Confidencial

“La migración no es tema de agenda conjunta”

La crisis desatada en Sistema de Integración Centroamericana (SICA) tras el rechazo del gobierno de Daniel Ortega de permitir el paso de migrantes cubanos que aspiraban llegar a Estados Unidos cruzando la región, ha demostrado la incapacidad de los gobiernos centroamericanos de sentar una posición conjunta en el tema de la migración, principalmente en acordar una política regional de apoyo a los millones de centroamericanos que viven o intentar llegar a EE.UU., afirma Pedro Caldentey, experto en integración centroamericana.

“No es lógico que Centroamérica no haya aprovechado el SICA para intentar fijar posiciones comunes sobre migración, no sólo la de los cubanos, sino la de los centroamericanos que migran dentro de la región y a Estados Unidos”, asegura Caldentey, quien trabajó como asesor del Fondo España-SICA. Para el experto, que conoce bien el funcionamiento del órgano regional, “no hay manera” de que los países puedan alcanzar un acuerdo sobre este tema, critica que mantengan posiciones “cortoplacistas” y que cada uno decida negociar por su cuenta con Estados Unidos.

Caldentey asegura que la crisis no demuestra la ineficiencia del SICA, si no la incapacidad de los gobiernos centroamericanos de tratar un tema que debería ser prioridad en la agenda de la región. “Si los países hubiesen visto con claridad en su momento que la migración era un tema que exige acción conjunta para ser más capaces, y hubiesen tenido algunos instrumentos, esto (crisis de migrantes cubanos) lo podrían haber resuelto bien. Pero este no es un tema que haya estado en la agenda, no he oído a muchos países reclamando que se actúe conjuntamente”, asegura en esta entrevista vía Skype desde España, donde reside actualmente.

¿Qué impacto tendrá la salida de Costa Rica de la mesa de negociaciones políticas del SICA en el proyecto de integración centroamericana, que ha costado años y dinero sacar adelante?

Es un gesto muy fuerte e inusual que, aunque no tuvo la misma importancia, remite a episodios como los que se produjeron durante la guerra de El Salvador y Honduras, cuando también hubo una cosa que en la literatura sobre el SICA se llamó la ruptura del “Status quo”. Me parece que el Presidente y el Canciller de Costa Rica matizaron mucho la decisión que tomaron, es decir, que explicaron que esta no era una retirada del SICA, que estaba sujeta a una crisis específica, que era la de los migrantes cubanos, y a la falta de respuesta de sus socios. Pero en cualquier caso es un gesto importante y el Canciller sigue diciendo que no se van a incorporar aunque haya una solución parcial a la crisis.

¿Esta decisión de Costa Rica podría afectar el proceso de integración?

Creo que no. El Gobierno de Costa Rica insistió mucho que en todos los ámbitos iba a participar con normalidad, todas las áreas de contenido más técnico que están ligadas a recursos de la cooperación internacional se mantendrán. Las cumbres y consejos se podrían realizar sin la asistencia de Costa Rica, aunque les restaría legitimidad. Creo que no es un problema que se haga grave, pero exige solución. Sí sería grave si se prolonga mucho en el tiempo.

¿Cuál debería ser la posición de Nicaragua y Costa Rica ahora en este tema tras el final de esta crisis migratoria?

El caso es que Nicaragua y Costa Rica en los últimos años —porque no siempre ha sido así— tienen una cierta voluntad de no entenderse y han trasladado eso al ámbito de la integración centroamericana, donde es más fácil hacer explícita esa tensión. Centroamérica siempre desafía la imaginación y encontrarnos ahora con una crisis de migrantes cubanos era insospechado. Lo normal en esta situación tan atípica hubiese sido que Nicaragua mantuviese la postura que han tenido al parecer todos los implicados antes de este momento, de dejar pasar a los migrantes cubanos. La crisis se produce cuando Nicaragua decide interrumpir ese flujo anormal de migrantes cubanos. Lo lógico es que no hubiese pasado. Lo que no es tan lógico es que Centroamérica no haya aprovechado el SICA para intentar fijar posiciones comunes sobre migración, no sólo la de los cubanos, sino la de los centroamericanos que migran dentro de la región y a Estados Unidos.

Que debería ser un tema de prioridad en la agenda común de la región.

Este es un ejemplo extraordinario de cómo en los gobiernos se imponen posiciones un poco cortoplacistas y los países creen que les va a ir mejor en la negociación con Estados Unidos por separado, cuando no hay ninguna evidencia en estos últimos años de que esto sea así. El sobresalto que se ha producido ahora por las deportaciones tiene más que ver con los nervios del Partido Demócrata por el efecto que puede tener eso en sus elecciones que por la reacción de los gobiernos. Nicaragua, El Salvador, Honduras, Guatemala juntos ante Estados Unidos podrían mejorar su posición negociadora. Pero no lo ven así. No hay manera.

¿Cree que se deberían reformar las competencias del SICA para enfrentar en un futuro de mejor manera crisis como esta de los migrantes cubanos?

En este caso si los países hubiesen visto con claridad en su momento que la migración era un tema que exige acción conjunta para ser más capaces, y hubiesen tenido algunos instrumentos, esto lo podrían haber resuelto bien. Pero este no es un tema que haya estado en la agenda, no he oído a muchos países reclamando que se actúe conjuntamente. Se ha hablado de consulados conjuntos para atender a los ciudadanos, pero ningún país lidera la necesidad de trabajar conjuntamente. Lo que sí es frustrante es que ante un problema como éste —aunque no sea competencia del SICA— los líderes centroamericanos no sean capaces de encontrar una solución. Nicaragua tiene derecho a no dejar pasar a los migrantes, otra cosa es que eso sea coherente. Los países tienen derecho a decir que no a la integración. Pero lo que Costa Rica reclamaba era el desplante de que se bloqueaba la decisión, de que además no se aceptaba que en la declaración hubiese ninguna palabra que diera salida a posibles soluciones, cuando además el presidente Luis Guillermo Solís había estado circulando por la región. Creo que su reacción fue normal ante la sensación de desplante que tenían.

¿Cree que se pueda superar esta situación y que vuelva a la normalidad el diálogo en el marco del SICA?

Estoy sorprendido gratamente. Si hubiésemos hablado en diciembre, justo después de la cumbre, no hubiese previsto que México, Honduras, El Salvador, Guatemala y Costa Rica habrían tomado decisiones para desbloquear el asunto. Me parece que es estupendo que México haya dado opciones. La respuesta inicial me parece ya muy positiva. Lo que no sé es si Costa Rica, una vez que hizo este gesto tan visible, aprovechará para replantear algunas cosas. Me parece que el conflicto dentro del SICA no es sinónimo de mal funcionamiento. Lo que hace la integración es gestionar conflictos, es una gestión de intereses que a veces coinciden y a veces chocan.

¿Es eficiente el SICA?

El sistema de la integración centroamericana, sin que funcione bien, es el que mejor funciona en América Latina. Tiene más fuerza que el Mercosur y la Comunidad Andina. Ha llegado mucho más lejos que ellos y que el Caricom. Me parece que la integración centroamericana ha llegado más lejos que otras y está más presente en los intereses de todos los actores centroamericanos, porque tiene más sentido, porque los países de la región son muy pequeños. Los centroamericanos podrían cerrar el SICA, pero tendrían que abrir otro proceso de integración al día siguiente. Me parece que todos los países centroamericanos, todos los gobiernos, quieren la integración. No es problema de voluntad política, sino de capacidad. Es verdad que se le pueden hacer muchos señalamientos de ineficacia al SICA, pero a veces son parecidos a los que se hacen a los estados centroamericanos en sus políticas nacionales. Lo cierto es que en el SICA hay una serie de temas sobre los que se trabaja sin instrumentos y eso complica mucho la percepción que los ciudadanos tienen del SICA.