Opinion

La madre de todas las pestes

La Peste vive encuevada y no sale para no exponerse ni exponer a los genéticamente suyos, a ningún contagio, y menos al colectivo

Ya sabemos que aquí en Ninguna Parte se esconde una pareja que en singular, entre otros nombres que tiene, se llama Peste, o sea la madre de todas las pestes que nos asolan. La Peste vive encuevada y no sale para no exponerse ni exponer a los genéticamente suyos, a ningún contagio, y menos al colectivo. Es una medida terapéutica, para vivir y que se mueran los otros. Ahora bien, la Peste pone “Huevos güeros”, y como tales no pueden convivir con la familia apestosa, pero sí servir de mensajeros en el exterior. Son una especie de Heraldos Negros. Así, por ejemplo, están los “Huevos güeros” de la desinformación, cuya misión consiste en ser una especie de astronautas graduados en economía, lo que según ellos los faculta para ser doctores, no en medicina, ni epidemiólogos ni nada de esas profesiones abolidas por este Gobierno por innecesarias, sino para que cada quien pueda convertirse en un doctor Anthony Fauci, la eminencia que en los EE. UU. derrumba las falacias de Trump, pero siendo ellos, aquí en Ninguna Parte, los artífices de las falacias de la Peste.

Otra de las misiones de los “Huevos güeros” es ir expulsando de hospitales y clínicas a médicos verdaderamente calificados, cuyos criterios, por honestos y éticos, han entrado en franca contradicción con los “diagnósticos mortales” de “Huevos güeros” y “Huevos Chumbos” (los que pernoctan en la AN). El entorno que rodea a este Gobierno y su cueva, da pánico. La verdad de los diagnósticos de este Gobierno, sale por las noches, resguardada en un ataúd, como corresponde, en un negro carro fúnebre tirado por caballos con mallas luctuosas en sus lomos, que conduce riendas en manos un cochero pálido e impávido ante el sonido monótono y acompasado de los cascos, llevando al tétrico carruaje, a punta de chilillazos a los pobres cuadrúpedos, hacia un solitario cementerio desconocido.

Desde luego que los “Huevos güeros” tienen otras misiones, como imponer a maestros, padres de familia y alumnos, la obligatoriedad de asistir a clases, aún con la amenaza real del covid-19, y chantajeando con que si no asisten a esas clases, perderán el año. Entonces es cuando el pueblo le da una respuesta contundente a la Peste encuevada: “Es preferible que los estudiantes pierdan el año, a que pierdan la vida.” Agregando: “¿Y por qué no salen de su cueva ustedes los encuevados y afrontan la realidad que todos vivimos? ¿Es que únicamente los tiranos tienen derecho al pánico?” En este momento los “científicos pandémicos”, es decir, los “Huevos güeros” que se ocupan de la pandemia y de la educación, guardan silencio. Porque le tienen más pánico a la Peste encuevada, que a la peste del contagio colectivo. Al fin y al cabo, los que están afuera, creen, están destinados a morir, y la Peste encuevada, a matar. Pero Alá es más sabio, justo y previsor que huevos y pandemias.

Los “Huevos güeros” son polifacéticos. Están los preguntones, que indagan sobre el futuro de Ninguna Parte, tal y como la capacidad de la oposición para gobernar, y qué hará la oposición cuando sea Gobierno. A mi ese orden me da risa, pues este tipo de planteamiento de preguntas y orden de los factores, sí puede alterar el producto. Sencillamente porque más que la capacidad de la oposición para gobernar, debe de estar la capacidad de la oposición para unirse, y dentro de este contexto la necesidad nacional de reconocerle a los jóvenes –nuestra reserva moral de la que habló monseñor Silvio Báez- su calidad de protagonistas insustituibles en este período de nuestra historia. Siempre tendrán el mérito de autoconvocados. Los llamó la patria y acudieron. Sintieron y sentimos en nosotros ese llamado. Si hay algo que exigirle a los jóvenes, después de reconocerles sus aportes al cambio de correlación de fuerzas en nuestra política, hasta abril de 2018 obsoleta, es su deber de estar unidos. Una gran coalición, con jóvenes desprendidos de toda ambición personal, es crucial. Como dijeron en su momento, no están para un retrato. Tampoco, digo yo, son seres humanos “adoptados” por momias, cuyo momento ya pasó. Son jóvenes: Divino Tesoro. El presente y el futuro. El relevo necesario y esperado. ¡Cuidado! Que aquí nos jugamos el futuro, y más cuando algo a podrido huele en Dinamarca. Me refiero a esas dos enfermedades endémicas de nuestra historia: Reeleccionismo y presidentitis.

Esas dos enfermedades también tienen sus Heraldos negros, y hasta me parece verlos infiltrados en muchas de las actuaciones políticas del momento. Aquí la lucha no es ideológica, pero sí entre democracia y dictadura. Entre banderas azul y blanco, y la Peste encuevada. Tenemos un horizonte llamado democracia y un pasado, también conducido por cocheros de carrozas fúnebres. La unidad debe de estar con la democracia, y el rechazo contra la dictadura. Pero nuestro sentido de la democracia debe estar en aceptarnos todos, rechazando todo aquello que nos quiera llevar a que vuelva el pasado de Somoza y el pasado de la Peste. Porque este, supuestamente actual, ya es pasado apestoso.

Y así la pregunta de los “Huevos güeros” se responde. Unidad inyectada de juventud. Juventud no recriminada por nada. Un Gobierno producto de la unidad, es un Gobierno de todos y para todos. Ahí no caben las fracturas de la ambición. No caben los personalismos. Por eso no vayamos tan de prisa queriendo responder qué hará la oposición cuando sea Gobierno, sabiendo que la unidad es un requisito para gobernar. Ir junto al pueblo soberano. Entendernos con espíritu de servicio. Percibir que ser relevado significa compartir lo bueno que a uno le queda, con quienes nos suceden en esta lucha. Que hay un tiempo para todo, y que este futuro ya fue asignado. Es la hora del tranque al pasado. La hora de la liberación de los presos políticos. La hora de la resurrección de los más temidos por esta dictadura: Los héroes y mártires. La hora de demostrar que habiendo logrado unirnos, desaparecen la Peste y los “Huevos güeros”. Ya no habrá cueva para tiranos, y sí un cielo azul y blanco para hombres libres. ¡Seamos Gobierno!

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