Opinión

La madre de todos y otros lapsus

Rosario Murillo Nicaragua

Deben quedarse en silencio, dejar que madres lloren y entierren a sus hijos en un país donde no tengan que morir por recuperar las palabras perdidas



Es muy probable que no volvamos a ver a la pareja presidencial frente a quienes representan a la Nicaragua agraviada que no piensa como ellos, como sucedió en el primer día de diálogo. En todos estos años jamás han concedido una entrevista a un medio que no fuera afín, ni han rendido cuentas ante nadie, ni se han presentado ante un público uniformado cuyo aplauso no estuviera garantizado. La ocasión, por tanto, merece un análisis aunque sea de manera breve.

En cualquier comunicación, los silencios, equivocaciones, lapsus y comparaciones que el emisor hace ayudan a revelar asociaciones y fuentes que explican algunas cosas. Esclavos todos de nuestras palabras.

Daniel, su hermano y los caídos

Que yo recuerde, no se pronunció en ningún momento una sola palabra de disculpa o de perdón. En lugar de ello, el presidente trató de buscar palabras para acercarse al dolor de las familias que habían perdido su seres queridos en esta violencia. Buscó y se remontó a la pérdida de su hermano menor, Camilo, durante la lucha contra Somoza.

En un funeral, nadie suele acertar con las palabras precisas ante el doliente. Por eso, los abrazos suelen ser más efectivos que algunas palabras. Por eso nos acercamos tanto como si fuera posible descargar piel con piel el dolor ajeno. Abrazamos, acariciamos. Pero lo más torpe es tratar de comparar dolor con dolor, como si cada muerte no conllevase una vivencia única y personal, incomparable. Y más cuando se trata de hechos en contextos y épocas tan distintas. Daniel habló en forma de mitin, con la mirada en un horizonte sin nada, como la que se exponían hasta hoy en las vallas gigantes de las rotondas, junto a su esposa. Habló como si no tuviera ninguna responsabilidad en las fuerzas policiales y paramilitares que disparan contra los muchachos, de cuyas muertes decía dolerse.

Y al mismo tiempo, sin querer, con la referencia a su hermano equiparó este levantamiento de ahora con el de los jóvenes de su época. La intuición inconfesable de que surge de la misma raíz de rebeldía, la misma disconformidad y el instinto por la libertad. Buscó acercarse y se fue lejos. E incluso, cuando le pidieron que diera una orden concreta, dijo que la orden “está dada”, en pasiva y en pasado. En un pasado que sigue disparando a matar, cuyos fantasmas y cuya sangre vuelven como una pesadilla.

Los métodos letales de Israel

En su larga introducción, con el objetivo de contextualizar los hechos sangrientos que se daban a un paso del Carmen, pasó a referirse a la brutalidad con la que en esos mismos instantes el ejército israelí disparaba contra la población civil palestina. Nuevamente, una desafortunada referencia, no solo por lo lejano de la observación, sino sobre todo, porque el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, acababa de afirmar en una entrevista a la CBS que “desgraciadamente, los métodos no letales no funcionan, no son eficaces”. Las fuerzas armadas israelíes mataban en esos días a decenas de jóvenes palestinos, casi al mismo tiempo que las fuerzas policiales y paramilitares de Nicaragua lo hacían con los jóvenes estudiantes. Los métodos letales de Netanyahu y Ortega, en lugar de resultar eficaces, han levantado aún más la población y el mundo contra ellos.

Y Rosario, ¿la madre de todos?

Por último, hay que destacar la breve intervención de la vicepresidenta y esposa Rosario Murillo. Fue después de exigir respeto y de expresar sentirse agredida por una de las mujeres presentes en la sala que le lanzaba fuertes acusaciones.

Fue entonces cuando quiso hablar como madre. Seguramente fue un lapsus monumental. Se comió la “s” del plural y no quiso decir lo que dijo cuando dijo: “Como madre de todos, tenemos que pensar en las nuevas generaciones”. Es posible que quisiera decir “como madres de todos, etc.”

Pero en realidad, si atendemos al tono de sus moniciones de todos los mediodías y de sus discursos es sin duda el de una madre que aconseja en todo momento, que instruye e informa. Sumemos a ello su estrategia de comunicación de grandes vallas con sus rostros gigantes, además de los árboles que han caído, el tipo de letra y los colores obsesivamente impuestos. Se podría deducir que es el reflejo de una creencia en que los cargos de gobierno no son un mandato político o una cuestión administrativa, sino que además confieren una misión paternal y maternal sobre un pueblo que es una sola familia de hijos y otros familiares. Dentro de esa especie de visión delirante, el nepotismo por tanto estaría justificado pues todo un país es su familia. Y cómo no, también la reelección sine die ante la que hay que eliminar el estorbo de la constitución y la asamblea.

No es la madre de todos, claro. No era eso lo que quería decir, porque no se puede errar así de manera consciente.

 

En este momento es mejor quedarse en silencio; dejar que las madres lloren y entierren a sus hijos en un país donde no tengan que morir por recuperar las palabras perdidas

No creo que les volvamos a ver frente a una realidad que no es la suya, en la que no parecen vivir y a la que no escuchan. Su mundo, el de ellos, se está cayendo a trozos. Todos los espejos donde se miraban se están quebrando. Buscan en otro lugar, en otro tiempo, palabras que les traicionan. Asisten a un funeral con la torpeza del que no sabe acercarse sino alargar el dolor con hechos y palabras torpes.

Buscan palabras como llaves para pasar de una realidad a otra sin salir manchados. Pero esas palabras (perdón, justicia, democracia, libertad) se les traban en la garganta. Y en momentos como este, es mejor quedarse en silencio y salir por donde se ha venido; dejar que las madres lloren y entierren a sus hijos en un país donde no tengan que morir por recuperar las palabras perdidas.

@sancho_mas