Nación

“Vamos a cerrar todo hasta que ellos se vayan”

La Managua bloqueada entre tranques y barricadas

Poco a poco se levantan adoquines en los barrios para formar barricadas, mientras en los límites de la ciudad se instalan más tranques



Las principales arterias viales de Managua permanecen trancadas. Barricadas de adoquines, custodiadas en su mayoría por grupos de civiles con mascarillas o camisetas en sus rostros, impiden el acceso vehicular por las avenidas más importantes de la ciudad. Los custodios, casi todos jóvenes, mantienen una firme posición: los tranques se van, cuando Daniel Ortega se vaya.

La congestionada Carretera a Masaya ha dejado de ser aquel lugar donde en las horas pico era casi intransitable. En el kilómetro 13 de esta vía, que conecta a la capital con varios departamentos del país, inician los tranques. Ramas y restos de árboles están puestos en la calle, en señal que a partir de aquí no hay acceso vehicular. Quien desee llegar hasta Masaya, debe caminar desde este punto. Cada vez el transporte interlocal es más ralo y los transeúntes que esperan en las paradas son menos.

Franklin Reyes espera en una de las paradas a lo largo de la carretera a Masaya junto a tres personas más. Son las 09:00 de la mañana de un sábado de junio. Cuenta que ya está jubilado, que va hasta La Concepción –un municipio de Masaya– y que está en la capital porque tuvo que hacer unas diligencias. A esta hora, espera “lo que salga”, sea una camioneta, un microbús o cualquier vehículo de cuatro ruedas que lo pueda acercar hasta su casa.

“Es parte del proceso que estamos viviendo y no podemos obviar. Hay algo que no está bien en Nicaragua y ni modo… Es un sacrificio que está haciendo la juventud. Yo apoyo, moralmente pues, porque no puedo andar en la calle. Considero que la lucha es justa, porque han habido muchas vidas jóvenes que se han perdido y es lamentable”, comenta Reyes mientras espera su ansiado transporte.

Tranque en el kilómetro 14 carretera a Masaya. Los pobladores deben caminar debido a los cierres totales. Foto: Carlos Herrera | Confidencial

Como él, muchas personas deben hacer el mismo trayecto hasta aquellos lados. Otros, como “María”, una mujer morena oriunda de Nindirí, se sienten cansados por las largas caminatas y por las pérdidas económicas que han sufrido. Ella, quien prefiere no darnos su nombre, afirma que desea que el conflicto se resuelva pronto. Viajó a Managua porque en su ciudad “todo está cerrado”. Los bancos no están abiertos y los supermercados están escasos. “María” ve las pulperías locales como la opción más viable en estos tiempos de crisis, pero de igual manera, teme que pronto se queden sin abastecimiento.

“Viera usted cómo me duele ver mi ciudad como está. Todo está destruído. Todo está cerrado. Me ha dolido ver cómo me la han dejado”, dice la ciudadana que camina mientras esquiva ramas de árboles y se adentra a las barricadas que impiden el acceso vehícular.

El tranque en carretera a Masaya

El tranque en Ticuantepe comienza el bloqueo de Managua hacia la región suroriente. Es un punto clave para llegar a Masaya desde Managua. Se instaló desde el 6 de junio y su motivo principal es impedir el acceso de antimotines y paramilitares hacia Masaya, Granada y Rivas. Este cerco inicia desde el kilómetro 13 y se extiende hasta el 14.5, uno de los límites de la capital.

Una de las mujeres que resguardan la zona, pregunta a través de un grito si todos desayunaron. Los hombres, en su mayoría jóvenes, responden que sí. Los desayunos, los almuerzos y las cenas son elaborados por mujeres, gracias a los víveres que llevan los pobladores. Las personas que pasan por este tranque son revisados por un grupo de autoconvocados que tienen asignada esta labor. Revisan mochilas y bolsos con amabilidad y luego los dejan pasar. Algunas mujeres, después de la revisión, los bendicen y otras lloran.

El tranque en carretera a Masaya tiene el fin de asegurar las vías que conducen a Masaya. Foto: Carlos Herrera | Confidencial

En la rotonda de Ticuantepe, está “la China”. Lo único que se observa en su rostro son sus ojos oscuros y brillantes. La China no anda con cuentos. Te detiene si te ve raro y te pregunta quién te mandó y a qué venís. No se confía ni de los periodistas. Pero en seguida, cuando le explicás tu visita, baja la guardia.

La China aprovecha para contar a los medios sobre una avioneta sospechosa que ha sobrevolado en baja altura por la zona. “Yo más o menos logré contabilizar como ocho vuelos durante todo el día”, cuenta. “Nos tuvimos que esconder bajo las casetas, porque nos dio miedo que nos rafaguearan”. La avioneta, según la China, era de color verde olivo. Sospecha que andaba haciendo labores de vigilancia. En Masaya, hace algunos días, los pobladores también afirmaron que se observaban avionetas sobrevolando la ciudad.

Hoy han retenido a cinco sujetos que fueron capturados por los miembros del tranque y son señalados como fuerzas de choque que manda el Gobierno de Daniel Ortega. Al lugar llegaron delegados de la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH) junto al sacerdote Edwin Román, un cura considerado por muchos como un “héroe” para Masaya, debido a su labor humanitaria en esa ciudad. La China les explica la situación y antes de entregarle a los presos, pide la bendición del cura. El padre Román dibuja en la frente de la joven la señal de la cruz, y luego la China saca debajo de su camisa un rosario. “Esto me lo dieron ayer, padre”. El cura murmura una oración y lo bendice.

Mientras tanto, los sujetos capturados son entregados a los delegados, quienes afirman que el proceso será dejarlos en un lugar seguro donde no peligren sus vidas. Los cinco hombres son custodiados por el cura y los defensores de derechos humanos hasta la salida del tranque, mientras los pobladores les gritan “¡asesinos!” y que “nunca vuelvan aquí”.

La China se pierde entre la multitud mientras habla con los demás hombres del tranque y coordina. Sus compañeras no quieren afirmar que ella sea una líder, porque “eso acarrea muchas responsabilidades”. En los tranques, hay coordinación, pero no existen “líderes”.

“El gigante UNAN”

Después de la masacre del Día de las Madres —el 30 de mayo—, las calles han estado en silencio. A partir de las cinco de la tarde, la mayoría de los ciudadanos de Managua se dirigen a sus casas por temor a ser las víctimas de lo que muchos usuarios en las redes sociales llaman “toque de queda de facto”. La lucha cívica se ha replegado a las barricadas de adoquín que han levantado pobladores en sus barrios como un mecanismo de defensa.

Managua tranques
Las vías que conducen a la UNAN-Managua permanecen fuertemente cercados desde el 7 de junio. Foto: Elmer Rivas | Confidencial

En el perímetro de la UNAN-Managua, uno de los recintos universitarios donde los estudiantes permanecen atrincherados, el cerco está reforzado y las barricadas levantadas. Estas medidas se tomaron a raíz de un ataque por parte de grupos paramilitares orteguistas el pasado 7 de junio, donde murió Chester Javier Chavarría, de 19 años, mientras era trasladado al Hospital Vivian Pellas.

No solo se ha cerrado en su totalidad el perímetro de la UNAN, también se han levantado el recelo de los atrincherados. Los jóvenes en las barricadas mantienen vigilancia constante. El pánico producido por las largas noches de desvelo y el terror frente a las balas de los paramilitares, los ha llevado a tomar medidas extremas de seguridad.

La resistencia de los barrios

Para “el Negro”, los tranques y las barricadas son los nuevos focos de resistencia. Es un tipo de piel morena, como su mote lo afirma, alto y de hablar amable. Está en el tranque de la Pista La Sabana desde el 20 de abril. Antes era un barricada que se alzaba por las noches y durante las mañanas dejaba la libre circulación. Ahora permanece totalmente cerrado. Detrás de esta primera barricada donde está el Negro sentado, comiendo pizza con una docena de jóvenes, le siguen más cercos de adoquín, cada uno con la bandera de Nicaragua. Solo ciertos vehículos tienen acceso libre con previa revisión: camiones que dan abasto a los supermercados de la zona. “No queremos quedarnos sin alimentos”, afirma el Negro.

Managua tranques
Rubenia es una de las principales vías de la capital que permanece trancada por barricadas. Foto: Elmer Rivas | Confidencial

La bandera de Nicaragua colocada como emblema en cada barricada es para este grupo de ciudadanos autoconvocados algo simbólico. “Eso es patria hermano. Por años nos dejamos pisotear por la rojinegra, pero la rojinegra no nos identifica y con esa bandera ahí (la de Nicaragua) se lo estamos recordando a toda la población, para dejar en claro que nosotros nos cobijamos con esa bandera”, exclama el Negro.

Los pobladores de Rubenia fueron de los primeros barrios que salió a las calles con cazuelas. Por las noches, según el Negro, en esta zona se realizaban manifestaciones cívicas en demanda al cese de la represión policial. Era muy común que los vecinos salieran a las calles a cantar el Himno Nacional y a sonar sus cacerolas. Hoy, esto es impensable, por el temor que han generado los asaltos y el “toque de queda de facto” impuesto en las noches. Por esta razón, las barricadas son la única herramienta para defender a la población. Así lo cree el Negro.

No solo por estos lados de Managua se mantiene la misma dinámica. Otro sector donde hay barricadas es en el barrio Edgar Munguía y el Casimiro Sotelo. Los vecinos afirman no saber con exactitud quienes la levantaron. Presumen que fueron los estudiantes. Ninguno de ellos admite haber colocado los adoquines. “Aparecieron ayer”, dice una señora. “Hay gente que es desconocida, no son del mismo barrio”, agrega. No obstante, a pesar de la “tensión”, la pobladora reitera que “si es algo que vale pena, cualquiera lo puede soportar”.

Los comerciantes que tienen negocios en la zona cuentan que las ventas han bajado considerablemente. Fritangas que cerraban a las 12 de la noche dejan de ofrecer comida a partir de las 05:00 de la tarde. Talleres de reparación de electrodomésticos casi no reciben televisores o refrigeradas para reparar. Pese a este “sacrificio”, admiten apoyar la resistencia civil en las calles.

“Si me mataran a uno de mis hijos, yo sería la primera en ponerme frente a estas barricadas”, exclama una comerciante del barrio Edgar Munguía. Por las calles de esta zona, donde hace unos días estaban habilitados cuatro carriles y una marginal, hoy hay un laberinto de adoquines donde solo los conductores más osados (o urgidos) se avientan a cruzar.

“Daniel se va”, el grito de las barricadas

Chuleta, Mecha y Cheetah llevan toda la mañana en la barricada de la Pista Solidaridad, en los semáforos de Villa Progreso. Almuerzan juntos un plato de comida que la población les ha llevado. A cada momento, los transeúntes pasan y les dicen “qué pasó, qué pasó, cómo va todo”, como forma de saludo. Las señoras se detienen un momento y le dan una bendición: “qué Dios los bendiga muchachos”, exclama una pobladora.

managua tranques
El resguardo en las barricadas de los semáforos de Villa Libertad es para “proteger” a los barrios de la zona. Las barricadas permanecerán hasta que se vaya Daniel Ortega. Foto: Elmer Rivas | Confidencial

Mecha es el más joven de todos. “Ya perdimos el miedo. Con este maje (Daniel Ortega) perdimos”, es la única frase que ha dicho. Es callado y carga un mortero en su mano. Las miradas de ambos denotan cansancio. Las bolsas de sus ojeras están infladas debido a desvelos acumulados. Por las noches, cuando los llamados escuadrones de la muerte salen a las calles, todos los sentidos se agudizan.

La barricada está erguida desde el 21 de abril. Fue levantada por la seguridad de la población, afirma el Chuleta. Al principio recibían “tratadas” de las personas y los vehículos que pasaban. Ellos intentaban de explicar, con esa voz pausada y amable que tiene el Chuleta, que estaban ahí por seguridad. “La gente no entiende”, dice con calma. “Nosotros tratamos de hacer con estos tranques que el dizque presidente se salga de la presidencia, igual que su compañera Rosario. Que se salgan de la presidencia porque ya no los aguantamos más. Ya hay demasiado heridos, demasiados muertos”, afirma.

Las filas de barricadas se extienden hasta la Rotonda La Virgen, con el fin de evitar que la Policía Nacional y los paramilitares pasen “rafagueando”. Esa rotonda era uno de los puntos urbanos más concurridos de Managua. Los vecinos de la zona salían por las tardes a caminar y realizar ejercicio. Hoy es uno de los lugares más desolados y también peligrosos. Los robos con intimidación suceden incluso en el día.

Mientras el equipo de Confidencial hacía este recorrido, una camioneta con sujetos armados de pistolas detuvieron una de los vehículo, le robaron las pertenencias al conductor y salieron huyendo. Todo esto sucedió en menos de un minuto.

No obstante, del lado donde está la barricada del Chuleta, Mecha y Cheetah, hay movimiento constante. “Más que todo nosotros estamos protegiendo nuestro barrio”, dice el Chuleta.

El sentir es el mismo en la mayoría de los tranques y barricadas que tienen cercada a la capital: “Vamos a cerrar todo hasta que ellos se vayan”. A pesar de las distancias y de los motivos, la China, el Negro, Mecha, el Chuleta y Cheetah coinciden en esto.