido en mitigar los efectos de la pandemia son aquellos en los cuales sus líderes han tomado como sus referentes de acción los criterios dados por la ciencia y en los que se ha informado con honestidad y transparencia, de manera que la población actúa con la confianza que las decisiones de política han sido las correctas. Se ha documentado que el liderazgo de las mujeres jefes de estado ha sido uno de los factores de éxito.

En Nicaragua, también ha sido muy importante la voz de las y los científicos, para quienes la evidencia y la experiencia de otros países los ha llevado a explicar a la población las recomendaciones que la ciencia propone como las medidas más efectivas para prevenir y manejar la pandemia.

El Comité Científico Multidisciplinario (CCM), formado voluntariamente por profesionales de la medicina, la psicología y la educación, ha multiplicado su presencia en la televisión, las radios y las redes sociales para explicar a la población la necesidad de seguir recomendaciones que pueden ayudar a la prevención del contagio, los cuidados médicos y ofreciendo sus consejos a los alcaldes, sabiendo que son las autoridades locales las primeras que serán llamadas frente a un desborde de la crisis que se avecina.  Igualmente han sido enormes los esfuerzos de educar a las familias, a los estudiantes y al personal de salud con indicaciones precisas de lo que debe hacerse en cada caso.

Desde la Academia de Ciencias de Nicaragua (ACN) se han hecho ingentes llamados a la población a mantener la distancia social, a evitar las aglomeraciones, a suspender las clases en todos los centros educativos como medidas básicas y necesarias para prevenir el contagio.  La reciente y oportuna publicación del libro “COVID 19. El caso de Nicaragua”, producto del esfuerzo de investigadores e investigadoras y del apoyo de la Universidad Centroamericana (UCA), nos alerta sobre temas tan relevantes como la importancia de la masividad y descentralización de las pruebas, así como permite conocer las capacidades que existen en el país para dicha tarea. El libro expone los riesgos de la contaminación del agua y la necesidad de mantener un control sobre el ambiente y sobre las aguas servidas para evitarla, así como las políticas necesarias para un adecuado control de los desechos sólidos en aras de impedir que por esa vía aumenten los contagios.

A nivel oficial cuando se esperaba que las autoridades se pusieran al frente de la situación para orientar a la población y cumplir la tarea que les corresponde como rectores y responsables del bienestar y salud de la ciudadanía, las autoridades del Ministerio de Salud, -en comparecencias cada vez más cortas, o simplemente ausentes como estos últimos días-,  repiten el discurso que escribe la única voz autorizada para decir cuántos enfermos hay.  Parece que en estos casos el miedo a las represalias es más fuerte que su respeto por la ciencia y por  sí mismos.

Lo más terrible es que ni siquiera se ha decretado oficialmente la existencia de la pandemia, las pruebas se realizan si y solo si, la persona ha estado en contacto con personas procedentes del extranjero, siendo que el aeropuerto tiene más de un mes de estar cerrado y el paso por las fronteras con los países vecinos ha sido cancelado por estos países, desde hace al menos dos meses.

En materia económica, como nos expuso el libro de la ACN no hay ninguna medida de orden fiscal o financiero para enfrentar una situación que para muchos países y para Nicaragua será sin duda peor, se dice es la crisis más grave que se ha enfrentado desde la gran depresión de los años 30 del pasado siglo. Para las familias no se detienen los cortes de luz, de agua y los cobros de impuestos. Aquí no hay moratoria ni compasión con una población desprotegida, a la que no solamente no le dan plazos ni treguas, más bien las tarifas de luz y combustibles siguen en aumento, pese a la caída en los precios del petróleo. Otra vez, los negocios particulares de los gobernantes son más importantes que el bienestar de la población.

Hay coincidencia en que la estrategia del gobierno Ortega Murillo es la que se ha conocido como “la inmunidad del rebaño”, confiando en que este es un país con una mayoría de población joven y por ello, la cantidad de muertes sería menor.  Sin embargo, es una apuesta muy arriesgada para un país como Nicaragua que ya en 2017 tenía niveles de pobreza superiores al 40 por ciento y que hoy día será seguramente mayor, con altos niveles de desnutrición de su población y con un sistema de salud debilitado. Lo que haría pensar más bien es que antes de lograr la inmunidad del rebaño, lo que se lograría sería una irreparable cantidad de vidas perdidas y no solo de personas mayores, principales víctimas de la pandemia en la mayoría de los países, sino también de jóvenes.

Los constantes llamados a movilizaciones, marchas, ferias, eventos deportivos, festividades de todo tipo dejan claramente establecida la negativa del Gobierno Ortega Murillo a reconocer la evidencia científica y la voz de las y los científicos y también cualquier voz sensata que pudiera sugerir un cambio de rumbo.  Más bien se ha impuesto el criterio de privilegiar la economía, haciendo evidente que lo único que le importa al gobierno es mantener los niveles de recaudación tal como se hizo con la reforma fiscal y de la seguridad social impuesta unilateralmente a inicios de 2019.  Queda claro también que están actuando tal como decidieron hacerlo desde abril de 2018, con el único apoyo de las armas y la represión. Solo la policía acompaña a los cada vez más numerosos muertos por la pandemia, enterrados en silencio y en la oscuridad de la noche.

Sin duda, a nivel mundial veremos en los próximos años una nueva valorización de la investigación científica y del aporte de las y los científicos. También se manifiesta una vez más la inexistencia de verdades absolutas. Por lo que, la necesidad de continuar investigando y profundizando es cada vez más una necesidad apremiante. Y ojalá que sean muchos los y las jóvenes que sientan el llamado de la ciencia para enfocarse en esta ardua, pero maravillosa tarea de la investigación científica en sus infinitas dimensiones.

Pero es igualmente relevante la necesidad de contar con un sistema de información pública que brinde confianza a la población, que permita el análisis y la investigación, que esta información esté fundamentada en criterios técnicos, no en cálculos políticos o en supersticiones, ni tampoco que busque culpar a otros, “señal de Dios” como expresó Ortega en una de sus dos comparecencias.

En definitiva, la pandemia hace cada vez más claro y urgente el clamor de la ciudadanía nicaragüense por un país con instituciones democráticas, sujetas a la ley y al escrutinio público. Con un liderazgo que sea capaz de convocar a las y los expertos, y en el caso de esta pandemia, a los representantes de asociaciones médicas, científicas, empresariales, sindicales, comunitarias y escuchar sus consejos para enfrentar juntos las amenazas que como sociedad nos afectan a todos y todas.

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